VIKAS SWARUP: «SEIS SOSPECHOSOS»


He terminado este juguete de Vikas Swarup (Allahabad, India, 1963) con cierto esfuerzo.

No es un halago para una novela de intriga que empieza de forma convincente, casi brillante.

La adaptación de ¿Quién quiere ser millonario? (Slumdog Millionaire), la primera novela de Swarup , arrasó en los Globos de Oro y con 8 Óscar el año pasado.

El inicio de su segunda, Seis sospechosos (Anagrama, 2010), es estupendo, trepidante y bien estructurado.

Una novela de esas que tras leer los primeros capítulos se desea salir corriendo para recomendarla con encomio.

Vicky Rai, joven rico, playboy e hijo de un político tan prominente como corrupto, es asesinado de un balazo mientras celebra su injusta absolución del asesinato de una camarera que se negó a servirle el último tequila en un bar.

La policía detiene a seis sospechosos en la fiesta, todos portadores de una pistola, entre ellos su propio padre.

La novela arranca con un artículo del periodista de investigación Arun Advani, en el que promete solucionar el caso.

«Puede que el asesinato sea turbio, pero la verdad lo es aún más. Atar cabos sueltos será difícil, lo sé. Habrá que rebuscar en las peripecias vitales de los seis sospechosos. Habrá que establecer los mócivle. Habrá que reunir pruebas. Y sólo entonces descubriremos al auténtico culpable.

¿Cuál de estos seis será? ¿El burócrata o la tía buena? ¿El extranjero o el aborigen? ¿El pez gordo o el mindundi?»

El tema es tan antiguo como la mentira misma, es decir, tan ancestral como la humanidad.

El juego es el clásico de la novela de intriga: ¿quién de todos es el asesino?

He transcrito el párrafo anterior, porque es, a la vez, declaración de principios y mapa de ruta de esta novela.

Seis sospechosos se estructura en seis partes con cuatro bloques principales -de seis capítulos cada uno- dedicados a los seis sospechosos, a sus respectivos móviles (sus posibles o supuestos motivos, no a sus teléfonos celulares), a las pruebas y a la solución.

Y se cierra con una confesión inesperada.

Pero esta no es una novela centrada en el enigma, sino en la caracterización y evolución de sus dispares sospechosos.

Una novela coral por eso, en la que el coro de voces diferentes abre su oratorio de una manera convincente.

No es fácil conseguir recrear las voces de personajes tan desemejantes y que el lector olvide que todo lo que está leyendo no es más que un juego inexistente que sucede en su mente, pero que lo lleva a reír, sudar, conmoverse, desear y maldecir como si se tratara de la vida real.

Vikus Swarup lo consigue inicialmente en su novela, que es una tomadura de pelo, una burla y dura crítica de su país, sus gentes y sus lados oscuros.

Una farsa que no se detiene ni ante el gran nombre del Cine (con mayúscula) ni ante ciertos símbolos sagrados de la India (Mahatma Gandhi incluido).

Swarup sale inicialmente indemne y limpio de esta inmersión en un pantano de cacao, porque lo suyo es la fina sátira y la burla inteligente.

Antes de olvidar mencionarlo: la traducción del inglés de Damián Alou me parece de excelente factura.

Salvo algún exceso de regionalismos (¿qué es una tía buena?, me pregunté al comienzo, en el párrafo transcrito aquí, hasta que entendí que no se refería a una anciana benevolente), la traducción de Alou no parece adolecer de errores resaltables ni de falta de fluidez.

Con todo, debo decir que me costó entrar al mundo de Swarup: la colorida India como escenario, con su gamas increíbles de miseria y riqueza, religiones ancestrales y tradiciones, sus castas y sus costumbres, mugre y exotismo, no son temas ni asuntos que suelan entusiasmarme.

Pero la novela de este hijo de abogados, que estudió Historia Moderna, Psicología y Filosofía, como en toda buena historia, te hace olvidar el decorado y sobreponerte a la dificultad de retener nombres y términos complicados y raros jamás escuchados ni leídos.

Lamentablemente, a la mitad del libro se empieza a atracar, cuando Swarup te suelta un rollo de más de 200 páginas que por un pelo es salvado por la cuenta bancaria abierta por el excelente comienzo.

Estuve a punto de rendirme.

Así de cansinas y espeluznantes me parecieron las largas sumersiones en las vidas de algunos de los seis sospechosos.

Debo confesar que tentado estuve de pasar directamente al final.

Había comprado la novela para pasar un buen rato y empezaba a aburrirme. Peor, aún: empezaba a tener ganas de arrancarle hojas.

Hay novelas así: un buen recorte de cabello y afeitado puede/podría salvarlas del olvido.

Cuidado.

Muchas veces los laberintos (sin terminar) que se abren con historias y personajes paralelos pueden enriquecer una novela, una historia principal.

Pero para eso hay que emprenderlos con la misma maestría y oficio. Es decir, toda ramificación es bienvenida, siempre y cuando esté contada con una magia y empeño tales que te hagan olvidar momentáneamente la historia principal.

Otra cosa es cuando las ramas no solo aburren sino que están repletas de situaciones jaladas de los pelos y que no aportan más bagaje a la historia que su función de relleno.

Por suerte, el final de Seis sospechosos sin ser la hostia vuelve al cauce, a la pauta inicial.

Lo que no hace olvidar sus defectos.

Una bella actriz de películas de serie B de origen y formación humildísimos pero que piensa como una filósofa y se expresa a veces como una académica.

