EL GRAN VILAS

Como de niño me interesaba en las mañanas por el fútbol, en las tardes por más fútbol, pero eso sí, al anochecer también por el fútbol, me perdí al gran Vilas.

Un amigo del barrio conocido como esnob trataba de mantenerme al tanto de las hazañas del argentino que popularizó el tenis en su país, pero su entusiasmo por ese deporte me dejaba tan frío como a un cubano el tema de adonde ir a esquiar.

(Algo de cubano debo tener, siendo yo solo peruano, porque a mí ese tema –relativamente común entre los alemanes acá- me deja helado.)

Resumiendo el gran año de su carrera, 1977, Vilas declaró a El Gráfico en septiembre de 1978 el siguiente bombón:

“Lo que hice el año pasado es una grosería. Ganar 57 partidos seguidos en polvo de ladrillo, y 85 partidos de los 87 jugados, con 16 torneos ganados, sobre 31, es una barbaridad que no voy a volver a repetir en mi carrera, ni creo que en mucho tiempo alguien lo pueda igualar.”

Sin embargo, aunque sea cierta la grosería, solo se le reconoce oficialmente la marca todavía vigente de 46 partidos seguidos sin perder (50, teniendo en cuenta el torneo de Rye, no reconocido por la ATP).

Ese mismo año de 1977 estableció otra marca que recién 29 años después pudo romper Rafael Nadal: 53 partidos invicto sobre las llamadas pistas o canchas lentas.

¿La diferencia?

El español necesitó tres años para lo que Vilas había necesitado solo tres meses, de julio a septiembre.

Sobre ese su mejor año, en el que derrotó a Jimmy Connors y nadie menos que Björn Borg fue tercero, declaró a la revista Gente el 8 de septiembre de 1988:

“Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número uno en 1977. Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular: yo deseaba que terminase rápido.”

Sin embargo, había sido oficialmente el Nº2 según la ATP, no el primero.

(Eso sí, la revista World Tennis, la referencia mundial en ese entonces, lo consideró como Nº1 y el campeón mundial de ese año.

Y, curiosamente, de haberse calculado su posición de acuerdo al sistema actual de clasificación, habría salido efectivamente como el Nº1.)

Si a Vilas se debe la masificación del tenis en su país (antes era considerado un deporte “flojito”), tiene que haber sido a partir de su triunfo ante el rumano Ilie Nǎstase en la final del Masters de Australia en diciembre de 1974 en Melbourne.

Un zurdo sudamericano, de cabello largo sujeto por una vincha, que había abandonado los sueños de ser abogado para entregarse al tenis, le acababa de ganar al vencedor de la misma prueba de los tres años anteriores, 1971, 1972 y 1973.

Pero no todo en Vilas era solo talento.

Su preparador físico y profesor, Juan Carlos Belfonte, después de preguntarle qué quería del tenis (su respuesta: “Ser de los buenos, campeón”) lo tuvo tres años haciendo músculos contra la pared (jugando frontón) “sin jugar en cancha”, según sus propias declaraciones.

Como jugador profesional, Vilas era tan desconfiado que si alguna vez tenía que ir al retrete, cuando volvía pedía una botella nueva de refresco.

También ha contado alguna vez su especial relación con otro grande de la historia del tenis, el sueco Björn Borg, el ganador del doblete Roland Garros y Wimbledon durante tres años seguidos.

En una oportunidad, tras una final con Vilas, el sueco, sintiéndose traicionado tras haber entrenado con el marplatense, le reprochó:

-Me rompiste el corazón.

-¿Y qué somos? –le respondió Vilas-. ¿Novios?

En otra oportunidad (Borg acababa de ganar su quinto Wimbledon) Vilas le escribió una carta que luego no se atrevió a enviársela.

La casualidad del destino los volvió a reunir en la casa de un amigo común en Nueva York poco tiempo después.

-Mira yo tengo que decirte algo. Te lo tengo que decir –le confesó Willy, pensando darle personalmente en ese momento la carta que aún guardaba. Luego de tomar valor, agregó, emocionado:

-Yo te escribí una carta.

-¡Ah, la recibí! ¡Muchas gracias! –exclamó Borg, verdaderamente agradecido.

Vilas perteneció a una especial generación de tenistas, divertidos y bohemios, y con pasatiempos como la música y la poesía.

(Antes de ser mundialmente famoso, ya había publicado el libro de poemas 125 en 1974 y, tras su gran época, publicó Cosecha de cuatro en 1981, aparte de tres discos propios.)

-Los de ahora también se divierten, pero distinto –ha dicho en una entrevista-. Tienen otras historias. Se compran tres Lamborghini...

En otra parte de la misma entrevista se declara tímido y cuenta anécdotas con Yannick Noah, con el que solía entrenar en París y al que lo unía, además, la música.

Para concluir, transcribo una frase terrible de esa misma entrevista en la que muestra lo divertido que es como contador de historias y anécdotas:

“En el tenis vivís culpándote.”

Filosofía pura del gran Vilas si la aplicamos a la vida.

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HjorgeV 19-09-2009

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