CÓMO APRENDER UN IDIOMA (y V / Fin)

¿Es posible aprender (nuevos) idiomas con relativa facilidad?

Mi caso es el siguiente: me pasé más de dos décadas aprendiendo inglés (en el colegio y en dos escuelas de idiomas posteriormente) y, a pesar de mis buenas notas y de saber bien las reglas gramaticales, apenas lo podía hablar.

Sin embargo, aprendí italiano en tres o cuatro meses.

(Sin pagar profesor, sin conocer Italia ni ir a clases.)

¿Cómo lo conseguí?

Más o menos de pura casualidad y sin esfuerzo aparente.

Después aprendí portugués copiando más o menos el mismo método y, aunque lo hablo muy poco, por lo menos puedo seguir las transmisiones de partidos de fútbol y otros programas de la televisión brasileña, entender cuando me hablan en portugués y hacer –aunque con muchas limitaciones- como si lo hablara bien por lo menos al comienzo de una conversación.

¿Por qué me fue tan difícil entonces con el inglés?

Sospecho varias razones.

Antes que nada.

Presten atención.

Estoy convencido de que cualquiera puede aprender un nuevo idioma y luego otro y otro más.

Unos con más dificultad que otros, más o menos gracia, acento y profundidad, pero todos, absolutamente todos podemos conseguirlo.

Creo que una de las grandes trabas está en que el aprendizaje de idiomas foráneos es una faceta relativamente nueva de la vida humana en nuestra historia.

Hoy, no solo por la Red, las nuevas tecnologías, las nuevas formas de comerciar y los viajes aéreos relativamente baratos, la humanidad empieza a interesarse por otros idiomas, no solo por el inglés.

Está obligada, casi se podría decir.

Antes no era así.

(También el efecto producido por la Unión Europea ha jugado un papel importante en este desarrollo. El solo hecho de que un europeo comunitario pueda trabajar y vivir en otro país de la Unión, le abre a los interesados la posibilidad de interesarse por lenguas foráneas, por ejemplo.)

Describiré sucintamente mi caso, porque creo que tiene bastante de típico.

Como cualquier latinoamericano más, cuando terminé el colegio se suponía que debía saber inglés, pero lo que sabía era reglas gramaticales aprendidas de memoria, muy poca práctica y un vocabulario limitado por el poco uso en esa lengua.

Pasé después por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano y saqué buenas notas en el Británico, pero mi inglés no me habría servido para moverme cómoda y directamente en un país de habla inglesa en ese entonces.

Es más, apenas podía entender a alguien cuando hablaba inglés, a pesar de mis bastantes regulares notas y de que en nuestro colegio, en las tardes de la primaria, todo se hacía en inglés.

¿Por qué entonces esa mediocridad?

Porque la enseñanza de idiomas suele ser una especie de engaño es mi primer aserto.

Porque se ha tratado y se sigue tratando la enseñanza de un idioma foráneo de forma equivocada.

No asustarse.

Lo mismo sucede con la escuela normal, especialmente en la media o secundaria: los alumnos asisten a una demostración de cómo los profesores saben sus materias y cumplen sus programas de trabajo más o menos impacientes porque lleguen las vacaciones y su jubilación, pero casi sin preocuparse por si sus pupilos verdaderamente entienden y están aprendiendo.

Aún en países desarrollados como este alemán sucede eso.

(Lo acabo de experimentar con mi hija mayor y sus problemas con las parábolas geométricas. Quise ayudarle y aprovechar para recordar mis conocimientos de matemáticas y me di con que lo único que le interesaba a mi hija era aprenderse las fórmulas de memoria. No quería entender. Lo que quería era poder aprobar el examen, que era, a su vez, la exigencia principal de su profesor.)

La única ventaja que me dio el inglés en mi época post-escolar fue el poder utilizar libros de texto universitarios en inglés y escribirme con una chica noruega, mi pen pal o pen friend de entonces.

(A los jovencitos de hoy esto les puede sonar a leyenda o mito, pero antes esa era la única forma de comunicarse con gente de otros países: escribiendo y enviando una carta por el correo postal. Por eso el nombre: pen es lapicero, bolígrafo, birome. Hoy uno hace  ‘amigos’ de todo el mundo sin mayor esfuerzo y casi instantáneamente.)

Hablar inglés era otra cosa, otro mundo, una gran imposibilidad.

De haber sabido lo que ahora sé y aquí quiero exponer, otro habría sido el cantar.

Permítanme hacer un salto.

De pronto, a mis veinte años, se me ocurrió aprender alemán.

