JAMES ELLROY: LA COLINA DE LOS SUICIDIOS

ADIÓS MIRADA, ADIÓS MACDONALD

Mi entusiasmo inicial por la novela La mirada del adiós de Ross Macdonald ha ido disolviéndose con el paso de las páginas y los días.

Sé que logré cabalgarla y domarla, que tiene su valor y calidad, a pesar de su inicio con gran metida de pata (lo referí aquí).

Sin embargo no me urge su lectura.

Está allí.

(Hoy la retomé y me encontré con que la historia se iba haciendo más enrevesada y aburrida, pero también con cierta poesía. Ejemplos:

«La marea estaba alta y la sentía rugir y retroceder como un lobo marino asustado por el sonido de su propia voz.»

«El rocío flotaba como una nube luminosa alrededor de las diseminadas luces.»

«Caminó hacia mí y se volvió, apretando su pecho forrado de piel, contra mi brazo. La atraje hacia mí. Había lágrimas en su rostro, o tal vez era rocío. De todos modos, tenían sabor a sal.»

Me despido de Ross Macdonald. Esta noche deberé acabar La mirada del adiós. No espero sorpresas de ningún tipo.)

JAMES ELLROY: LA COLINA DE LOS SUICIDIOS

Unos días atrás, buscando de prisa un libro en mi caótica biblioteca porque sabía que en el viaje que tenía que hacer a los alrededores de Colonia me iban a quedar varios huecos de tiempo, cogí al vuelo un libro.

Resultó ser uno del cual no recordaba su compra: La colina de los suicidios.

James Ellroy es genial.

Fui un fanático lector suyo durante un buen tiempo.

Y esta novela, cuya existencia o compra había olvidado, habiendo conseguido despertar mi interés al comienzo, estuvo a punto de soltarme.

Lo cual habría sido una pena.

Me decepcionaron sus iniciales escenas carcelarias.

No estaban mal escritas, eran –incluso- buenas en el sentido de que eran realistas, pero ¿cómo decirlo?

No tenían el sabor de lo verdadero, esa sensación que se tiene cuando se rompe de pronto el preservativo (peligroso y exagerado ejemplo, perdón) o se ha chupado por fin el caramelo sin la envoltura de plástico (para explicarlo infantilmente).

He terminado ahora de leer La colina de los suicidios (título que a mí me parece despreciable, por más que sea la traducción literal de Suicid Hill).

Y lo he hecho con gusto y hasta por partes con el pesar que causa la proximidad del final de una buena historia.

Ópera esperpéntica.

Baile de fantasmas en busca de la redención eterna.

Un policía noble consigo mismo, pero construido de debilidades a punto de hacerlo explotar.

Policías y seres incorregibles con sus obsesiones colgándoles delante de los ojos como un piercing diabólico a modo de zanahoria caballuna.

El final es el broche de oro pálido de un vuelo alucinado en el que la violencia es solo un pretexto para mostrar el compartimento humano -llamado M- al descubierto.

M de verdadera Miseria.

Las máscaras de los protagonistas son simples cubiertas tras las cuales se esconde su rostro más débil: el humano.

La novela es como la narración de una borrachera y un vuelo psicodélico que  otros han vivido, pero que agradecemos no haber tenido que pasar por su resaca.

El final de la lectura de La colina de los suicidios de Ellroy resarce al lector por ese empeñoso y fatuo uso de la violencia, por una trama que demora en cuajar y por un inicio pantanoso, que casi me hace renunciar a su lectura.

Cuando, empero, uno acaba por subir al Caballo Ellroy, es difícil querer apearse de él y menos perderse el paisaje a recorrer sobre su grupa.

James Ellroy es un poeta de lo oscuro.

No sé si la traducción hace honor a esa cualidad: una de las tantas que como escritor tiene.

Su oscura poesía tiene la majestuosidad y el ritmo de un monstruo drogado que sale del fondo de un pantano todo cubierto de cieno para asistir a la boda de una verdadera virgen y desea bailar con ella la marcha nupcial.

(Sin permiso del padre ni del novio, se entiende.)

Durante un buen tiempo fui aficionado a Ellroy, a su estilo, a sus manías y a su forma de envolverte sugerentemente con su poesía tétrica y oscura.

Aunque también llegó a cansarme su uso apocalíptico, quasi divino de la violencia.

Casi como un fin en sí mismo, como sucede en gran parte de los crímenes más absurdos perpetrados por nuestra especie.

Ellroy es de los pocos al que se le puede perdonar por ello.

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HjorgeV 27-12-2009

One thought on “JAMES ELLROY: LA COLINA DE LOS SUICIDIOS

  1. A mí me encantó, leí la trilogía del teniente Hopkins son muy buenos los tres libros…

    Hola, Liliana. No he leído todas las novelas de Ellroy. Tendré que ponerme al día. Gracias por el dato. Saludos desde Colonia. HjV

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