¿LA CINTA, LA TETA O EL SECRETO?

No lo tengo fácil esta tarde de domingo con el viento helado tratando de llevarse mi rostro.

Camino por los campos circundantes.

La nieve ha vuelto, después de que la gente había empezado a alegrarse por la llegada de la primavera.

Me he propuesto un paseo extenso con nuestro perro. En los largos días de nieve y grados bajo cero llegué un par de veces a caminar hasta dos horas. Mientras camino, leo. (Caminar sobre la nieve era como hacerlo por la arena y permitía mayor concentración en la lectura.)

Pero hoy, a pesar de que la temperatura está sobre el punto de congelación del agua, el frío se multiplica por efecto del viento. Y apenas puedo mantener abierto el libro.

Levanto la vista y veo a lo lejos una visión que parece sacada de un sueño: un jinete sobre su caballo negro recortándose sobre el verde aún discreto, casi tímido, de los campos vecinos que rodean nuestro pueblucho renano.

Tras las largas semanas totalmente cubiertos de nieve, los campos quedaron con la consistencia del barro todavía húmedo. Ahora, apenas dos semanas después los brotes vegetales ya han cambiado la fisonomía y el color del paisaje.

En un mes hemos tenido, así, tres vistas con mucho contraste entre sí: un desierto blanco, un lodazal continuo y ahora el verde aún discontinuo y tenue.

Voy pensando en Chile.

Me pregunto si una de las razones por las que no se desarrolló una gran cultura prehispánica en nuestro país vecino y hermano, se debió a que cualquier intento se vio destrozado cada par de decenios por un gran terremoto.

Los europeos con sus construcciones de varios siglos sin conocer terremotos ni ciclones tropicales no saben qué es eso de que la naturaleza se lleve el fruto de años o décadas de trabajo en un par de segundos.

¿LA CINTA, LA TETA O EL SECRETO?

Aunque no suelo estar atento a la entrega de los Óscar, este año mi interés se ha despertado por la presencia de dos películas en castellano (una de ellas parcialmente en quechua, además) y una alemana entre las películas  extranjeras nominadas.

¿Quién se llevará el Óscar a la mejor película en lengua no inglesa esta vez?

A pesar de que le deseo lo mejor a la coproducción hispanoperuana La teta asustada y de que mi favorita sería la última película de Campanella, El secreto de sus ojos, me inclino a pensar que ganará La cinta blanca.

Película oscura y profunda como pocas la de Haneke, en una época en la que lo profundo suele asociarse a aburrido e innecesario, y lo oscuro apenas se ve ya en el cine.

(Digo esto a las 22:28 de este domingo siete de marzo.)

BALONCESTO Y LECTURA

Temprano por la mañana me tocó hacer de chofer y llevar a mi segunda hija -también adolescente- a su partido semanal de básquet.

En el punto de reunión subieron tres chicas más del equipo.

Como no me atrae demasiado el baloncesto, cuando me toca hacer de chofer (los padres nos turnamos para llevar a las chicas), suelo llevar un libro para leer en las casi tres horas de espera.

Esta vez llevé Trilogía sucia de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez, que estaba por terminar, y un libro de relatos de Raymond Carver, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, que empecé a leer hace años ya y sigo sin terminar del todo. (Siempre termino releyendo los mismos cuentos.)

Para que tengan una idea de la cantidad de cubanismos y otros términos desconocidos para mí que alberga el primer libro mencionado, transcribiré una sola frase que empieza en la página 332 de mi ejemplar de Anagrama:

Las piedras de rayos y los palos de jocuma, carne de doncella, camagua, jagüey y calalú.

¿Son todos relatos autobiográficos?

No lo sé. Pero sí lo dudo.

Demasiadas historias sórdidas e increíbles.

Trilogía sucia parece a veces un compendio de la bajeza humana en sus más diversas manifestaciones.

Si lo que Gutiérrez quería, era exagerar además de contar, lo ha conseguido con creces. Lamentablemente, en desmedro de su prosa ágil y firme, vibrante y con largos alientos de magnífica lucidez por ratos.

Y no me refiero necesariamente a la continua promiscuidad sexual ni a su continua y cruda inclinación por la pornografía (frente a la que Miller y el mismo Bukowski quedan como niños de teta).

Me refiero a la credibilidad que -a mis ojos- pierden sus relatos por recargarlos exageradamente con suciedad diversa (no solo de la material).

Bueno, pues, mi intención era terminar el libro del cubano Gutiérrez, alternando su lectura con el partido de mi hija.

No pude hacerlo porque expulsaron a uno de los padres de nuestras chicas por insultar a los árbitros.

Lo cual da una idea de lo interesante y disputado que estuvo el partido.

Nuestras chicas perdieron al final por una sola canasta. Después de haber perdido la última vez por más de 40 puntos.

Mañana terminaré el libro de Pedro Juan Gutiérrez.

Que empiecen bien la semana.

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HjorgeV 07-03-2010

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Un comentario sobre “¿LA CINTA, LA TETA O EL SECRETO?

  1. Quiere leer a un cubano que le pone los pelos de punta.
    Reinaldo Arenas.

    Rpta.: A Arenas ya lo tengo en mi lista de autores por leer. Veré si tengo la suerte de conseguir algo. Saludos. HjV

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