SERGIO BARANDIARÁN: COCTEL SELVA NEGRA

[Recibí el libro por correo, enviado -a solicitud expresa de este bitacorero- por el mismo autor. Lo había conocido en una presentación de su libro aquí en Colonia y fui de los que pusieron de pie para aplaudirlo. Sin embargo, al empezar a leerlo y tras pasar el agradable comienzo, empecé a dudar. Peor aún, ¿qué le diría al simpático y ameno autor si al terminar la lectura quedaba completamente decepcionado con su obra?]

He terminado Coctel Selva Negra con pena, con nostalgia de su continuación (otra vez nostalgia del futuro).

Creo que este es uno de los mejores elogios que se pueden hacer de cualquier libro o trabajo: desear que continúen.

Sin embargo, eso no significa que esta obra primera de Sergio Barandiarán (Lima, 1963) esté exenta de defectos.

Al contrario.

Para empezar (y este no es un defecto), como una novela, no lo es, tal como lo anuncia la contraportada y esta misma se encarga de desdecir. Transcribo:

«Sergio Barandiarán ha escrito una novela desenfadada. Coctel Selva Negra es un conjunto de historias de género que, en su conjunto, constituye la más atrevida apología a la diversidad sexual en la narrativa peruana […] El lector que se enfrente a estas páginas, no dejará de sorprenderse con el manejo de las situaciones; las mismas que, en determinados momentos, lo pueden ubicar frente a una novela de viajes; otras, inserto en las páginas de un diario y, en su mayoría, como el concentrado receptor de una inusitada confesión que lo dejará conmovido y sin fuerzas para cuestionar las diferentes características del género erótico»

Tal vez fue esta versatilidad -de los capítulos en que está dividido el libro, un verdadero cóctel- el origen de mi primer desconcierto, y que estuvo a punto de hacerme naufragar como lector.

Barandiarán salva bien este escollo (el de la versatilidad), manteniendo una voz narrativa clara y nítida, reconocible como única a lo largo de las 150 páginas y las diversas facetas de su relato.

Por otra parte, pronto se me instaló una duda (en mi juicio como lector): ya que no se trataba de una novela convencional, ¿se perdería el libro en un simple anecdotario homo-debutante, es decir en las peripecias del narrador en su salida del armario?

O, peor, aún, ¿se enfangaría la narración en ese chismorreo continuo que es otra de las características reconocibles de Coctel Selva Negra (Ediciones Altazor, Lima, 2009)?

Confieso que -enemigo acérrimo del chisme, del chismorreo, sobre todo de aquel entendido como deporte gratuito, irresponsable y absolutamente banal- estuve a punto de cerrar el libro y comunicárselo a Sergio:

Lo siento”, tenía pensado escribirle. “No he podido con tu libro. Pero ha sido cosa mía”.

Con todo, continué.

Entonces descubrí que el libro posee, a la vez, tanto el encanto de toda historia de desnudamiento personal (con esto último en el sentido también literal de la palabra) como el riesgo de haber sido usado como simple pretexto para lo mismo.

Creo que Barandiarán sale bien parado de esta/e Gratwanderung (término alemán que alude al equilibrio sobre una alta línea entre dos abismos o al borde de un precipicio).

Es así, principalmente, porque el ojo del autor se empina sobre los posibles defectos del libro y, además, ese ojo avizor barandiarano es culto y versado, y tiene su propio humor y una agudeza que son acaso de lo mejor de Coctel Selva Negra.

Para terminar con los defectos, me permito tres anotaciones.

A) El salto que el narrador da de su vida heterosexual e ‘inocente’ a su vida promiscua homosexual se queda en el aire, según mi pobre parecer.

Desconozco de este tipo de lides, pero no me imagino a nadie alterando radicalmente su personal opción sexual más o menos de golpe. Barrunto un proceso, una lucha fortísima de contradicciones internas que no se resuelve de golpe (si es que se llega a resolver alguna vez).

Extrañé uno o varios capítulos enteros que lo atestiguaran. (También podría haber bastado con una sola línea como elemento de transición. Esa es la magia de la escritura, cuando es magistral.) (Aunque también puede ser que haya hecho una falsa lectura del libro.)

B) La narración está plagada de expresiones -y hasta frases- en varios idiomas que se exponen sin explicación ni ayuda alguna. (Para alguien que domina varios idiomas-como el mismo cosmopolita Barandiarán- puede ser un entretenimiento o, incluso, pasar inadvertido; para el lector común y silvestre puede resultar una verdadera carga.)

Para finalizar con los puntos en contra:

C) Una buena labor de corrección del texto habría espulgado y expurgado varios errores típicos: especialmente en los tiempos gramaticales (“Yo vivía hace tres años en Friburgo cuando llegó…”, p. 85, el remarcado es mío); o como el de permitir dos veces el mismo error (“embelezaba”, p.156 y “embelezado”, p.158, que se escriben ambos con s y no con z, por provenir de ‘embelesar’).

