UN SUBTERRÁNEO SECRETO DE LA ÉPOCA NAZI (II)

¿Quién es Dirk Finkemeier?

Por un artículo del Stern sé que es un abogado de Espelkamp aficionado a los archivos históricos relacionados con el Tercer Reich.

El artículo dice que se enteró por la radio del siniestro de Nachterstedt y que prepara desde hace años un libro sobre las fábricas secretas de los nazis.

En su manuscrito, justamente, aparece el nombre de Nachterstedt, asociado a una de ellas.

Más no sé de Finkemeier.

Introduzco el nombre a la ruleta del Rey Gúglico y me sale en segundo y tercer lugar la mención que he hecho de él en esta bitácora.

En primer lugar obtengo los resultados del buscador de personas 123people.

¿Por qué me atrae la tragedia de Nachterstedt?

Una casa (idílica, vamos a decir) que se parte en dos sin ninguna advertencia una madrugada de julio del año pasado y va a parar con sus habitantes al fondo de un lago, sepultándolos.

Es -para empezar- una historia de terror puro.

Autoridades y expertos que necesitan un año para llegar a nada es una radiografía de nuestra especie actual:

Hemos llegado a la luna hace más de 40 años y actualmente nos creemos el último polvo del universo porque tenemos la Red y telefonitos con los que hace apenas quince o veinte años los espías solo podían soñar, pero ninguno de los grandes problemas del planeta (hambre, pobreza, injusticia, violencia, contaminación ambiental, acumulación perjudicial de riquezas, agua) ha sido resuelto de tal manera que podamos decir: “Y ahora podemos abocarnos a la solución del siguiente”.

Entonces, como de la nada, como en un cuento de hadas para adultos con problemas mentales, aparece un abogadillo valiente con una solución increíble.

¿Por qué nos atraen las noticias espantosas, las de desastres y desgracias humanas?

¿Es por nuestra empatía, por nuestra capacidad para participar del sufrimiento de los demás y hacerlo nuestro?

¿O porque la observación de la desgracia ajena es la demostración directa de que no nos ha ocurrido a nosotros?

¿Quién es este abogadillo valiente, Dirk Finkemeier?

123people me muestra el número de teléfono, del fax, la dirección y un mapa.

El lugar es Rödinghausen. Pertenece a este estado de Renania del Norte-Westfalia.

Se me ocurre una idea.

Veo la hora: son casi las diez de la noche.

Por un momento me veo tentado de llamar por teléfono y presentarme personalmente.

-Buenas noches, señor Finkemeier. Soy un periodista independiente -le mentiría-. Me he quedado fascinado con su historia sobre la fábrica subterránea nazi en Nachterstedt.

Luego le diría que me interesaría escribir un artículo periodístico (otra mentira porque no soy periodista ni escribo para ningún diario) y le preguntaría si estaría dispuesto a regalarme unos minutos de su tiempo.

Para engolosinarlo más le diría que me dedico a escribir novelas y que en su caso encuentro más de un elemento para crear una historia interesante.

-Mi primera pregunta -continuaría- es si su segundo nombre es Adolf o solo se trata de una coincidencia.

De responder que sí, le diría que me gustaría empezar por ahí: la historia de quien, llevando como segundo nombre el del Führer fatídico, termina interesándose por las fábricas nazis secretas de armamento nuclear.

Nomen est omen reza una frase muy usada aquí en Alemania, prestada del dramaturgo Plautus (250-184 a.n.e.): el nombre es un augurio.

Por supuesto, no marco ningún número ni hablo con Finkemeier. Ni siquiera sé que se trata de la misma persona del artículo.

Pero agradezco la existencia del Rey Gúglico e insisto.

Por 123people me entero de que Finkemeier es un abogado aficionado al ajedrez y que juega para un equipo de la liga de su región.

El artículo del Stern, el que menciono al comienzo, indicaba que Finkemeier es de Espelkamp.

Para asegurarme de que se trata de la misma persona, recurro a los mapas gúglicos.

¡Bingo!

Espelkamp queda apenas a 24 km de distancia de Rödinghausen.

Tiene que tratarse de la misma persona.

Vuelvo a pensar en llamar al número encontrado, pero veo que son más de las diez de la noche: un límite tabú en Alemania para llamadas imprevistas.

