Mes: agosto 2010

CASI UNA VEINTENA DE LIBROS

Nuevamente, he aprovechado nuestras vacaciones en España para traerme casi una veintena de libros.

Para elegir la mayoría de ellos seguí un procedimiento trabajoso pero satisfactorio para mí: me tomé el trabajo de revisar, hojear y ojear, y, en muchos casos, leer con absoluta concentración y detenimiento durante horas, todos los libros que pude en el fnac de la Plaza Cataluña de Barcelona.

Me tomé tres días para hacerlo. Viajé expresamente hasta allí desde Vilafranca solo con ese fin.

Para el que no ha estado allí, vale la pena decir que el nombre oficial de la plaza es Plaça Catalunya y que el fnac es una tienda multimedia francesa.

En varios pisos se ofrecen artículos electrónicos y fotográficos, computadoras (ordenadores), videos y videojuegos, música y libros.

En la entrada del edificio hay diarios y revistas para comprar. Al costado una cafetería bastante atractiva y, detrás, un pequeño auditorio para eventos culturales.

Cuando voy allí, solamente visito el piso de los libros.

La ventaja del fnac frente a otras librerías es que hay asientos para el que desee hacer uso de ellos (salvo una o dos veces, siempre encontré uno libre) y no existe absolutamente ningún empleado que te pueda mirar mal por dedicarte solo a ‘escarbar’ libros durante horas.

(Algunas contadísimas personas deben leer libros completos allí, a juzgar por el tiempo que algunos pasaban allí sin cambiar de lugar ni libro.)

La siguiente selección, presentada sin ningún orden (los libros están aquí sobre mi escritorio y los iré tomando al azar), la hice guiándome por varios factores o criterios, entre los que el económico no era uno de los menos importantes sino al contrario.

Un criterio, que fue y es también siempre el principal y que decide si me quedo con un libro, consistía en abrir uno cualquiera y comenzar a leer con la mayor concentración las primeras líneas.

Si la historia o narración resistía esa primera lectura, entonces anotaba el nombre del libro y lo incluía en mi lista de posibles candidatos.

También llevé una lista de opciones hecha en base a recensiones leídas, como segundo criterio de selección, y que había confeccionado antes de viajar.

El tercer criterio estaba determinado por la oferta de novedades presentadas en las correspondientes mesas, estantes y anaqueles puestos para ese fin.

Obviamente, estos libros fueron los que más revisé por un simple efecto de mercadotecnia y facilidad de panorama.

El siguiente criterio consistía en elegir las nuevas obras de autores ya conocidos.

Un último criterio fue el de buscar clásicos de la literatura en formatos agradables de leer. Sabido es que muchas obras de la literatura mundial suelen ser ofrecidas continuamente y a precios muy asequibles (no hay que pagar derechos de autor muchas veces), pero en formatos nada favorecedores, por el contrario, muchas veces francamente enemigos, entorpecedores de la lectura.

Aquí la lista, por ahora incompleta (¿qué se han hecho los demás libros?):

  1. DAVID BALDACCI, Los coleccionistas

  2. VIKAS SWARUP, Seis sospechosos

  3. NELLE HARPER LEE, Matar un ruiseñor

  4. ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, La esposa del Rey de las Curvas

  5. HERNÁN RIVERA LETELIER, El arte de la resurrección

  6. LEV TOLSTÓI, Guerra y paz

  7. HERMAN MELVILLE, Moby Dick

  8. GUSTAVE FLAUBERT, Madame Bovary

  9. MICHAEL CONNELLY, Más oscuro que la noche

  10. ARNE DAHL, Misterioso

  11. CORMAC McCARTHY, La carretera

  12. JOHN GRISHAM, Causa justa

  13. MARI JUNGSTEDT, Nadie lo conoce

  14. PETROS MÁRKARIS, Defensa cerrada

  15. JOHN GRISHAM, El Informe Pelícano

  16. WILLIAM SHAKESPEARE, Macbeth

  17. RAYMOND CHANDLER, Adiós, muñeca

  18. HARUKI MURAKAMI, De qué hablo cuando hablo de correr

La idea es ir presentando en esta bitácora inútil mis impresiones sobre los libros leídos.

Que estén bien.

Un buen inicio de semana.

