STIEG LARSSON: MILLENNIUM II

LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA

Acabo de volver a comprobar que un buen libro –una buena historia- se cierra con un pesar comparable al de ser excluido de la vida de una persona que se ama o de todo un mundo aparte.

No importa cómo acabe la historia.

Si ha sido bien contada, la sensación con que se cierra el libro es de pesar.

Se ha acabado un universo entero, devolviéndote –además- a la realidad de la vida sosa y sin mayor gracia que llevas.

Me ha vuelto a ocurrir con la segunda parte de la trilogía Millennium de Stieg Larsson.

Cuando compré la primera parte –Los hombres que no amaban a las mujeres-, me encontraba en España y aún no habían salido las otras dos.

Me traje el libro a Alemania, después de leer las primeras cien páginas parado en una librería de Sevilla. Hasta entonces solo conocía la palabra devoción por el diccionario y ciertos textos religiosos. Y por ciertas tendencias sexuales, también.

Leí luego la primera novela de Larsson casi petrificado por la fascinación, como si el mundo alrededor hubiera dejado de existir durante el par de días que estuve leyéndolo.

Me pasé esperando largos meses hasta poder conseguir la continuación. En el entretiempo releí esa primera parte.

Como vivo en Alemania, a una tía (alemana) de mi esposa que viajaba a Tenerife le encargué la segunda parte y me sorprendió este fin de semana pasado con un cubo de regalo: la trilogía completa.

“Regalo atrasado por tu cumpleaños”, me dijo, con una sonrisa, haciéndome recordar que de niño había odiado inicialmente que mi padre me regalara libros para mi cumpleaños mientras que los otros niños recibían sus ansiados juguetes.

(Después, cuando descubrí la magia de Enid Blyton, poco más tarde los oscuros relatos de Poe –curiosamente- en plenas vacaciones de verano en la playa y luego una obrita que me sigue fascinando, El lazarillo de Tormes -a pesar de que era obra de lectura obligada del colegio-, no volví a considerar un libro como un mal regalo.)

Me he soplado en un día y medio las setecientas y tantas páginas de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y lo he hecho como el amante que sabe que las horas se le acaban sin remedio. Y que se descubre una y otra vez descuidando el objeto de su amor por echar un vistazo al reloj.

Leer a Stieg Larsson me ha hecho ser consciente de que el placer -en general,  el de leer una buena historia inexorablemente finita, el sexual- también es una medida exacta -pero más cruel- del tiempo que se acaba.

Ahora me ‘arrepiento’ de haberlo leído tan rápido, de un tirón.

Felizmente (?) tengo la trilogía completa, como ya referí, pero al final me vendrá inevitablemente el bajón.

Larsson ya no vive.

Estas líneas no son para alabar, adular, lisonjear, encomiar ni alimentar la vanidad de nadie.

(Aunque parece ser que dejó comenzada una novela más.)

Es decir, ni siquiera será posible esperar su próxima novela como ciertos aficionados al género negro -como este bitacorero- esperan las nuevas entregas de Michael Connelly o Grisham.

Esta segunda parte de la trilogía larssiana es muy diferente de la primera.

Lo cual tiene una ventaja (comercial, sobre todo) inmediata: se puede leer como una novela independiente.

Sin embargo, es claramente diferente. Y no solo en el estilo y la diversidad de los temas y situaciones que ataca.

Si la primera parte era una historia complicada, casi enrevesada, pero ‘lógica’, de largo aliento y con una escenografía limitada, en la segunda hay un patente cambio en los registros sonoros y visuales: la voz narrativa se multiplica de acuerdo al continuo cambio de escenarios.

Si en Millennium I, sin ser una obra cumbre de la literatura (muchos ni siquiera la consideran literatura, tema poco interesante para mí: un libro se lee bien o no, el resto puede ser discutible para los interesados), se podía reconocer una gran voz principal que conseguía amalgamar las varias partes del conjunto relatado y presentarlo como una unidad narrativa, Millennium II es más como una serie de escenas ordenadas inicialmente sin mucho concierto reconocible.

Al modo de tarjetas de un fichero de orden intercambiable.

Pero que acaban por llevar al lector hasta el final, como en esas películas en las que pese a todos los esfuerzos de los tripulantes y pasajeros el barco o bote se dirige hacia la caída de una cascada.