Posibles defectos aparte, concentrémonos ahora en las virtudes del libro.

  1. Empieza y acaba muy bien. Es de los libros que se comienzan y uno queda enganchado a la lectura, así como de los que se cierran con la pena de abandonar todo un universo (y a todo un buen narrador).

  2. El lenguaje es preciso, a pesar de su uso -exagerado a mi parecer, como ya lo advertí- de frases y términos en diferentes idiomas sin traducir. Pero aún este uso es correcto.

  3. Barandiarán crea con anécdotas y secuencias propias de un diario personal, todo un derrotero narrativo que provoca (per)seguir.

  4. Se trata de un libro divertido e interesante.
  5. El capítulo final -a pesar de su misterio, por el cambio de identidad del narrador, o tal vez, precisamente por eso- me parece genial.

  6. Son de alabar el buen gusto y la astucia narrativa con los que el narrador nos muestra el gran abanico de la diversidad sexual humana y la gama de sus opciones sexuales.

  7. Coctel Selva Negra ha despertado mi curiosidad por este escritor peruano.

Barandiarán ha tallado sobre el papel un retablo interesante, lleno de escenas y personajes únicos en bajo y altorrelieve, con destinos y caminos que se cruzan o se separan para siempre.

Transcribo el comienzo:

¿Y si me quedo aquí? No había pasado ni una hora desde mi llegada, estaba dando un paseo nocturno por el centro histórico de Friburgo y, a pesar de la oscuridad, el frío y la llovizna de marzo, sentía dentro de mí la inquietud de que iba a permanecer mucho más tiempo que el que tenía programado en la capital de la Selva Negra. Estaba encantado con su atmósfera medieval de callecitas adoquinadas bordeadas de acequias. Si en ese momento una gitana me hubiera dicho que no pasaría allí cuatro meses sino quince años no lo habría podido creer pero igual la habría abrazado con entusiasmo.

Tengo la impresión de que la intención inicial fue escribir retratos de la gente con la que se iba encontrando en su segunda vida en Alemania y que -sólo- después se le ocurrió reunirlos en un flujo continuo liderado por su propia trayectoria personal. (De allí, que me resulte difícil catalogar su trabajo como una novela.)

Sin embargo, son otras las cuestiones que me aguzan.

¿Cómo rendiría este limeño en una novela de corte “clásico”, es decir, en una historia con un argumento, con un comienzo, una trama y un final determinados?

En Coctel Selva Negra Barandiarán se balancea por partes entre el chismorreo puro y la maestría de quien sabe contar bien sus cosas.

Como un buen equilibrista vestido de bufo, el autor sale bien parado de sus acrobacias.

Por eso creo que puede dar para mucho más.

Me imagino al narrador con un estilo un punto (o varios) más alejado, elevado de la realidad.

Habiendo aumentado su sentido de la observación (uno de sus fuertes), pero con verdadera sobriedad, quiero decir.

Un Sergio Barandiarán (no confundir con el escritor superventas Sergio Bambarén, también peruano) más sobrio y maduro en sus herramientas narrativas.

Alguien perfectamente consciente de que, si bien, un chisme, una infidencia o una indiscreción bien contados pueden llegar a ser -vamos a decir- interesantes o conmovedores, la meta final de todos ellos es de carácter meramente informativo.

Un Barandiarán más concentrado en sus artes de narrador, me haría dejar mi labor del momento para interesarme por su nuevo libro.

Y esto último no es una metáfora.

Porque si una gran virtud tiene Coctel Selva Negra es la de dilucidar, anunciándolo y presagiándolo, a un narrador con grandes recursos.

A alguien sabedor de que, quien cuenta, tanto muere como insufla vida por la boca: ergo por su arte para decir las cosas.

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HjorgeV 04-05-2010

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One comment

  1. Bueno, yo no solo voy hablar de esta obra si no quiero hacerle expresar mis más grande cariño y gracias a este queridisimo escritor peruano por hacer obras tan expectaculares para la vida misma, para ayudarnos a llevar una vida mejor, para ser grandes, ya que en este mundo que estamos viviendo se ve que a nosotros los jóvenes con mayor frecuencia se nos presentan problemas de la personalidad, trastonos mentales (no quiere decir locura, si no enfermedades como la depresion , ansiedad , etc.) que hacen que poco a poco sin darnos cuenta acaben con nuestras ganas de vivir y a estar desanimados (aburridos), llevándonos muchas veces a caer en vicios como la droga, el alcohol, etc . Es así que este escritor en sus obras nos da aliento, fortaleza. Admiro a este gran escritor peruano como yo . Bueno tengo 19 años y me he leído todas sus obras son espectaculares y como alumna de psicologia lo recomiendo a mis amigos . Le escribo desde TUMBES- PERU.

    Rpta.: Hola, Karla. Seguro que Sergio Barandiarán se alegrará de leer tu comentario. Gracias por tomarte la molestia de escribir. Saludos desde las nieves de Colonia. HjV

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