CÓMO APRENDER UN IDIOMA (II)

Exageré notablemente en mi entrada anterior, con el fin de dejar clara mi intención:

Para poder aprender un idioma deberíamos retomar estrategias y usos de los niños pequeños.

Ellos son gente que sin “profesores” (empezando por su madre y su padre, todas las personas que entran en contacto verbal con un niño, en realidad, lo son), sin libros, apuntes, grabaciones ni grandes esfuerzos aprenden cualquier idioma.

Recomiendo, por lo tanto:

→ En una fase inicial, jugar sin miedo con las nuevas palabras. Saber que al comienzo las pronunciaremos mal y que eso forma parte natural del aprendizaje.

→ Recuerde que los bebés al nacer llevan varios meses de “incógnito” escuchando los sonidos y las palabras de su entorno. Hasta que un infante empieza a hablar transcurren varios meses más, que se suman a ese periodo de solo dedicarse a escuchar.

→ Tenemos una ventaja y una desventaja respecto a los niños que aprenden a hablar. La ventaja es que nuestro aparato fonador ya está completamente desarrollado.

→ Pero esa también es la desventaja: nos sirve poco o menos para ciertos idiomas (aquellos con sonidos muy diferentes a los nuestros).

→ Los bebés no se avergüenzan de de cometer errores al practicar. Al contrario, cualquier esfuerzo es alabado por sus progenitores y la gente de su entorno.

→ Los niños aprenden sobre todo por imitación.

→ Los niños empiezan por las cosas más sencillas y con el tiempo su lenguaje se vuelve más complejo. Al final, un adulto puede crear un número ilimitado de comunicaciones a partir de un número finito de elementos (lingüísticos).

¿Por qué aconsejar imitar a los niños en este asunto de aprender un nuevo idioma?

Porque la enseñanza tradicional de una lengua está plagada de una serie de errores, vicios y manías que, en vez de facilitar el aprendizaje, lo dificultan.

Para empezar, cualquier aprendizaje de un nuevo idioma debería estar precedido de lo que me permito llamar Fase de Inmersión Acústica.

Lo digo partiendo de mi experiencia.

¿En qué consiste?

FASE DE INMERSIÓN ACÚSTICA

En familiarizarse lo más posible con la lengua a aprender: escuchando la radio, viendo videos o televisión, escuchando discos y la mayor cantidad posible de personas en el idioma a aprender.

Aquí está el primer gran defecto del aprendizaje tradicional: la única referencia que tiene el aprendiz es la voz del profesor o profesora.

Como somos seres que hemos aprendido inicialmente casi todo por imitación, no solo es algo (una capacidad) que llevamos dentro y que probablemente perdemos recién al morir, también solamente escuchando se va despertando nuestro instinto imitador.

(Los imitadores profesionales se pasan horas de horas escuchando una y otra vez a los que desean imitar. Con el tiempo adquieren práctica y experiencia, y les cuesta cada vez menos, obviamente.)

Antes de pasar a exponer en qué me baso para aconsejar esta primera fase (aprendí el inglés y el alemán tradicionalmente, sin embargo, casualmente, aprendí algo de francés, más o menos bien el italiano y un poco de portugués pasando por una fase de inmersión acústica inicial y me resultó más fácil que aprender las dos primeras lenguas) es importante hacer una diferenciación vital.

Aprender una lengua no significa dominar su teoría gramatical. Es decir:

APRENDER UN IDIOMA NO EQUIVALE A ESTUDIARLO

Aprender una lengua no es estudiarla.

Cualquier persona del mundo domina su propio idioma.

Sin haberlo estudiado.

Sin poder –necesariamente- explicar ni entender sus reglas gramaticales..

Mil millones de chinos nos demuestran que no debe ser difícil aprender el chino.

Sin embargo, perviven ciertas falsas creencias.

Tomemos un ejemplo de la Wikipedia sobre el tema (“Cómo aprender lenguas”):

“En resumen, para la adquisición de un idioma, el estudiante o hablante requiere entrenarse en la adquisición de las cuatro estrategias língúísticas que estructuran el dominio de una lengua: escucha, habla, lectura y escritura.”

Un niño de cinco años, por ejemplo, ha “adquirido” su idioma y, sin embargo, por lo general no sabe escribir ni leer.

Este es un claro ejemplo de cómo sigue vigente la enseñanza tradicional: el creer que “adquirir” o saber un nuevo idioma equivale a dominarlo en todos sus aspectos o estrategias lingüísticas.

Por supuesto que al intentar aprender una nueva lengua es deseable terminar no solo entendiéndola y hablándola, sino también sabiendo leer y escribir en ella.

Sin embargo, muchas veces se invierte la lógica del aprendizaje y se insiste en enseñar primero lo que es secundario (a leer y escribir) echando a perder el todo, la meta principal: poder comunicarse con otras personas en la nueva lengua en cuestión.

Justamente lo contrario del “método natural” de todo bebé y niño de este planeta.

¿O qué niño aprende primero a escribir antes que a hablar?

De allí mi insistencia en aprender de ellos, de los infantes.

Si continuamos con el ejemplo tomado, podremos leer:

“Con el dominio de la lecto-escritura, se estima que ya el hablante está capacitado para la adquisición de las reglas gramaticales de dicha lengua, que le permitirán conversar, leer y escribir con ciertos niveles de corrección en el marco de la lingüística.”

Gran falsedad.

Los niños, ya a los pocos años de edad, dominan el uso de todas las reglas gramaticales, incluso antes de saber leer y escribir y antes de entenderlas como tal.

De hecho, un analfabeto en cualquier lengua, puede desenvolverse escuchándola y hablándola a la perfección.

Y la mayoría de personas apenas conocemos las reglas elementales de la gramática de nuestros respectivos idiomas, salvo por interés o necesidad profesional.

Sin embargo, ese es uno de los pilares de la enseñanza tradicional: se invierte el orden natural del aprendizaje y se empieza con la enseñanza de la llamada lecto-escritura.

En la próxima entrada de esta bitácora, expondré mi propia experiencia con las lenguas que aprendí tradicionalmente (inglés y alemán) y con las que tuve la suerte de hacerlo de una manera casi natural (francés, italiano, portugués).

Parto de las siguientes convicciones, basadas en mi experiencia y la observación, tanto propias como ajenas:

  1. Toda persona es capaz de aprender uno o varios nuevos idiomas. Independientemente de su procedencia geográfica, social y cultural.
  2. A mayor número de idiomas, aumenta la facilidad para aprender más aún.
  3. Es mejor concentrarse en métodos autodidactas que en los de la enseñanza tradicional.
  4. En la imitación (de sonidos, expresiones, formas y estilos de hablar) es la clave.

Si se fijan bien, salvo en el segundo punto, todos los demás son aplicables a cualquier bebé o niño de este planeta.

Continúa…

HjorgeV 07.11.2009

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