Encuentro, por eso, Millennium II más cinematográfica.

Porque se lee como un guión: escenas con diferentes personajes y en diferentes escenarios que se van presentando al lector para “distraerlo” de que en realidad, se le está enrumbando o encaminando hacia a un precipicio, a la cascada que menciono. Al desenlace de la historia.

En este sentido, si bien a mí personalmente me decepcionó un poco al comienzo, conforme se van juntando los hilos y se va reconociendo la estructura de la trama, es imposible no reconocer la genialidad de Larsson, sus diversos registros e intereses.

Su capacidad como contador para atarte con su magia a su canoa, manteniéndote fascinado y pendiente de cada nuevo giro de su historia.

Lo saben los grandes escritores y los grandes lectores, también los medianos y los pequeños: una historia, si está bien contada, puede ser, incluso, completamente absurda.

Tan absurda como hacer desaparecer a un elefante, por ejemplo.

Si el mago te lo presenta con propiedad y oficio, abrirás los ojos avergonzándote de tu asombro y de tu incapacidad para entender su magia y agradecerás que te haya transportado a esos días de la niñez en los que creernos cualquier historia (y, por tanto, disfrutarla) era más sencillo.

He terminado Millennium II eufórico.

A pesar de sus imperfecciones.

Me espera la tercera parte de la trilogía y ya sé que me creará un vacío insoportable cuando la termine.

(¿Qué va a ser de mi vida cuando termine de leer los libros de Larsson?)

Un amigo escritor me dijo una vez: “Cuando terminas de escribir una novela, te posee una gran depresión”.

El gran vacío que sucede a largos meses -o acaso años- de escritura, de haberlos pasado en un mundo que no era el nuestro pero que lo habíamos asumido como si verdaderamente lo fuera. Y real, además.

Stieg Larsson (Skelleftehamn, 1954-Estocolmo, 2004) está exento de ese pesar.

Llevándome así a una situación paradójica y poco común como lector.

Terminaré odiándolo por no permitirme amarlo un poco más.

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HjorgeV 08.12.2009

2 thoughts on “STIEG LARSSON: MILLENNIUM II

  1. Hola Jorge, Larsson… Qué te puedo decir, me compré la trilogía en “Crisol” (me costó medio sueldo, autoregalo adelantado del próximo cumpleaños) el mes pasado y la terminé en una semana, así como tu mientras pasaban las horas leyendo los libros daba rápidas ojeadas al reloj con la esperanza de que el tiempo no avance tan rápido…

    Larsson, no sé si de acá a 10 años alguien lo recordará pese a escribir la trilogía más adictiva que he leído en mi vida, definitivamente tiene (tuvo) un estilo propio, entretenido, ágil y absolutamente gráfico, aunque debo reconocer que la tercera parte es algo, bueno, ya lo comentaré después (especialmente el tema médico). Una pena que haya fallecido antes de tiempo porque la historia que ha tejido da para muchas novelas más.

    Por cierto, ya salió la película de Milennium 1 (creo que comentaste sobre ella) y la de Milennium 2; ambas de manufactura sueca aunque en Hollywood se habla de hacer la versión yankee (no sé si eso sea bueno o malo, me inclino por lo segundo).

    Un abrazo

    Rpta.: Hola, Eduardo: Disculpa la tardía respuesta. Esa es una buena pregunta: ¿qué será de la trilogía de Larsson de aquí a 10 ó 20 años? Me gustaría leer sobre las precisiones médicas que mencionas cuando termine la tercera parte que ahora estoy leyendo. Saludos. HjV

  2. Hola Libreta.
    Me lleva ventaja. Recién he comprado Millennium I o Los hombres que no amaban a las mujeres. Y leo cada página con fervor de Monja Asesina, con fijación de asesino serial.
    Como quizá lo hizo Leonardo, creo que Stieg se ha inmortalizado, de cierta manera, en Lisbeth Salander. No sé porque tengo esa sensación.

    Rpta.: Hola, Román: ¿Ventaja? ¿Qué ventaja si yo voy a sufrir primero cuando acabe la trilogía? Por otro lado, ¿una monja asesina y serial? Eso suena a éxito de ventas en Honduras. Voy por el tercer libro, al final te daré mi opinión global. Saludos. HjV

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