ETERNIDAD DEL MOMENTO EFÍMERO

I

Ocho de la mañana. Domingo. Despierto porque nuestro hijo menor acaba de decir: “Tengo hambre”. Desde el entresueño percibo una mañana especialmente luminosa y creo reconocer varios tipos de aves (que desconozco) por sus diferentes cantos.

II

Pasamos una velada agradable anoche, cenando con I.

Al salir del C. (el restaurante que visitamos, del cual espero que no baje de calidad ahora que ha cambiado de dueño), observo una escena insólita que me hizo recordar una antigua amiga y novia común: un hombre y una mujer caminan abrazados como una pareja cualquiera más. Una segunda mujer va al lado de la primera.

En lo que yo creo que es un descuido del varón, me parece ver que las mujeres se besan en la boca. Observo con más atención y me doy cuenta de que no ha sido un error de mi percepción.

El hombre del trío se da cuenta de que he observado la escena y lanza una mirada furtiva en nuestra dirección.

-¿Cómo se llamaba? -pregunto a I., tratando de ocultar mi estupefacción porque no he podido interpretar la reacción del hombre: ¿Vergüenza? ¿Orgullo? ¿Indiferencia?

I. se demora en contestar porque está mi esposa con nosotros. Entonces aclaro la pregunta, I. la responde y luego le explico a mi esposa que J. era una muchacha que confesaba abiertamente su bisexualidad.

-¿Sabes qué? -me dijo una vez J.-. Me gustan los hombres. Pero a veces tengo un deseo irresistible de besar a una mujer. De tirarme sobre ella y devorarla a besos.

III

Aunque no está mal, la calidad de mi churrasco no es la que esperaba. Se acerca el camarero, hijo del nuevo dueño, me pregunta si estoy contento y se lo menciono de buena onda.

-Está muy escasa la carne argentina por esta época -es su respuesta.

IV

No veía a I. desde el año pasado.

Hablamos de la gente que hemos visto, preguntamos por viejos conocidos, hacemos el recuento de nuestras vidas de los últimos meses. Como siempre, condimentamos y salpicamos todo con frecuentes y largas carcajadas. Mi esposa (alemana), nos mira y mueve la cabeza. Nos conoce. Ella también lo debe disfrutar a su manera, sino no estaría allí con nosotros.

I. me cuenta que le acaban de publicar otra novela en su país. Le cuento que he trabajado en cinco historias  (cuatro novelas y un relato largo) en los últimos tres años y medio y que estoy en el restaurante porque estoy celebrando el cierre de un capítulo de mi vida: deseo hacer una pausa mental y concentrarme hasta fin de año en ahorrar para viajar con toda la familia a Lima. Somos seis personas.

-¡Seis personas! -exclama I., porque tiene una hija y sabe lo que significa cuidar de seres humanos en pleno crecimiento.

V

Truman Capote decía que su mayor dificultad como escritor consistía en cómo emplear todo lo que sabía, todos sus recursos y habilidades, para condensarlo en una novela.

¿Cómo poner todo lo que se sabe -y todo lo que se cree poder- al servicio de una ficción?

“Un escritor escribe lo que puede, no lo que quiere”, he vuelto a leer en alguna parte no hace mucho.

Gran y dura verdad.

De mis cinco historias, dos han quedado incompletas. Esto me frustra y me anima a la vez. En la pausa mental que me he autorecetado, tengo pensado pulirlas y tratar de terminarlas.

VI

Mi última historia es negra y se inicia con el asesinato de toda una familia de la clase alta limeña.

El personaje principal, sin ser el responsable de la investigación policial, se sumerge más de lo necesario en el caso y termina arriesgando su vida. (Acaba de pasar por una gran decepción amorosa y una crisis existencial tales que los conceptos de vida y muerte han perdido cierto sentido para él.)

Pronto se da cuenta de que hay una mano larga y oscura detrás del asesinato. Él lo sabe y sabe también que -justamente por eso- quedará como un caso sin resolver. Aún más. Sabe que de seguir intentando hallar a los culpables, tendrá que morir.

Sin embargo, no se rinde y sigue buscando la forma de concluir la investigación de manera indirecta, sin arriesgar su vida.

En la versión actual, el final de la historia es abierto.

El personaje principal ha escapado a dos atentados contra su vida y lleva una gran cicatriz en el cuello y parte del rostro. Se ha vuelto un sujeto melancólico y terco. Alguien que desea vivir pero que, también, quiere resolver el caso, por más que eso contradiga sus deseos de vivir.

VII

Cuando la pareja de alemanes de la mesa vecina se levanta, me dirijo a ellos y ruego disculpas por nuestras constantes risas y carcajadas. Así es con I. Cada vez que nos encontramos, hacemos una buena cura de humor.

-Al contrario -me responde él-. Nos hemos sentido como en vacaciones.

VIII

09:45 de la mañana.

A las 11:00 debo presentarme a trabajar.

Ahora que termino estas líneas, me siento como mi personaje melancólico y terco.

Alguien que, sabiendo que tal vez no encontrará el final de su historia, sigue, continúa.

Inquebrantable.

Como si la luz que lo guiara fuera un agujero negro.

IX

Entre mis apuntes vuelvo a toparme con tres líneas. No sé qué hacer con ellas.

X

Soy nudo, litio, polvo, caverna, sol.

Eternidad del momento efímero.

Duda mordiente, boba luz.

.

.

HjorgeV 18-04-2010

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