EL D10S QUE NOS MERECEMOS

De Maradona y, en general, de los latinoamericanos, el alemán se suele burlar.

Es su forma de ser, para replicar también con un cliché.

Lo hace con más, menos o ningún cuidado, con mayor o menor discreción, pero es un lugar bastante común. Como si quisieran decir:

¡Tantas riquezas naturales, tanto pasado y cómo están ustedes los latinoamericanos!”

Lo suelen hacer de buen grado, como queriendo imitar el buen humor que ellos nos atribuyen -también como un cliché- y como si hacerlo encajara con nuestra idiosincrasia y así no se notara.

En el partido de Chile contra Suiza, se volvió a repetir la figura.

Cuando se produjo la expulsión de Valon Behrami por un manotazo a Arturo Vidal, nadie menos que el teatral Oliver Kahn fungiendo de comentarista para la televisión alemana, espetó indignado:

¡Típico sudamericano!”

Se refería a la caída teatral del chileno, llevándose las manos a la cara para expresar su dolor y así provocar la amonestación del rival suizo.

Al margen de si lo de Vidal era solo teatro o no, cuando un jugador suizo hizo lo mismo en un incidente mucho menos intenso pocos minutos después, Kahn, por supuesto, no dijo:

“¡Típico suizo!”

De Mundiales ya pasados, y, en general, de los comentaristas deportivos, recuerdo el especial encono con que los alemanes suelen tratar a Maradona.

Eso es algo que ahora, por su posición de entrenador de su país, se ha generalizado.

-Será todo lo bueno que quiera -me dijo una de mis vecinas el otro día, viendo un partido en su casa-, pero dicen que como persona es una calamidad.

Bueno, lo he traducido “civilizadamente”, por así decir.

Por lo demás, equivalentes de cocainómano o coquero, y drogadicto, son los términos que se suelen usar para referirse a Diego Armando Maradona.

¡Una persona con problemas de drogadicción!, nada menos.

No importa que este Mundial esté patrocinado por una droga (el alcohol que vende Heineken con sus cervezas) ni que los alemanes con sus 116 litros por persona por año lideren las listas de consumo mundial de cerveza.

Maradona es sudamericano.

Que es, más o menos, como decir “culpable”.

Vamos, estoy exagerando. Pero no demasiado.

Sin embargo, todo está cambiando en estos días.

Empiezo a percibir un nerviosismo generalizado entre mis convivientes teutones.

Los alemanes empiezan a temer que su selección no pase siquiera de la primera ronda y ya empiezan a redistribuirse sus preferencias.

Si esta noche Alemania pierde, muchos alemanes tomarán entonces a Brasil como guía espiritual.

El segundo partido del equipo de Robinho y Kaká (este último -sudamericano- no hizo ningún teatro cuando lo expulsaron injustamente en el partido contra Costa de Marfil porque Kaider Keita se llevó teatralmente las manos a la cara a pesar de haber sido tocado por el brasileño en el pecho), por ejemplo, lo vi en un restaurante latino al lado de una pareja de alemanes que primero tomé por brasileños por sus camisetas de la Canarinha.

No son los únicos en este país.

Puede parecer una paradoja esta inclinación, pero no olvidemos que, después de todo, los brasileños están jugando como alemanes: a Dunga le importa el triunfo, todo lo demás no.

EL SÍNDROME HITLER

A este reacomodamiento -que se da en también en la política de este país y que no creo que sea una característica solo alemana- lo llamaré el Síndrome Hitler.

Es lo que podría explicar el ascenso y el auge del nacionalsocialismo en este país.

Podrá ser todo lo malo que quieras”, habrán dicho muchos alemanes en su momento, “pero allí está Hitler: victorioso y manteniendo el país en orden”.

Es lo que explica también, se me ocurre ahora, los disparates criminales de los poltíticos israelíes en los últimos tiempos y, obviamente también, la derechización de la política europea de los últimos años: la gente empieza a tomar partido por alguien o algo y no desea hacerlo por quien considera perdedor.

¿Cuántas elecciones de las llamadas democráticas por todo el mundo se habrán resuelto no por convicciones políticas sino por esa tendencia humana a alinearse con el ganador?

Bueno, pues.

De seguir las cosas como van, es probable que el alemán termine reconciliándose con nadie menos que con Maradona.

De salir Argentina campeón mundial, me atrevo a decir que muchos alemanes le perdonarán casi todo, como a Hitler, cuando empezó a sentirse el amo del mundo y a actuar consecuentemente.

Aquí en Alemania, incluso, se usa mucho un dicho –Ende gut, alles gut– de difícil traucción y que proviene del título de una obra de Shakespeare, All’s well that ends well.

A buen final no hay mal principio. Bien está lo que bien acaba. Lo importante es cómo terminan las cosas.

Un buen final hace olvidar todo lo demás.

Si Jesús -dice ese cuento de hadas que es la Biblia- murió para resucitar, ¿qué mejor explicación para las escapadas de Maradona, y que lo llevaron al borde de la muerte justamente, que haberle servido para poder resucitar en este Mundial?

¿Qué mejor demostración de la existencia de D10S (por el número 10 de su camiseta) que su resurrección?

Si dios existiera (y fuera sensato, honrado y trabajador), entonces acaso estarían prohibidos los Mundiales y él estaría dedicado a resolver los verdaderos problemas del mundo.

(Y volvería a haber Mundiales de Fútbol cuando consiguiera resolver la pobreza, la injustica, la violencia y el hambre planetarios).

Como dios no existe (o, por lo menos, se hace el desentendido), acaso tengamos que contentarnos con uno terrestre.

Un dios más hecho a nuestra medida: pletórico de errores y absurdos, tonterías, peligros y contradicciones.

Uno de grandes triunfos y grandes derrotas.

Uno de grandes pasos y graves caídas.

Un dios tonto e inteligente. Glorioso y desastroso a la vez.

Cariñoso, eso sí.

Como Maradona.

Acaso el D10S que más nos merezcamos.

.

HjorgeV 23-06-2010

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One comment

  1. Hable usted un poco del gol de Luis Fabiano en el ultimo partido de O Canarinha. ¿Sabe usted que el árbitro fue consciente de la doble mano del goleador carioca?
    Pelé al respecto dijo que el gol de Luis Fabiano tiene un poco de él, sombrerito en Suecia 58, y un poco de Maradona, La Mano de Dios México 86.
    Ja.

    Rpta.: Hola, Román. En la sección +MUNDIAL ya toqué el tema. Interesante lo que dice Pelé. Aunque para mí mano es mano y la única excepción de la historia ya ha sido hecha en México 86. Geniales la “falsificación” de Maradona y su comentario: “Si hubo una mano, fue la de dios”. O sea, la suya. Saludos. HjV

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