Un aborigen de las Islas Andamán, de un metro y medio de estatura y de piel como el ébano barnizado, que llega al mundo caótico de la India moderna para recuperar una piedra sagrada de su comunidad y que se mueve en sus urbes con la misma comodidad que en una aventura por las selvas de su isla.

Un simplón y provinciano obrero usamericano que llega a la India para casarse con una mujer que ha conocido por la Red, sin saber que ha sido engañado, pero que en ese país se comporta como un gran pensador y un cosmopolita acostumbrado a todo tipo de nuevos ambientes y situaciones.

Un universitario, pobre desde la agujereada suela de sus zapatos hasta el cuchitril donde vive con su familia, que vive de robar celulares (móviles) y que de pronto encuentra una fortuna en un barril de basura.

Son todos estos algunos de los personajes y escenas con los que el autor trasgrede uno de los principios básicos de toda narración: la verosimilitud.

No se puede poner como pretexto que esta segunda novela de Swarup es/sea una farsa, una comedia: un trasunto de esas bufonadas simplonas (slapstick en inglés) en las que las risas se provocan con tortazos en la cara, golpes contra la pared, sartenazos en la cabeza y necedades simiescas que tampoco faltan en el Quijote ni en las comedias de Shakespeare y que solo son reflejo de uno de nuestros peores genes comunes: el placer por la desgracia ajena.

La verosimilitud no tiene que ver con el realismo: te pueden contar tu propia muerte y si se hace bien, puedes llegar a emocionarte y lamentarlo como si fuera real.

Es la apariencia de verdadero lo fundamental.

Y Swarup con sus vueltas y revueltas, rizos y escapadas absurdas por los mundos de sus seis sospechosos, tensa demasiado la cuerda.

Creo que un solo párrafo de la novela la retrata de cuerpo entero:

«El hombre yacía boca abajo en el suelo de piedra, vestido con un kurta pijama de color blanco. Era alto, corpulento y estaba totalmente muerto.»

¿Habrá en la India gente que se muere parcialmente?, provoca preguntarse. ¿Y luego resucita o qué?

(Me hizo recordar el chiste de la mujer un poquito embarazada.)

Decir que alguien «estaba totalmente muerto» hace perder verosimilitud al relato, de la misma forma como disquisiciones absurdas, densas y sin mayor sentido le hacen perder el rumbo.

Lo más logrado: el personaje que se cree la reencarnación de Mahatma Gandhi.

Divertidísimo.

Solo el capítulo en el que Mohan Kumar asiste a la reencarnación pública de Gandhi en un teatro de la ciudad a insistencia de su amante, y luego termina siendo el cuerpo elegido por el alma de Gandhi para reencarnarse, vale el precio del libro.

(Curiosamente, Swarup comete allí acaso el único error en su credibilísimo personaje: presentándose, viviendo ya y hablando como Gandhi y convencido de serlo, cuando Kumar tiene que firmar un cheque lo hace inexplicablemente con su nombre original.)

Con todos sus defectos, este libro ha significado la redención por verdaderos bodrios recientemente leídos como Los coleccionistas de Baldacci y el mismo  El Informe Pelícano de Grisham.

Una truculenta historia contada por un payaso agudo de mente, aunque parcialmente exagerado en sus recursos. Como todo payaso.

Porque solo venidos de un bufo podemos soportar a veces retratos tan crudos de varias de nuestras grandes debilidades y defectos humanos comunes.

…Qué

...HjorgeV 19-09-2010

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Un comentario sobre “VIKAS SWARUP: «SEIS SOSPECHOSOS»

  1. Chispas, Jorge, parece que últimamente no has tenido suerte con las novelas, y eso pasa, a veces uno se lleva unos chascos… Algo positivo, si bien Lima no es Buenos Aires (ni mucho menos Barcelona) en lo que a librerías (que vendan libros, no las que venden papel de regalo y útiles escolares) se refiere, la oferta de las mismas se ha ampliado y existen ya varias consolidadas como Crisol, Ibero y La Familia, que tienen varias sucursales e incluso te ofrecen traer novelas a pedido,,, claro que los precios son aún demasiado altos.

    Espero que con el boom de las ferias del libro que vamos viviendo -cada año hay más variedad y mucha asistencia, es una especie de moda que por el momento no es dañina- esto mejore, los precios bajen y la oferta se diversifique. ¡Saludos desde la ciudad con el cielo panza de burro!
    Eduardo
    PD. ¿Has probado comprar libros por Amazon, Barnes and Noble o Iberlibro? Yo he comprado un par sin problemas, traídos desde Alemania y Francia, eso si, a un ojo de la cara pero en excelentes condiciones. De repente así puedes conseguir el de De Santis, y si vienes a Lima pronto yo te lo puedo obsequiar. Un abrazo.

    Rpta.: Hola, Eduardo. Disculpa el tonto atraso de mi respuesta. Pensaba que ya te había respondido. Sí, he probado a comprar libros por correo, pero no hay nada más placentero para mí como sumergirme en una librería durante horas, por mí podrían ser días y hasta semanas o meses seguidos. Es una de mis tantas debilidades. Por otro lado, vivo en Alemania y estoy en una Fase Castellana casi exclusiva (leo menos libros en alemán que antes), de tal manera que visitar una librería española es como un paseo al burdel para una clase de quinto de secundaria de un colegio peruano solo para varones. Lo que cuentas de Lima y los libros es algo que me ha fascinado. Saludos cordialísimos desde los arrabales de Colonia y gracias mil por el ofrecimiento. HjV

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