...HjorgeV 29-08-2010

PEP LLADÓ: NO EXISTE PERO SE REGALA

ANDAR CONTIGO Rumbas para Loli

¿Qué le pasa a un hombre cuando la compañera sentimental de décadas se enferma inesperadamente y muere tras una corta agonía de semanas?

Le sucedió a Pep Lladó, músico catalán del grupo Ai Ai Ai.

El mes de octubre de 2008, Loli, la que había sido mi compañera durante más de treinta años, enfermaba y moría en pocas semanas. Así de crudo, así de absurdo, así de trágico.

Lladó, jazzista de formación, se enfrentó entonces a una disyuntiva vital.

¿Debía entregarse a su trabajo de componer como una forma de enfrentarse a su destino y a su dolor o debía encargarse primero de su recuperación anímica?

De decidirse por lo primero, ¿conseguiría “destilar los sentimientos en música”?

De conseguir esto último, ¿cuál podría ser el resultado artístico de su inmersión?

¿Y si resultaba que al final el dolor terminaba anulándolo como músico, como artista?


Dudé mucho antes de tomar la música como aliado para afrontar el dolor. Componer canciones podía ser algo que me ayudara o me hundiera en la miseria. Pero no tenia otra opción. Después de tantos años en esta profesión, debía ser capaz de destilar los sentimientos en música o mejor sería que dejara de engañarme y me dedicara a otra cosa.

Terminé de leer la nota de Babelia –«Aires nuevos en la rumba catalana»– estupefacto.

Y, por supuesto, me apresuré a conocer el resultado.

Pep Lladó no solo ha conseguido salir de las profundidades. Lo ha hecho también con un trabajo hermosísimo y que ahora pone a disposición de quien quiera. Gratuitamente.

Hay que leerlo pau-sa-da-men-te:

El trabajo de un año entero a disposición de quien quiera escucharlo o descargarlo gratuitamente en su página de la Red.

Se me pasaron por la cabeza varias cosas.

Por simple reflejo, pensé en el matemático Perelman, en el compositor Gillou, en Sartre y en el científico alemán Hahn.

(El primero rechazó un par de premios y este año un millón de dólares por su demostración de la Conjetura de Poincaré. El segundo acaba de despreciar la Legión de Honor francesa y los dos últimos rechazaron en sus respectivos momentos los Nobel de Literatura y Química, respectivamente.)

Pep Lladó, ex pianista del Gato Pérez, del mítico argentino que llegó a Barcelona para renovar la llamada rumba catalana (y cantada en catalán), lo hace convencido de que las canciones ya no le pertenecen.

[No confundir a Pérez con el otro Gato también argentino, Barbieri (Rosario, 1932), el de la banda sonora de El último tango en París de Bertolucci, aún vivo y en activo. El primero, el del apellido vulgar, decía que los discos que había compuesto tras sus graves problemas cardíacos (agudizados por su alcoholismo y sus otras adicciones, debo suponer) los había compuesto «bajo los efectos del agua mineral».]

Palabras de Lladó:

Cada vez que alguien escucha una canción nace una canción nueva. Con la misma letra, con la misma música pero con distinto sentido. Con nuevos nombres, nuevos paisajes, nuevos sentimientos.

Aquí tienes estas canciones que ya no son mías sino de quien las quiera escuchar. Ellas mismas, sin que nosotros podamos hacer nada al respecto, elegirán su camino por el laberinto de nuestras emociones

Pianista del Gato Pérez y ahora músico de Ai Ai Ai, Lladó fundó precisamente este grupo tras la muerte del músico bonaerense en 1990.

[En este disco] está toda mi vida. Son las diez canciones más sinceras que he hecho nunca, no hay ficción. Esto es lo máximo que puedo dar como compositor, no puedo dar más, seguro.

Me ha gustado especialmente el segundo tema del disco, Rastros, con su inicio cristalino y su poesía de la ausencia.

Por la potencia con que me ha transportado con una ligereza fantástica a mis amores frustrados adolescentes, aquellos en los que los adioses se vivían como verdaderas muertes. (Los que no saben de estas cosas, me disculparán.)

¿Qué artista no le teme al dolor como fuente o elemento de trabajo?

El dolor con su capacidad agobiante para la síntesis: porque el que lo siente no tiene necesidad de usar imágenes.

Cuando algo duele, duele y punto, y no se necesitan metáforas.