Me matriculé en el Instituto Goethe y tuve la suerte de tener una buena profesora.

Tuve también la suerte de descubrir un truco para aprender más: la acompañaba hasta su casa en el ómnibus de la línea 73 después de las clases y “hablábamos” alemán en el trayecto.

(Ella hablaba, yo escuchaba y soltaba una palabra o una frasecita cada media hora, avergonzadísimo, como si los demás pasajeros pudieran criticarme en cualquier momento por mis errores.)

Pero no piensen mal por eso de acompañarla hasta su casa . (Con mi siguiente profesora si podrían hacerlo, pero esa ya es otra historia.)

La señora D. era una persona mayor, mayor aún que mi propia madre.

¿Cómo empezó todo?

Una noche después de la clase nos pusimos a conversar y cuando me di cuenta ya la había acompañado hasta su casa y ella se estaba despidiendo con un: “Bueno, aquí vivo y ahora me tengo que despedir” (en alemán).

Luego se hizo costumbre.

Como en el ómnibus yo recibía, sin habérmelo propuesto, clases extras de alemán, saqué las mejores notas de mi año y gané una beca de tres meses en el Instituto Goethe de Mannheim.

¿Por qué lo menciono?

Tenía, como  he dicho, las mejores notas de mi año, sin embargo, a la primera persona que le pregunté por una calle en Mannheim, ya en Alemania, no le entendí ni papa.

Ahora sé que hablaba una especie de dialecto de la región o simplemente alemán con un acento muy marcado. El hecho es que no le entendí nada.

¿Qué sucedía?

Había aprendido un alemán académico, me sabía las reglas gramaticales, pero tanto los alemanes tenían dificultades para entenderme (por mi acentote) como yo a ellos (por su acentote).

Había aprendido, además, un alemán culto, propio de cierta región de Alemania. Es decir, me había sucedido como con el inglés.

Seré concreto.

Hasta ahora tengo problemas para entender el alemán de ciertas regiones, aún de esta renana. Cuando la gente habla en el dialecto o con giros propios del colonés, muchas veces me quedo completamente fuera de la conversación. (Sobre todo porque pierdo el interés rápidamente.)

Me sucedía y me sucede, por ejemplo, con la gente con la que juego fútbol.

Curiosamente, un día, harto de no poder entender siempre y sentirme profundamente frustrado (algo que no me había sucedido cuando vivía en Colonia: empezó recién en este pueblucho semirrural al que nos mudamos hace más de cinco años), lo comenté entre otros jugadores y resultó que aún los mismos alemanes tenían/tienen exactamente el mismo problema que yo.

Algo que me alivió en parte.

Con el alemán, como digo, sigo teniendo problemas, sobre todo cuando se trata de versiones provincianas muy cerradas.

Pero permítanme llegar al italiano, que ya debo –deseo- irme a la cama y ya es tarde.

El italiano lo aprendí –y bastante bien- más o menos de casualidad, sin proponérmelo.

Sucedió así.

Trabajando en un establecimiento italiano en mis primeras épocas aquí en Alemania, conocí a un colega veneciano que tenía la costumbre de hablarme en las pausas.

El tipo lo hacía sin pausa.

Me hablaba sin pausa en las pausas.

(Y eso que no estábamos casados, diría un pesado.)

Me hablaba, me hablaba y me hablaba.

Como yo no tenía la posibilidad de pasar la pausa en otro lugar y no quería ser descortés con él, no me quedó otra cosa que escucharlo y escucharlo, pero sin entenderle ni un pito.

Las pausas se hicieron una costumbre.

En ese tiempo creo que yo todavía fumaba y, así, le permitía que acompañara mi envenamiento placentero (en ese entonces, ahora me produce asco solo oler la ropa o el pelo de un fumador) con sus palabras.

Hasta que al cabo de dos o tres meses, empecé a reconocer como por parte de magia una o dos palabras claramente.

Y luego tres o cuatro.

Luego todo lo que decía, salvo alguna palabra rara.

Hoy, sin apenas practicarlo, puedo entender el italiano y hablarlo bastante bien.

Como no lo aprendí en una escuela, no sé escribirlo. (Aunque tal vez alguna vez me anime. Pero para eso primero tengo que aprender a leerlo. En los últimos días he estado buscando información para un artículo que estoy escribiendo sobre Italia y me he visto obligado a usar fuentes en ese idioma. Ha sido muy duro, pero poco a poco estoy leyéndolo también.)

¿Y cómo aprendí portugués?

Escuchando durante semanas seguidas todos los días durante una hora por lo menos (mientras conducía) un disco de Jobim.

