EL HOMBRE LÁSER (I)

El 2 de agosto de 1991, en la estación de metro Gärdet de Estocolmo, un estudiante de antropología de Eritrea recibe un disparo en la espalda .

Antes de escuchar la detonación, dos amigos de la víctima aseguran haber visto un círculo de luz roja dibujarse sobre su ropa.

El 21 de octubre del mismo año, en otro barrio de Estocolmo, le sucede algo parecido a Shahram Khosravi, un estudiante iraní de antropología de 25 años, quien es baleado en el rostro.

Apenas seis días después, el 27 de ese mes, en otro lugar de la capital sueca, un vagabundo de origen griego encaja dos balazos en el estómago.

Antes de oír los disparos, ha visto una luz roja y brillante.

Cinco días después, el 1 de noviembre, en la cocina de un restaurante holmiense (Holmia es el nombre de Estocolmo en latín) es tiroteado un joven músico en la cabeza y en el estómago.

Se trata de Heberson Vieira Da Costa, un músico brasileño, quien a pesar de sus heridas puede dar a la policía una clara descripción del agresor y refiere haber visto una luz roja antes de los disparos.

La prensa sueca empieza a hablar del Hombre Láser.

Estamos a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado. Suecia vive convulsionada por un clima xenófobo y racista.

Cinco años atrás, en febrero de 1986, ha sido asesinado Olaf Palme, Primer Ministro sueco, líder socialdemócrata y abierto enemigo de las desigualdades económicas y de la segregación racial.

Un desconocido le disparó a quemarropa en plena vía pública, cuando regresaba a casa caminando, acompañado de su esposa tras una visita al cine.

El caso sigue sin resolverse.

La actividad del Hombre Láser continúa.

El 7 de noviembre de 1991, es tiroteado en Estocolmo Jimmy Ranjbar, un estudiante iraní, quien muere al día siguiente.

La prensa se concentra aún más en el Hombre Láser, es su primera víctima mortal. La policía tantea en la oscuridad.

Todas las víctimas tienen el cabello negro o muy oscuro y son extranjeros.

Entonces, transcurren más de dos meses sin que nada suceda.

Hasta que el 22 de enero de 1992, esta vez en Uppsala –a 80 km al norte de Estocolmo-, un desconocido se dirige a una pareja y le dispara al hombre en la cabeza.

La víctima, Erik Bongcam-Rudloff, un estudiante de medicina de la Universidad de Uppsala nacido en Chile (una gran cantidad de chilenos que huían de la dictadura de Pinochet encontraron refugio en Suecia), consigue sobrevivir.

Apenas al día siguiente, 23 de enero, se producen en Estocolmo dos nuevos atentados de características similares.

A plena luz del día, un chofer de autobús originario de Zimbabue, resiste un disparo en el pecho, logrando sobrevivir.

La noche de ese mismo día, el Hombre Láser vuelve a atacar en un club somalí del centro de Estocolmo, disparando contra dos hombres que consiguen salvar la vida.

Cinco días después, el 28 de enero, lo hace en Djursholm, una población a seis kilómetros de la capital sueca. Isa Aybar, un inmigrante turco dependiente de un quiosco, recibe cuatro disparos en la cabeza y en un brazo.

Gravemente herido, alcanza a llamar a la policía. Supervive.

Dos días más tarde, el 30 de enero de 1992, el Hombre Láser ataca por última vez en la estación de metro holmiense de Hägerstensåsen.

El dueño del quiosco, un inmigrante, queda paralítico a consecuencia del disparo recibido en la cabeza.

La policía, basándose en las declaraciones de las víctimas, ha difundido un retrato robot del agresor: es pelirrojo, tiene ojos azules y usa anteojos o gafas.

Salvo eso, los investigadores continúan tanteando en la oscuridad.

Hasta que se topan con una coincidencia: un automóvil blanco que ha sido visto cerca del lugar de los atentados del 22 y del 23 de enero.

Los investigadores se concentran en los propietarios de vehículos de la marca Nissan modelo Micra SLX del color mencionado.

Uno de ellos resulta ser una empresa de alquiler de vehículos, la que entrega a la policía el nombre de la persona que lo ha arrendado en esas fechas.

Al querer ponerse en contacto con ella, siguiendo el trabajo de rutina, la policía descubre que la dirección y el teléfono dados son inconsistentes.

El 25 de febrero, sin tener otra opción por el momento, los investigadores envían una orden de comparecencia a un apartado de correos del cual se sospecha que sí es usado por la persona en cuestión.

Se trata de John W. A. Ausonius, antes John W. A. Stannermann y mucho antes, Wolfgang Alexander John Zaugg (ha alterado su nombre dos veces), hijo de un inmigrante suizo y de una inmigrante alemana, nacido en la ciudad sueca de Lidingö en 1953.

Es un conocido de la policía por diversos delitos y por una estadía en prisión, aunque sus rasgos fisonómicos no coinciden con los difundidos públicamente.

Ausonius tiene el cabello negro y los ojos oscuros.

Sin embargo, uno de los investigadores del caso, quien también ha participado en las investigaciones del asesinato del Primer Ministro Palme, recuerda haber visto el nombre en la lista inicial de sospechosos.

Ausonius fue tachado de ella porque la noche del crimen se encontraba purgando una condena en la cárcel de Kumla, con lo cual había tenido una coartada perfecta.

Al seguirle, empero, la pista al sospechoso, la policía encuentra que se trata de un cliente habitual de una serie de casas de empeño y se da de narices con la segunda gran coincidencia.

En los últimos tiempos han sido asaltados 17 bancos por un desconocido que se desplaza en bicicleta, noticia que ha pasado a segundo plano debido a los titulares sobre el Hombre Láser.

Se trata del segundo mayor trabajo investigatorio, la segunda mayor “caza del hombre” de la historia policial sueca después del caso Palme.

¿Cuál es la coincidencia?

Tras cada asalto, Ausonius ha recuperado sus pertenencias de alguna de las casas de empeño.

¿El responsable de los tiroteos y el asaltante de bancos son una misma persona?

La policía quiere estrechar el lazo, pero ignora que su principal sospechoso se encuentra fuera del país, en Sudáfrica.

Al regresar en mayo a Suecia, nuestro hombre comete un grave error.

Desconociendo que la policía le sigue de cerca los pasos, se confía y vacía su apartado postal, permitiéndole saber que ha regresado.

El resto es un procedimiento más o menos sencillo, coronado de mucha suerte.

Aunque se desconoce su domicilio y su paradero, sí se sabe en cambio que Ausonius es un asiduo de una tienda de alquiler de videos.

La policía decide conservar la paciencia y mantiene el lugar bajo observación.

Hasta que avista a nuestro hombre y pasa a enterarse, así, del domicilio de su domicilio.

El final se acerca. Lo que viene es de ficción. Pero esta es una historia real.

Al día siguiente, el 12 de junio de 1992, la policía, continuando con su observación, se prepara para detenerlo.

Ve salir a Ausonius de su casa y tomar su biciclea y dirigirse a Södermalm, un barrio céntrico de Estocolmo. Se le ve nervioso.

Los investigadores deciden esperar. La tensión aumenta.

En la calle Hornsgatan, al acercarse al banco Handelsbanken, Ausonius deja su bicicleta oculta en una entrada y se cambia de ropa.

Luego ingresa al establecimiento bancario y lo asalta.

Se trata de su decimoctavo atraco a un banco. Y también de su último.

..

$…..

Continúa…

HjorgeV 18-10-2009

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