Por las fotos, deduzco que Finkemeier debe tener o estar por cumplir los cincuenta.

Su cabello, todavía oscuro y profuso en la parte trasera y en las zonas alrededor de las orejas, hace mucho que ha dejado de interesarse por la parte superior de su cráneo.

Su mano sujeta una copa de vino, concordando con la forma y el volumen de su abdomen, el de alguien que no sabe lo que es moverse a más de 10 km/hora por propio impulso en los últimos quince o diez años.

Continúo con mi búsqueda.

La ruleta del Rey Gúglico me trae suerte.

Finkemeier es un fanático de fuentes y registros históricos. Un abogado que ha descubierto una pasión: el pasado nazi.

En un artículo reciente, por ejemplo, de febrero de este año, tomando como pretexto el nombre dado a dos escuelas de su ciudad a partir del de dos víctimas del trabajo forzado nazi (Ernst-Moritz Arndt e Ina Seidel), aprovecha para preguntarse por qué Espelkamp ha necesitado más de 60 años para reconocer ciertos aspectos oscuros de su fundación y por qué sigue habiendo interés en no desvelar del todo el pasado.

¿A qué se refiere, me pregunto?

Busco Espelkamp en la Wikipedia y me quedo helado.

El pueblucho, que en 1930 apenas tenía un millar de habitantes de los que la mayoría se vio obligado a emigrar como agricultores a Holanda por falta de trabajo, pasó en 1938-39 a ser un centro importante de producción armamentística del gobierno nazi.

¿Qué es lo que impulsa a investigar en sus ratos libres a Finkemeier?

Su sospecha de que debajo de su pueblo natal aún existen restos de una fábrica secreta nazi.

Y de que colaboradores de su mismo pueblo han tratado de ocultar en los últimos 65 años la íntima ligazón con los nazis.

Me froto los ojos.

El título de su artículo es Las fantasías de Jules Vernes o el largo brazo de IG Farben.

De la lectura rápida del documento no puedo concluir si aún vive algún implicado o solo quedan descendientes directos de colaboradores locales con los nazis y directos beneficiarios a su vez.

Finkemeier explica así su interés, traduzco libremente a continuación:

Gerade der im letzten Jahr geschehene Fall „Nachterstedt“ in Sachsen –

Anhalt zeigt wohl , wie gefährlich es sein kann, bei einer unterirdischen

Anlage aus dem 2. Weltkrieg zu wohnen, die zudem auch durch die IG

Farben betrieben wurde und deren auch heute wohl noch bestehendes

Gefährdungspotential ähnlich dem der angenommenen unterirdischen

Anlage in Espelkamp sein dürfte.

«Justamente el caso “Nachterstedt” de Sajonia-Anhalt muestra claramente lo peligroso que puede ser vivir cerca de instalaciones subterráneas de la Segunda Guerra Mundial, que incluso fueron administradas por la empresa IG Farben y cuyo potencial de peligrosidad aún existente debe ser parecido al de las instalaciones subterráneas de Espelkamp.»

¿Qué tenemos, entonces?

Alguien que marcado por uno de sus nombres (Adolf) termina interesándose por el pasado de su país y encontrándose con demasiada suciedad barrida debajo de la alfombra en su propia ciudad.

Espelkamp, un asentamiento más que un pueblucho hacia 1930, cambió su suerte de golpe en 1939 al ser elegido por los nazis para albergar un complejo industrial para la fabricación de municiones.

En un área boscosa de 250 hectáreas, se construyeron entonces 133 edificios y una red de 20 kilómetros de calles y carreteras, red de agua y desagüe, así como una conexión a las vías del ferrocarril más cercano.

Hasta el final de la guerra, se fabricaron granadas, detonadores y munición diversa, así como Tabun, un arma química creada por Gerhard Schrader en 1936, un científico empleado de la IG Farben.

Con la llegada de los aliados en 1945, la suerte de Espelkamp tendría que haber vuelto a cambiar radicalmente puesto que se esperaba que los nazis destruyeran su fábrica de municiones antes de que cayera en manos de los aliados.

Sin embargo, el comandante Küppers, a cargo de las instalaciones, se negó a hacer volar el complejo.

¿Por qué?

¿Por qué permitir, además, que toda una fábrica de municiones cayera -intacta- en manos de los enemigos?

Qué

.

Continúa…

HjorgeV 20-07-2010

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