JANIS JOPLIN: SUMMERTIME (Estocolmo, 1969)

¿Cómo podía saber que apenas al año siguiente de este concierto en Gröna Lund -un parque de atracciones de Estocolmo, Suecia- dejaría este mundo por la puerta dorada de los heroinómanos?

Con interpretaciones como esta, Janis Lyn Joplin (Texas, 1943-Los Ángeles, 1970) cimentó su mito de alma africana metida en un cuerpo anglosajón.

¿Cómo podía saber que iba a morir de un tiro dorado (una sobredosis traicionera de heroína), tras retirarse a su habitación de motel para poder entregarse a uno de sus escapes favoritos?

Se había pasado el día grabando.

En el parqueo del Landmark Motor Hotel había quedado su automóvil.

Un descapotable alemán alemán pintado a mano por un amigo al más puro estilo psicodélico de la época.

Era el Porsche 356 Cabriolet (se lee la e final de este apellido alemán) de la mujer que habiendo sido una gran rebelde, dejó grabado -a capella- todo un himno a otra marca alemana:

Oh Lord, won’t you buy me a Mercedes Benz ?
My friends all drive Porsches, I must make amends.
Worked hard all my lifetime, no help from my friends,
So Lord, won’t you buy me a Mercedes Benz ?

El símbolo femenino de la contracultura de los sesenta, de propagandista gratuita de una transnacional. (A la Southern Comfort le pidió dinero por las fotografías en las que aparecía con una botella de esa marca y recibió seis mil dólares.)

Y es que mucho era una contradicción abierta como una herida supurante en la vida de quien prefería que la llamaran Pearl, perla.

Si el jazz -como la ficción escrita- es la libertad absoluta dentro de un orden absoluto, esa libertad se la jugaba Joplin al borde del abismo de sus tormentos personales.

Se dice que llegó a a abandonarse y a pesar 35 kilos. En un cuerpo de casi un metro setenta.

En Lousiana descubrió su amor por la música de sus antepasados espirituales: el jazz y el blues que brotaba de las tabernas como agua para una sedienta.

Pero no era solo un alma negra y sed de música lo que llevaba dentro.

Era el demonio de sus contradicciones no aceptadas (y en forma de dos potentes drogas: heroína y alcohol) que no la dejaba en paz y la perseguía implacablemente.

Para resistir al acoso de sus tormentos, Joplin mantenía su libertad creativa y prestaba su voz al rechazo de una libertad robada -la esclavitud- y su rezago, el racismo.

Su propia esclavitud a la heroína -droga escapista por excelencia- la hizo trastabillar a una temprana muerte por sobredosis a los 27 años de edad.

Poco antes de morir había visitado la tumba de su otra heroína, la cantante que más admiraba, Bessie Smith (1894-1937), la Emperatriz del Blues, descendiente de africanos.

Tras comprobar que había sido enterrada de forma anónima, le hizo construir una lápida.

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HjorgeV 08-04-2010

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One comment

  1. Janis, sus interpretaciones en Woodstock fueron fenomenales y dichas grabaciones son todo un clásico de fines de los sesentas; algunos dicen por ahí que Amy Winehouse tiene su tono de voz.

    Detalle: esta versión de “Summertime” (tema interpretado también por The Who) pasó a ser “traducida” (como el 99% de la llamada “nueva ola” en Perú y América Latina) como “popotitos”… definitivamente prefiero la versión original, así como en “Last kiss” o “Black is black”)

    Rpta.: Hola, Eduardo. Pensaba que muy pocos conocían la versión original del tema de Gershwin, una nana, en realidad, en su ópera Porgy and Bess de 1935. Lo de la traducción que mencionas no lo entiendo. Saludos cordiales. HjV

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