APUNTES 3

I

Oh, domingo. Domingo de resurrección, de pascua, de carnaval. Tantos nombres de domingos. Domingo de descanso obligado, de ajetreos familiares. Domingo de resacas impostergables.

He escuchado -aprendiendo- durante horas (y alternándolo con la lectura de una novela y el trabajo de familia, que no debería llamarse trabajo) dos canciones con el embeleso de quien ha descubierto la música por primera vez en su vida.

Una, The shadow of your smile, cantada a dueto por dos personajes dificultosamente asociables (por la diferencia de edad, estilos y procedencias): Tony Bennett -uno de los últimos crooners vivos- y el colombiano Juanes.

La otra, As time goes by (1931), famosa por la película Casablanca (1942).

Como la conexión a la Red no funciona bien desde hace días en este pueblucho de los arrabales de Colonia, me he pasado horas escuchando con atención las dos canciones desde su comienzo  hasta donde se detenía la transmisión desde Youtube.

Así he podido apreciar -gozándolos- detalles de la orquestación y de la armonía de ambas, de paso que aprendía las melodías y las letras.

II

He visto a mis dos hijos menores jugar en el jardín y lo he hecho con la fascinación de quien no es padre y añora serlo.

Con un dolor extraño he contemplado también como mis dos hijas mayores -casi señoritas- cada vez se desprenden más de la rutina familiar.

Luego, el cuento que habían escogido J. y A. como lectura de buenas noches resultó ser sobre dos tipos de conejos: los de campo y los de una granja.

Los primeros no conocían a su padre y vivían separados entre sí para poder enfrentarse mejor a los peligros de la naturaleza.

III

Contemplar la vida me está causando cierta extrañeza melancólica en estos días.

Y eso, a pesar de varios golpes de suerte y de que se me acaba de cumplir (el inicio de) un sueño: he vuelto a cantar en público después de más de tres años sin hacerlo.

La pianista rusa que me acompaña estuvo más nerviosa que yo en nuestra primera presentación.

Pero lo pasamos bien. Por lo menos yo me divertí. (Solo sudé frío cuando me equivoqué al pasarle equivocadamente el tono de una canción y tuve que interrumpir esta al darme cuenta de que no alcanzaría las notas más altas. El público colonés, muy educado, hizo como si no lo hubiera notado. Antes me había pasado varios años cantando casi a diario, de tal manera que me sentí cómodo rápidamente.)

(Al llegar al lugar de la actuación, me sentí como en París por el gran número de terrazas de restaurantes y bares repletas de público ansioso de cargarse de luz solar.)

Mi lista de temas a cantar (y aprender) va por el guarismo 156.

Como llevamos ensayadas unas 30 canciones en dos meses, espero que para fin de año hayamos revisado todos los temas.

El sueño es básico, elemental como la escritura de una cifra absurda: dominar el repertorio de un crooner moderno.

Como soñar no cuesta nada, de paso, revisaré varios idiomas que tenía bastante descuidados.

La idea es que la música me sirva de equilibrio mental en estos meses que se vienen de duro trabajo.

Lo que obtenga con este desquiciado proyecto -aparte del placer de cantar- será secundario.

IV

Acabo de comunicarle a mi madre que podré invitarla a pasar un par de meses aquí en Alemania y he podido sentir en su voz por el teléfono cierta preocupación.

Como diciéndome que ya no es la más joven.

Luego hablé con mi tía más anciana y por primera vez en muchísimos años noté debilidad en su voz.

IV

Terminé la novela de Roberto Ampuero que avanzaba a rachas, más por curiosidad que por nada.

El chileno acaba de presentar su último libro en Colonia y debo imaginar que se encuentra de gira promocional por el resto de Yérmani.

Estoy seguro de que la traducción al alemán ha dado un mejor libro. Más mesurado, menos barroco.

Me cuesta decirlo (porque nadie tiene derecho a desdecir ni menospreciar el trabajo de otros), pero su novela Boleros en La Habana me ha parecido a ratos un buen compendio de cómo no se debe escribir una novela.

Mejor dicho, de los errores que hay que evitar a toda costa.

V

Veo a mis hijas adolescentes preocupadas por su aspecto, pensando como un consumista cualquiera más.

Por concentrarme en trabajar, en ganar dinero para mantener mi familia, ¿descuidé la educación familiar?

VI

Saudade. Nostalgia. ¿Nostalgia del futuro, de un presente que se escapa continuamente entre las manos? Nostalgia simple.

Melancolía es como un baño de vapor oscuro que me atraviesa el cuerpo.

Anoche he bailado, reído, entretenido y mantenido durante largas horas una buena sonrisa. Profesional.

Hoy apenas puedo salir del hoyo, del túnel, del pozo.

Me duele hasta el lugar donde no estoy.

Pero puedo percibir ese lugar como un contorno (nunca quieto) mío.

Como un hijo que se ha ido demasiado temprano y anda rondando mi memoria.

.

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HjorgeV 25-04-2010

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