YAN LIANKE: EL SUEÑO DE MI ABUELO

Me fascina la gente que sabe mucho sobre la vida.

Sobre todo, esa que no duda en insuflarte con cierta exquisitez su bendito saber sin que se lo hayas pedido.

Esa gente, se detiene lo justo en tus logros (para que no vayas a creer que no te aprecia, pero espérate), y luego pasa con prisa inhumana a lo que los alienta y les permite respirar hondo de cara al futuro.

A saber, cómo deberías llevar tu vida, cómo mejorarla, qué deberías hacer para ser finalmente feliz y exitoso. Sobre todo, lo último.

Conozco a varias personas así.

Por lo general, se trata de divorciados, gente que se pasa la vida buscando la pareja ideal, solteros empedernidos, personas que no saben qué hacer con su dinero ni su futuro, o de gente que, viviendo en compañía, no parece soportarla un día más.

Por suerte para esa gente, estás tú.

Tú y tu vida, tan diferentes de lo que se imagina para ti.

Tú estás para clavarte sus consejos.

Para hacerte escuchar sus geniales planes (con tu vida).

He recordado a esa gente leyendo sobre un autor chino a quien se le negó la salida de su país para poder asistir a la reciente Feria de Fráncfort.

(Como el chino en cuestión no es cubano, el pobre, el asunto pasó sin mucha pena ni gloria por los medios de comunicación.)

El gobierno chino se porta con Yan Lianke como la gente de arriba: le indica cómo tiene que vivir.

Como la vida de Yan Lianke es la escritura, el Estado le quiere señalar cómo tiene que escribir.

Lianke es rebelde, empero. O singular.

Escribe lo que quiere.

Aunque eso le cueste perderse un viaje a Fráncfort, con todas las de ley (léase ‘comodidades’), se entiende.

Y parece ser un autor interesantísimo.

No he leído una sola línea de su obra.

(Esta bitácora podría hacerse famosa por comentar libros aún no leídos. De hecho, ya he comentado libros que no había terminado de leer o apenas había empezado.) (Mi pequeño y particular aporte a la innovación en la economía de mercado.)

Yan Lianke (Henan, China, 1958) dejó la escuela a los 16, escapando del hambre de su familia, y se dedicó a trabajar como jornalero migrante.

A los 20 entra al ejército y se inicia para él una nueva vida, como salida de la nada: la de escritor a sueldo del Estado.

Sin poder creérselo, escribe de todo -panfletos, volantes, propaganda, programas culturales, noticias- y en 1979 empieza a escribir novelas.

Con su obra, cada vez más proliferante, gana premios y amplía su campo de acción a la propaganda monopartidaria tras su entrada al Partido Comunista Chino.

Entonces, a la edad de Julio Iglesias (perdón, de Cristo, que, para algunos, debe ser lo mismo), a los 33 añísimos, una hernia discal lo postra 3 añitos en la cama.

De pronto, zas, el mundo que se le ha venido abajo –por lo menos a la altura de su lecho-, pierde también todo su sentido. Y, con él, todo lo que hasta ese momento ha escrito.

Yan Lianke se asquea de sí mismo y toma entonces la decisión de su vida.

Quiere convertirse en un escritor de verdad.

“Cuando se escribe yaciente”, es suya la frase, “entonces ya no se escribe por dinero”.

Su primer libro de su segunda vida fue inmediatamente prohibido por su postura antibélica.

Luego escribió novelas sobre la Revolución Cultural y una parábola política sobre Marx, Engels y Lenin, que también fueron rápidamente prohibidas.

Recién con una novela pueblerina, Los rayos del sol corren por los años, pudo repetir el éxito que conocía de su primera vida.

Pero entonces, como quien no ha aprendido la lección que dicta el Partido, Lianke empieza a escribir sobre un tema tabú, sobre el que los demás intelectuales chinos han callado.

Se trata de un escándalo que el gobierno chino hasta ahora no desea reconocer (de allí la censura), porque eso implicaría desvelar su postura frente a Occidente (el sida, símbolo de decadencia occidental no podía existir en China) y que existe corrupción generalizada en el país.

La historia es singular.

El gobierno anima a toda una provincia a mejorar su nivel de vida vendiendo su sangre. El encargado del negocio, y representante de la autoridad central, se enriquece y todo parece ir viento en popa, hasta que empiezan a aparecer las primera víctimas.

Las que llegan a sumar un millón de campesinos afectados de sida.

El sucio negocio de la sangre, ese podría haber sido el título de la novela.

¿Quién escribe una novela triste sobre tan triste tema?

Yan Lianke.

Tal vez porque se sentía en deuda con su provincia de origen o, simplemente, porque sí, escribió la historia de los enfermos de sida de un pueblo que se reúnen a morir en una escuela abandonada.

Hay  un absurdo negocio matrimonial entre finados. Hay una comunidad que, sabiéndose muerta oficialmente, se resiste a dejar de gozar los placeres a los que todavía tiene acceso, incluidos los sexuales.

En el epílogo, Yan Lianke se disculpa porque su libro no contiene nada de la alegría que nuestro mundo puede ofrecer. En cambio, mucho de dolor ingente.

¿Esto es todo?

¿La triste historia de un escritor chino que escribe una triste novela sobre un triste tema y acaba siendo censurado por su gobierno?

No.

Lianke es conocido por su vena satírica. La misma que ha provocado la censura de muchos de sus libros.

Al parecer, El sueño de mi abuelo, no se salva de esa vena.

El estilo de la novela, “una lograda síntesis de realismo naíf, de grotesco punzante y moderna laconía”, no tendría parangón en la literatura china ni en la occidental, nos dice la autora del artículo que me ha llevado a estas líneas.

Por otras reseñas me entero de que la historia está contada desde la perspectiva –omniscia y ubicua- de un niño muerto: el hijo del jefe del cruento negocio, asesinado en venganza por la epidemia promovida (promomuerta) por su padre.

La voz del niño de doce años, que cuenta la historia del pueblo en forma de sueños y desde la tumba de su abuelo (de allí el título, por lo menos en la versión alemana), esa es la sencilla voz de la novela.

Tratar con cierto estilo satírico un tema así y, además, vetado por los mandarines, habla de la determinación de Yan Lianke como –verdadero- escritor.

Uno al que su Estado ha intentado decirle cómo tiene que vivir su vida, es decir cómo no tiene que escribir sus libros.

Pero no puede impedir que Lianke quiera escribirlos a su manera.

Ni influir en cómo le salen.

Si no me equivoco, la única obra suya disponible en castellano es Servir al pueblo, publicada por la editorial española Maeva el año pasado, 2008.

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HjorgeV 22-10-2009

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Fuentes:

http://www.hr-online.de/website/rubriken/kultur/index.jsp?rubrik=42840&key=standard_rezension_37779798

http://www.perlentaucher.de/buch/32888.html

http://www.zeit.de/kultur/literatur/2009-10/literaturland-china?page=5

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