¿UN LOCO SUELTO O EL CRISTO ETERNO?

Tiene el cabello corto y completamente cano.

No aparenta los 52 años que acaba de cumplir hace diez días.

Cámaras de todo el mundo lo fotografían y filman a la salida de la cárcel tras casi 30 años de internamiento.

El hombre parece sentirse el Centro del Universo.

(Cada persona lo es, después de todo, a su manera. Por lo menos del suyo propio.)

Su nombre es Mehmet Ali Agca y su primer anuncio al quedar libre es que el fin del mundo está cercano.

Da un plazo bastante generoso: “en este siglo” (que acaba de empezar).

Añade que es el Cristo eterno.

Por lo demás, estuvo a punto de matar al Papa en 1981 y dos años antes, como miembro de la organización ultraderechista turca los Lobos Grises, se había declarado culpable del asesinato político del director de un diario liberal turco, el Milliet.

Ha repetido varias veces que es el Mesías.

Una creencia como cualquier otra.

Como la que llevó al mismo Juan Pablo II a colocar la bala que atravesó su abdomen en la capilla de la Virgen de Fátima, convencido de que esta le había salvado la vida.

(El atentado ocurrió el día de la misma virgen y en el 64º aniversario de la primera aparición de Fátima.)

La rocambolesca trayectoria de Mehmet Ali Agca también se puede ver como una especie de milagro.

Uno que empieza en las calles de los suburbios de una provincia olvidada de Turquía, donde Agca se ganaba la vida vendiendo agua y los restos de carbón de las estaciones de trenes.

Que sigue con su partida a Estambul donde se matricula con documentos falsos con el fin de realizar estudios superiores.

Que continúa con su afiliación a un grupo ultraderechista nacionalista turco y una supuesta colaboración con terroristas palestinos.

Que se interrumpe momentáneamente con la acusación y captura por un asesinato político y se corona parcialmente con su fuga de una prisión militar, nada menos, y la más segura de Turquía.

Un milagro que lo lleva, en su huida, a pasar por varios países europeos con pasaporte falso, llegar a África y regresar a Europa.

Hasta aterrizar en la Plaza San Pedro de Roma el miércoles 13 de mayo de 1981.

Día en el que el sumo pontífice católico realiza una multitudinaria audiencia general para peregrinos y turistas.

Y día de la Virgen de Fátima, para más señas.

Agca se encuentra entre el público. Escondida entre sus ropas, lleva una pistola.

Una Browning de nueve milímetros con la que ya ha asesinado a alguien.

El Papa está sobre un Jeep blanco que lo pasea entre las masas, permitiéndole tocar y ser tocado como una estrella (terrestre).

Cuando pasa cerca de él, Agca suelta tres disparos.

La primera bala destroza el índice izquierdo de Karol Józef Wojtyla, el Papa polaco.

La segunda roza su antebrazo derecho.

La tercera penetra a su abdomen y destroza partes del intestino delgado.

El Papa cae gravemente herido. Agca es detenido inmediatamente.

En sus bolsillos lleva una nota en turco, su idioma:

“Yo, Agca, he disparado al Papa para protestar contra el imperialismo de la Unión Soviética y de EEUU”.

Condenado a cadena perpetua en un juicio sumarísimo, ingresa a prisión.

Queda un Papa que se debate entre la vida y la muerte.

Y quedan sus contradictorias, absurdas y descabelladas afirmaciones: ya no es musulmán, es “ateo”, es la “reincarnación de Cristo”. El atentado es obra del servicio secreto búlgaro, les grita a los periodistas.

¿La mejor?

Acaso la siguiente: ser el “instrumento inconsciente de un plan misterioso”.

Su milagrosa trayectoria, delirante y esquizofrénica, se completa cuando es perdonado y visitado por su propia víctima –el Papa- y posteriormente es indultado por el mismo país europeo que lo había condenado a cadena perpetua y a una condena de aislamiento especial: Italia.

A pedido del mismo Papa.

Ponson du Terrail, el novelista francés del siglo XIX a quien nuestro idioma le debe el vocablo ‘rocambolesco’ (por su personaje Rocambole), bien podría haber tomado a Mehmet Ali Agca como uno de los personajes de sus novelas.

La Iglesia católica, por su parte, tan aficionada a los misterios y las conjuras, tuvo el detalle de anunciar el esperado Tercer Misterio de la virgen de Fátima un mes antes de que Agca saliera en libertad gracias al indulto.

En el 2006, una comisión del Parlamento italiano quiso llegar al fondo del asunto.

Se llegó a la conclusión de que el atentado había tenido su origen en una orden dada por Leonid Brézhnev al GRU, el servicio secreto militar de su país creado por Trotzky en 1918 y que aún existe.

(No confundir con la KGB, ya desactivada.)

Atentado realizado, además, con la simpática colaboración del servicio secreto búlgaro y la Stasi de la República Democrática Alemana de entonces.

Con todo, no se llegó siquiera a descubrir cómo fue posible que Agca, a pesar de estar bajo una orden de captura internacional, pudiera pasear por Europa, dar el salto a África y regresar a suelo europeo, con la pistola con la que ya había asesinado antes y en una época en la que no existían los pasos libres como ahora.

El atentado del 13 mayo de 1981 al Papa guarda cierta similitud con el atentado que desencadenó la Primera Guerra Mundial:

En ambos casos, el autor fue un joven estudiante integrante de un grupo nacionalista.

A consecuencia de la I Guerra Mundial, cayeron cuatro imperios (el austro-húngaro, el alemán, el ruso y el otomano) además de tres grandes dinastías.

El atentado al Papa católico fue el preludio del fin de la llamada Guerra Fría y de todo un bloque de países de Europa Central y del Este.

Pero, mientras que la I Guerra Mundial fue el conflicto más sangriento de la historia (con 10 millones de bajas), los cambios que se produjeron hasta el inicio de la Perestroika en 1985, la caída del muro de Berlín en 1989 y el golpe de estado en la URSS en 1991 que significó su disolución, se hicieron prácticamente sin derramamiento de sangre.

Quedan varias incógnitas.

¿Por qué un ultraderechista asesinó a un periodista liberal y luego lo intentó con un Papa que abogaba por los cambios políticos hacia la derecha en los países del bloque oriental-comunista?

¿Quién lo ayudó logísticamente para moverse con un pasaporte falso por Europa con la libertad de un turista actual y terminar con su pistola en plena Plaza de San Pedro?

¿Cómo pudo recuperar la Browning de su primer asesinato tras huir de una cárcel militar de alta seguridad?

Probablemente nunca se sepa la verdad.

Si Agca siguió un papel que le habían encomendado, lo ha hecho casi a la perfección hasta ahora.

Fingiendo lo que tenía que fingir, nos ha vendido la Luna, el Sol y las estrellas.

También puede tratarse de un simple mentiroso compulsivo, patológico.

¿Qué es Agca ahora?

¿Un loco suelto o el “Cristo eterno”?

¿O acaso un personaje capaz de aclarar todo un oscuro pasaje de nuestra historia reciente?

En todo caso, tras ser puesto en libertad el lunes pasado, ya ha anunciado que publicará sus memorias y hará revelaciones.

Se dice que exige una suma de siete millones de euros por la exclusiva.

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HjorgeV 20-01-2010

Fuentes:

http://www.stern.de/panorama/papst-attentaeter-ist-frei-die-wirre-welt-des-ali-agca-1535938.html

http://de.wikipedia.org/wiki/Mehmet_Ali_A%C4%9Fca

http://www.elmundo.es/elmundo/2006/01/08/internacional/1136756043.html

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