Un ingrediente aglutinante de lo kitsch, que no solo puede paralizar todo esfuerzo artístico, sino que también puede dañar toda la estructura resultante, recubriéndola con su paño pegajoso y penoso, pesado y espantador.

Sin embargo, Pep Lladó lo ha conseguido.

Ha salido de las ciénagas, del lodo abisal, cargado con una decena de canciones en las manos y dispuesto a regalarlas.

Canciones con el lenguaje sencillo y la urgencia de las cosas verdaderamente importantes, con el punto exacto de poesía, candidez y transparencia que se necesita para hacerte vibrar de una manera ancestral.

Canciones poéticas que hablan con dolor del dolor.

Rescato frases como las de Sueño, cielo:

Te imagino en la otra vida / preguntando qué has de hacer

para enviarme una sonrisa / en un barco de papel

Escuchando estas canciones he vivido la epopeya del dolor ajeno, con líneas en las que Pep Lladó demuestra que también es un artesano de/con las palabras.

Rescato un par de ellas:

Entre la hierba del jardín que ya no cuido / busco flores que me acerquen a tu tacto

De la mano caminando por playas imposibles / pasean los ancianos que nunca más seremos

O permítanme transcribir íntegra toda una estrofa de Rastros:

Bajo el tejado roto de la casa en que vivimos

Relojes detenidos sorben el tuétano del tiempo

El mundo se ha parado sin la magia de tu aliento

Y hay luna zozobrando en el cielo sin sentido

Admiro su valentía de haberse acercado a los abismos y a las trampas del lugar común, de la ingenuidad y de lo trillado.

Su esfuerzo demuestra que la creación de la belleza debe ser un intento que no debe temer a nada.

Me imagino que ese es el verdadero arte:

La creación de la belleza sin límites ni imposiciones, aunque por conseguirlo suframos nuestros propios límites y las imposiciones de nuestras circunstancias.

¿No son, después de todo, lo peor y lo mejor, lo más feo y lo más bello, solo diferentes disposiciones del mismo barro?

Que Lladó haya dejado su instrumento -el piano- en un discreto segundo plano y que haya recurrido al llamado ventilador (el simple rasgueo de la guitarra en la rumba catalana) sin ningún tipo de complejos a pesar de su formación jazzística, habla de su entereza.

Es probable que el oído común -o especializado- no vea en estas canciones nada más allá que una especie de híbrido de Ketama y Kiko Veneno, sin notar que el arte de Lladó está más en la infusión que en la taza, en la textura y el sabor de la lágrima que en su copiosidad.

Con sus tiempos tan lentos para la rumba, como él mismo lo reconoce, aún en su canción más kitsch –Tarde de invierno-, Lladó sale bien parado a pesar de su sacrificio a los lugares comunes.

Como si solo enterrándose en ellos pudiera liberarse de su peso.

A cambio, nos ofrece -en la misma canción- un solo de piano: pero una línea melódica simple, a una sola voz.

¿Qué ejemplo mayor de pureza?

Líneas de Ahora:

Ahora que eres bosque / eres agua y eres viento

Ahora que eres cielo / ahora que eres tierra

Ay, amor, me falta mi cielo en la tierra

De haber sido arquitecto o albañil, Lladó, con esa misma entereza y franqueza, se habría dicho: “A ver, construye ahora una casa solo con tu dolor y tus manos.”

Así han nacido estas canciones que ahora tienen forma de maqueta. Hazlas tuyas, si te apetece. Seguramente, por ahí escondido habrá algún sentimiento que nos una.

En Andar contigo, Lladó ha dejado navegar sus naves sin más combustible y vientos que las fuerzas de sus emociones más puras y sus recuerdos más vivos.

El resultado es un viaje musical por el mapa en carne viva que trazan los recuerdos del ser perdido, la labor siempre imposible de decir con palabras lo innombrable.

Diez canciones entrañables con la magia de las revelaciones más inocentes unidas al dolor más primigenio.

Me fascina la idea: hacer de su dolor un regalo.

Regalar algo que no existe (repito, porque el disco es solo virtual) en nombre de alguien que ya no existe, pero que se siente tan perfectamente como escuchamos los sonidos y nos emociona su poesía.

Qué homenaje para Loli (su Lola).

Polvo era y ahora en canciones la ha convertido.

Qué

...HjorgeV 26-08-2010