EL TREN DE LA VIDA

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La vida es un viaje

como cualquier otro.

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Tiene un comienzo y tiene un fin.

Al nacer, tienes en la mano un boleto

para un viaje desconocido

y que no recuerdas haber solicitado.

Al morir, tu boleto ha caducado.

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Como en todo viaje,

te toparás con sumisos, indiferentes y rencorosos.

Con despistados y autómatas.

Dolidos y emprendedores.

Con los optimistas y con los apocalípticos.

Con contentos y descontentos, con revolucionarios y

retrógrados.

Con aventajados, ventajeros o ventajistas.

Y, de vez en cuando

(reconocible muchas veces por la mirada),

con gente que no sabe, honestamente, qué

diablos está haciendo en su propio tren.

.

Tu propia naturaleza te llevará a buscar a tus pares

por los vagones.

Pero no te engañes:

es solo un ejercicio de reflexión óptica.

Después de todo,

escupir al espejo es cómodo y no está dirigido

a ti mismo.

.

Al morir no habrás llegado realmente

(otra de las grandes paradojas de un viaje

salpicado de ellas):

simplemente habrás viajado.

.

Como toda separación, comportará

un trauma.

.

Pero no olvides que

hay gente que decidió elegir sus itinerarios

y sus propias rutas y fue feliz.

Pero también hay aquella que aceptó lo puesto en el boleto

y lo fue de igual manera.

.

En el camino te encontrarás con

vendedores y compañeros de viaje,

con conductores, revisores y controladores.

Con accidentes, con las burlas del clima

de allá afuera y las vicisitudes y cuitas

de los demás viajeros.

.

Lo tomes a bien

a mal o a peor,

en tu viaje hay una regla irremediable:

primera o segunda clase, controlador o conductor,

a larga (o a la corta) nadie

estará nunca contento con el lugar que

le ha tocado.

(Ni siquiera si ha tenido que luchar

por conseguir uno nuevo en otro vagón.)

.

Tal vez el truco está en tratar de impedir

que ese descontento te anule.

(Y en hacer lo que te gusta con verdadera pasión.)

.

La otra regla también es sencilla.

Pases adelante o atrás,

a izquierda o derecha,

incluso si llegas a conducir el tren:

no podrás detenerlo.

Ni nadie podrá hacer el viaje por ti.

.

No importa cuánto patalees, grites o golpees

tu tren no se detendrá.

(Tirando del freno de emergencia

solo conseguirás llegar más rápido al

mismo destino).

.

El esfuerzo constante por apoderarse

del mando del tren es otra de las

características innatas de sus pasajeros.

.

Otra es que existe la tendencia a cerrar los ojos

cuando se viaja en un asiento mullido.

.

Defiende, por eso, a los más débiles

y no soportes las injusticias.

Aunque sea porque alguna vez

fuiste un débil arrastrándote a cuatro patas y un chupón

en la boca.

O simplemente porque la lotería no se

llamaría así si todo se supiera de

antemano.

.

(O porque resulta que el débil eres tú y

sigues sin enterarte.)

.

Aunque es el tren de tu vida

-con un solo punto de llegada y un solo destino-

no olvides que

es el tren de muchos más.

.

Acaso la única condición que

se podría poner para abordarlo

sea acatar un simple letrero:

.

Usted no viaja solo.

Tiene la obligación de hacer agradable el viaje

de los demás pasajeros”

.

Por lo tanto,

aprende pronto que el caos forma parte

del orden del sistema.

.

Aprende y practica a saludar a tu paso.

(Que el saludo final no te encuentre

desentrenado.)

.

Usa mucho tus ojos y tus sentidos.

No hay ninguna ley que garantice la

felicidad de los pasajeros.

.

Con un poco de suerte, humildad

y mucho trabajo

(este te ayuda a dejar de pensar qué diablos

haces allí o simplemente a olvidar que es un

simple y largo paseo),

habrás aprendido a

apreciar

desde el fondo de tu particular ventanilla

tu propio viaje.

.

.

…..HjorgeV 10-03-2010

2 thoughts on “EL TREN DE LA VIDA

  1. Sí, la metáfora del viaje en tren es buena para explicar este juego. Algunos se acomodan bien otros de pie esperan acomodarse y justo cuando ya están bien cómodos, llegan a la estación y ya tienen que bajar. ¿Habrá más viajes después de este? Esperemos simplemente. Un fuerte abrazo Jorge desde Ventanilla donde todo es sol y alegría.

    Rpta.: Hola Jorge: Sí, la metáfora del viaje, del movimiento. En este caso, sin habernos movido apenas (al final) porque nunca vamos más allá de nuestra piel. Si hay más viajes es algo que carece de importancia, porque, en todo caso, no parece quedar memoria de los anteriores. Así, cada viaje sería único e irremplazable. Menos mal. (No quiero ponerme a pensar qué sería la vida con gente que, sabiendo que tiene más oportunidades, juega aún peor con esta.) Saludos desde estos lares soleados pero a la temperatura de congelación del agua. HjV

  2. Jorge,
    Ahora me doy cuenta que lo que pasó conmigo es que estuve viajando al negro y en el Ring en Berlin. Daba vuelta por las ciudad sin llegar a ningún lado y era feliz. Por suerte, nunca me controlaron, o al menos no me di cuenta.
    En cambio ahora pago mi boleto todos los días, tengo destino fijo, pero estoy mas perdido que…
    Una de dos, o logro meterme al bolsillo al conductor y los pasajeros o aplico pie derecho antes de llegar
    a la parada.
    Saludos,
    Daniel

    Rpta.: Hola, Daniel. La impaciencia es parte de nuestra naturaleza. Sobre modos y estilos de vida, tengo muy poco que decir. Sin metas concretas, me imagino que las dificultades pueden llegar a ser muy pesadas. El que tiene una o más metas concretas, aguanta más las vicisitudes que el que no las tiene. Ahora, si tener metas es lo ideal, ya es otra cosa. Por lo menos teniéndolas, se evita mirar al abismo. Creo. Saludos desde Colonia. HjV

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