EL JUEGO DEL GATO Y DEL RATÓN

¡LOS DESALOJAREMOS!

Cinco grados bajo cero.

Y acá, en esta región de Renania del Norte-Westfalia, los carnavales celebrándose en las calles.

Mientras que por estos lares la nieve ya lleva más de un mes, en Madrid se suspenden vuelos por un temporal de nieve y en Roma celebran la primera nevada después de más de 20 años: en los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver 2010 han tenido que producir nieve artificial para la inauguración.

Por lo menos he logrado convencer a mi hija de 15 años, mientras la acercaba en la camioneta al desfile carnavalesco de la localidad vecina, de que se quedara con mis guantes.

(Esta mañana recorrí durante hora y media con ellos los -ahora completamente- blancos campos vecinos mientras paseaba al perro y, al final, he terminado con los dedos congelados.)

En el camino de vuelta a casa escuché la noticia del día: la última operación de los aliados en Afganistán.

Ya en casa, consulté en la Red la prensa internacional. Entre ellas, la española.

Y me ha vuelto a quedar claro por qué esa Invasión está destinada a fracasar.

Basta prestar atención al lenguaje, usado, que, por otro lado, es reflejo de la forma de pensar de los invasores:

“Conscientes de que la colaboración civil es importantísima”, termina el artículo, “las fuerzas aliadas han anunciado durante meses la operación”.

¡O sea que han mantenido durante meses aterrorizada a la población afectada!

En otra parte del artículo, se puede leer:

“Para eso, habría sido deseable que una gran masa de habitantes se hubiera desplazado estos días, pero solo unas mil personas abandonaron el pueblo”.

¡Marjah tiene 125.000 habitantes!

¿Qué esperaban estos necios?

¿Que se fueran de vacaciones a Saint-Tropez o a Acapulco hasta que pasara el ataque?

¿Que vaciaran la ciudad, creándose un éxodo de 100.000 refugiados sin expectativas de un futuro mejor?

(Van casi diez años de invasión. Casi una década.) (En el artículo consultado se refieren solo a ocho años.)

“Convendría que despejasen la zona”, les dijeron.

“Convendría que ustedes despejasen la zona. Esta zona es nuestro país, nuestro territorio”, bien podrían haberle respondido los afganos de Marjah.

Por otra parte, se trataría de 400 a 1.000 rebeldes, es decir, del 0,3 al 0,85 % -aproximadamente- de la población.

Y ese sería “el último gran bastión de los talibanes”.

¿De cuántós últimos grandes bastiones de los talibanes hemos escuchado hablar en estos casi diez años de invasión?

Para terminar, y al margen de la infamia que supone llamar a la Invasión de Afganistán un  “conflicto bélico” que sigue sin “ofrecer resultados aceptables para la opinión pública”.

(De eso se trata en este ataque, debo imaginarme, de impresionar a la opinión pública internacional para encubrir temporalmente el Gran Fracaso de Afganistán.)

Se dice claramente que “el objetivo es desalojar a los talibanes de una zona clave”.

Vale decir, obligarlos a mudar de domicilio.

¿Para que, de esta manera, los aliados invasores puedan volver a atacar próximamente (¿en 2, 3, 10 años?) el “último gran bastión” de los talibanes?

Es el viejo juego del gato y del ratón. Pero por lo menos una cosa queda clara con esto último.

Después de la fanfarronada criminal del “¡Los mataremos!” (“We’re gonna  kill them!“) emitida por Rumsfeld y sus guerreros neoconservadores al inicio de la invasión en el 2001, la mayor ofensiva militar desde entonces tiene ahora por lo menos un objetivo realista:

“¡Los desalojaremos!”

Un par de kilómetros más allá, se entiende.
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HjorgeV 13-02-2010

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