PHILIP ROTH: EL ESCRITOR NO CÓMPLICE

Interesantísima la entrevista a Philip Roth (Newark, Nueva Jersey, 1933) que publica la Revista Ñ de Argentina:

Philip Roth: políticamente incorrecto

(Y hablando de Argentina y haciendo un paréntesis debo referir que me volví a quedar extasiado con las imágenes de un partido de tenis después de mucho tiempo. Gracias a un tenista de nombre zoológico, Juan Martín del Potro, que ya muchos comparan con el gran Willy Vilas, un nombre seguramente desconocido para las nuevas generaciones y de quien baste decir que en su gran año, 1977, ganó 16 de los 31 torneos en los que participó y que aún ostenta la marca de 46 victorias consecutivas en el deporte otrora blanco.)

(Tiene otro récord interesante sobre las llamadas canchas lentas: desde julio hasta septiembre de ese mismo año se mantuvo invicto en 53 partidos. Nadal rompió la marca recién 29 años después pero Vilas lo hizo en una sola temporada, mientras que el español necesitó tres años para lo mismo.)

Volviendo al poder de las palabras.

Como en todas sus entrevistas, Roth, otro perenne candidato al Nobel como Vargas, se permite desde dar clases de literatura y crítica literaria -pasando por burlarse de sí mismo y de su país- hasta ser políticamente incorrecto con un pueblo históricamente sufrido e hipersensible a las críticas, el judío, el pueblo de sus antepasados más directos.

Respecto a la creación literaria, Roth, quien también sirvió en el ejército de su país en 1955-56, refiere que escribe instintivamente y a partir de una situación conflictiva del futuro personaje, para la cual no está preparado:

“Pero eso es la invención. Yo nunca me trazo un argumento de principio a fin, me dejo llevar por el envión, me sumerjo. No podría decirle por dónde comienzo; si lo supiera no seguiría siendo tan difícil. ¡Cada vez empiezo de cero! Tengo una noción de cierto personaje en una situación complicada. Cada narración surge de un personaje en una situación inédita para la que no está preparado. La clave al escribir es encontrar, sin un plan, por puro instinto.”

También asegura que no le hace mucho caso a los críticos y que, durante el proceso creativo, no se propone defender ninguna idea especial:

“En la vida a menudo tengo opiniones estúpidas como cualquiera pero mientras escribo no tomo posición: ataco la tarea, describo lo que veo. Aprendí que no hay que atender a cualquier crítica porque, ya sabe, el lector toma una novela y la usa para sus fines personales.”

El autor más premiado de su generación, de quien se dice que su esposa de entonces, la actriz Clarice Bloom, lo dejó tras leer por casualidad el manuscrito de su novela Deception (Engaño, 1990), se expresa así sobre su fama de escritor incómodo e iconoclasta:

“No me gustan las etiquetas; puedo decirle que escribo para romper etiquetas. Un buen libro es una caja con estereotipos rotos.”

Sobre Faulkner, refiere la gran paradoja de los que, procurando evadirse de sus orígenes, terminan dedicando una vida y una obra a conjurarlos:

“Te críes dónde te críes, vas a estar impregnado de tu región. Hay autores que intentaron escapar a los límites de esos pequeños mundos y pasaron el resto de sus vidas evocándolos.”

Me ha llamado particularmente la atención que llame a Faulkner provinciano de una manera abierta y no exenta de admiración:

“El mayor narrador de la literatura de mi país escribió toda su obra sobre Jefferson County, ¡un solo condado de Mississippi! Faulkner escribía sobre la aristocracia decadente, los negros de Mississippi o el idiota del pueblo. ¿Sabe qué dijo cuando lo invitaron al agasajo en la Casa Blanca en su honor? ‘Demasiado lejos sólo para una cena.'”

La crudeza de la visión sobre su propio país es fascinante, esa su capacidad para ver sin obnubilarse ni dejarse corromper por la fama y los premios ganados en él, sin que se turbe su mirada crítica y cruda ante el esqueleto de la verdad histórica:

“¿Sabe cuál es el movimiento social más importante de los EE.UU.? Alcohólicos Anónimos. La corrupción ha sido grave históricamente; piense en el negocio de los esclavos y en la conquista del Oeste. EE.UU. no se hizo con salmos sino matando indios. Entre la corrupción histórica, el capitalismo y las finanzas hay un hilo conductor.”

Leyendo las palabras de Roth, he tenido que pensar en nuestra gran capacidad humana para mirar a otro lado y olvidar (y recordar) de acuerdo a nuestra conveniencia.

Para maquillar el pasado, nuestros actos.

Como si nuestros mecanismos de supervivencia incluyeran un dispositivo que nos permitiera olvidar pronto todo lo malo y terrible, en beneficio de nuestra salud mental futura.

Ese pasar apresurado y discreto de página de corruptos y tiranos, de demócratas asustados y gente de bien sobrepasada por las circunstancias.

Dispositivo o mecanismo que acaso emparenta la prehistórica visión de la familia que se pierde completa por un mamut o tragada por la Tierra, con los terribles casos de las dictaduras del planeta o las imágenes de las torturas y otras barbaridades de democracias como EEUU o Israel.

Es difícil admirar a un escritor por su obra y sufrir su persona pública o sus particulares opiniones, especialmente las políticas. No me sucede con Vargas, por ejemplo.

Roth se lo merece por ser un escritor no cómplice.

De los que saben desconectar el dispositivo mencionado para no enturbiar su juicio ni su cosmovisión crítica.

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HjorgeV 17-09-2009

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