AGUA, CENIZAS, POLVO ENAMORADO

Acabo de leer que en el centro de Nueva York, en la zona cero de Manhattan, obreros de la construcción han encontrado los restos de un navío mercante del siglo XVIII.

Un ancla de unos 50 kilos de peso, hallada no muy lejos del mismo lugar en el que según antiguos mapas antes había un embarcadero, sería un claro indicio de que hace 200 años la zona en la que alguna vez se alzaron las Torres Gemelas estaba cubierta por agua.

Se sospecha que la embarcación de 10 metros de eslora fue dejada allí como relleno para ganarle terreno al río Hudson.

¿Manhattan sobre un río?

¡México en una laguna!

Esto último lo cantaba el mexicano Jorge Negrete allá por 1945, tiempos de ñangué o de nuestros padres o abuelos, el año en que Hiroshima y Nagasaki fueron víctimas de acaso los peores atentados terroristas de la historia (220.000 muertos y un guarismo parecido de heridos por dos bombitas lanzadas por los EEUU de Harry Truman) y la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin.

El cantante y actor de la época de oro del cine mexicano lo cantaba en una ranchera de la película del mismo nombre: Me he de comer esa tuna.

La afirmación no era exacta, porque la llamada laguna de México solo era el sector occidental del lago de Texcoco.

Aunque hoy pocos lo sepan y no se note, la cuenca lacustre del valle de México alguna vez estuvo formada por cinco lagos (Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco) que hoy han desaparecido casi por completo, principalmente por efecto de la mano del hombre.

(Sus aguas eran salobres o, si dulces, no aptas para el consumo humano.)

México es un ejemplo, pero hay muchos más.

La actual Plaza de Armas del Cuzco, la capital del Imperio Incaico, era un pantano que los incas desecaron y sobre el que luego fundaron la ciudad milenaria.

(Se dice que Pachacútec, el noveno inca de la dinastía imperial, habría terminado de secarlo con arenas traídas de las orillas del Pacífico, al otro lado de los Andes.)

La historia del hombre está ligada indisolublemente a su relación con el agua: lagunas, manantiales, ríos, mares.

Curiosas situaciones ha parido esta relación.

En el 2003, por ejemplo, se produjo el mayor traslado de obras de arte desde la Segunda Guerra Mundial: 100.000 obras artísticas fueron trasladadas fuera de París por temor a que un desborde del Sena pudiera inundar los almacenes subterráneos que las albergaban.

Lo que un día dio vida, puede volver a quitarla.

En el 2007 se recuperaron 55 cadáveres de las aguas del mismo río que atraviesa la Ciudad Luz y que nació sobre uno de sus islotes, en la llamada isla de la Cité.

Otras ciudades se han esforzado por no separarse de sus aguas fundacionales y han terminado siendo sus víctimas.

Venecia (la única ciudad en el mundo de cuyo nombre se ha derivado el de un país, adivinen), en realidad un archipiélago de 120 islas, 150 canales y 455 puentes, se encuentra gravemente amenazada por las inundaciones periódicas que sufre.

Aunque existen ciertas predicciones que vaticinan el hundimiento de Venecia, su destino final probablemente estará muy lejos del de la Atlántida, por lo menos tal como lo refirió Platón por primera vez en sus diálogos Timeo y Critias (también llamado La Atlántida este último).

(Charles Aznavour ya compuso Venecia sin ti. Ahora solo faltaría Tú sin Venecia.)

¿Y qué decir de Ámsterdam?

(En holandés se pronuncia como palabra aguda y no como esdrújula.)

En la «Venecia del norte», en la Ciudad de las Bicicletas (que tiene casi tantos ciclistas como habitantes -700.000- y en la que cada año son robadas 80.000, de las cuales 25.000 van a parar literalmente al agua, o sea a sus canales), la relación se solucionó con canales y con sus casi 1.300 puentes.

¿Y Colonia, en cuyos arrabales vivo?

En su casco viejo (Ciudad Vieja en alemán, Altstadt) existen varios edificaciones con marcas certificadas sobre sus paredes.

Atestiguan las crecidas, desbordes e inundaciones históricas del río Rin.

El último desborde memorable ocurrió en el 1993, año en el que la Ciudad Vieja colonesa quedó completamente inundada por las aguas del Rin:

10,63 metros por encima del nivel considerado como habitual del río.

Del polvo vienes y en polvo te convertirás, reza la sentencia religiosa, sí, pero también habría que agregar: agua eres (75% de nuestro cuerpo) y agua necesitarás.

Todo esto me ha llevado a recordar (o descubrir) lo siguiente:

1. Las fotos más impresionantes de la zona cero inmediatamente después del atentado del 11-S en Manhattan mostraban a neoyorquinos -sobrevivientes- totalmente cubiertos de polvo y ceniza.

2. Las primeras bombas atómicas (incluidas las de Hiroshima y Nagasaki), fomentadas por una carta de alarma escrita por Einstein, fueron productos del llamado Proyecto Manhattan.

3 Los continentes actuales formaban hasta hace 150 millones de años un gran todo llamado Pangea. Este supercontinente se formó -a su vez- hace 300 millones de años a partir de continentes que antes estaban separados.

4. Los continentes, por lo tanto, bailan. Y lo que hoy recubre el agua tal vez alguna vez será tierra firme y viceversa.

5. Cuando llueve en mi añorada Lima, la del Cielo Color Panza de Burro (Marca Registrada), sale en los periódicos.

6. Finalmente, al genial Quevedo y su bellísimo soneto Amor constante más allá de la muerte.

Aquí un extracto:

[…]

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

[…]
su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, más tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

.

HjorgeV 15-07-2010

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