¿Qué tan bueno es mi portugués?

Limitado.

Tal como mi forma de aprenderlo.

Pero hace dos semanas me encontré con un brasileño, le pregunté cómo se llamaba, de dónde venía y esas cosas, y me preguntó luego de qué parte de Brasil… era yo.

Le contesté que hasta allí llegaban mis conocimientos.

¿Mis consejos?

Consejo 1

Oír y escuchar (‘escuchar’ es ‘oír’ prestando atención) hasta el cansancio todo tipo de manifestaciones en el idioma a aprender: música, radio, televisión, entrevistas, mucha música. A diferentes personas, de diferentes edades y sexo. La Red ahora lo permite mucho más que antes, y casi gratuitamente.

Consejo 2

Después de un tiempo, tratar de imitar los sonidos y la forma de hablar sin preocuparse mucho por las palabras ni por el contenido: como un imitador al que solo le importa hacerse pasar por un francés, mexicano o argentino sin entender nada. Todo esto complementarlo, paralelamente, con lecturas y, de ser posible, escritura.

Consejo 3

No pensar en castellano.

Consejo 4

No tratar de hacer de traductor todo el tiempo.

No continúo, porque con esto tienen suficiente por ahora. Tal vez alguna vez me anime a continuar estos consejos si a alguien le interesa.

Termino diciendo que he aplicado en los últimos años estas mismas reglas a lo que sabía de inglés y me ha ido mucho mejor con ese idioma.

Acaso paradójicamente, me cuesta mucho hacer lo mismo con el alemán.

Hoy, justamente, escuché a una cubana hablando como una alemana, es decir, reproduciendo el acento de la región casi perfectamente.

Eso es lo que yo tendría que hacer, retomar el alemán como una melodía a la que imitar.

Curiosamente, eso es lo que más me cuesta.

¿O será que detesto –por vulgar- la de esta región?

Sé que tiene que ver con la forma como aprendí el alemán: de memoria y anteponiendo la gramática a todo lo demás.

Ojo, puedo imitar un acento alemán: el de los soldados que aparecían en la serie usamericana Combate de mi niñez.

Y tal vez esa sea mi gran dificultad (ahora me doy cuenta): tener que pasármela hablando como un nazi.


HjorgeV 26.11.2009

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3 comentarios sobre “CÓMO APRENDER UN IDIOMA (y V / Fin)

  1. Hi!

    I agree with you, the system used to learn languages in many schools,institutes and universities is totally wrong, it doen’s work at all.
    I love languages, my native language is Spanish, I have B1 level of German and I’m interested in learning Italian.It was nice to read your comments.
    Have a nice day,
    Zulma (zparra29@yahoo.com)

  2. Gracias por tus recomendaciones Jorge, verás yo soy español, y pese a pasar mucho tiempo sin estudiar inglés, encontré que durante un viaje a Italia, a fuerza de hablarlo y escucharlo mejoré mucho más mi inglés, hasta el punto que ahora mismo lo que hago es, como muy bien dices, escuchar radio en inglés todo el tiempo que puedo (Recomiendo el programa RadioSure, facil de bajar y utilizar) leo literatura en inglés (te recomiendo lo mismo para italiano) y veo la BBC, he notado una mejora notable, por eso quería comentarlo aquí para poder ayudar a quien intente aprender idiomas como lo estoy haciendo.

    Un saludo y gracias de nuevo.

    Rpta.: Hola, Marcos. Qué estupendo. (Qué palabrita.) Me alegro. Te cuento que he estado haciendo lo mismo con el portugués y ya me he vuelto casi completamente permeable a ese idioma (en su versión brasileña). Gracias a ti, más bien, por tus palabras. Cuídate. ¿Y cómo te va con el italiano? Saludos desde los arrabales de Colonia. HjV

  3. Excelente aportacion yo hablo un poco de italiano y tambien un poco de ingles pero es verdad todo lo de decis en mi caso aprendi italiano hablando con italianos pero no lo se escribir y en el caso del ingles lo contrario puedo escribir ingles porque lo aprendi en secundaria pero no lo hablo muy bien ya que basicamente lo que haciamos todos los años era escribir escribir y escribir solo hablabamos dos o tres palabras. La verdad le doy un 10 a tu aporte es muy acertado todo lo que dijiste y lo mas importante TODOS podemos aprender un idioma y tambien a la EDAD que sea. Saludos desde Uruguay.

    Hola, Yesica. Muchas gracias por tu amable mensaje. Un gran saludo desde Alemania. HjV

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