LIBROS Y ESTOS DÍAS DE ALEMANIA

I

Lo bueno de no trabajar para nadie (ah, la doble negación de nuestra lengua) es que puedes decir la verdad tal cual es.

Es solo tu verdad únicamente, lógico, pero la puedes soltar sin tapujos.

Si escribo en esta bitácora inútil que un libro me ha provocado sopor o es malísimo, no existe ningún director o superior que me pueda decir: «Jodé, macho. Esso no é un análissi, esso é un estado d’ánimo.»

(Más o menos así me habló un español una vez. ¡Y yo que creía que solo los peruanos zarandeábamos nuestro idioma!)

Y, claro, cierto o no, tú te juegas la permanencia en el diario o revista correspondiente y, si tienes cuatro hijos como el que esto escribe, te tiras pa’trás.

No es mi caso, por suerte, y eso me permite decir ahora que no pienso perder mi tiempo comentando El informe Pelícano (1992), la tercera novela de mi -normalmente- admirado John Ray Grisham (Arkansas, 1955).

¿Cómo pudo llegar a hacerse una película de tan mediocre novela?

Un misterio de tantos.

ALEMANIA EN ESTOS DÍAS: PROTESTAS EN STUTTGART

II

Me había propuesto hacer una recensión de los libros que me traje de mi último viaje a España.

Y, otra vez, llegado a cierto punto, me he llegado a hartar y me ha provocado mostrar el dedo a un par de novelas.

El dedo medio, el corazón, quiero decir.

Y es que a veces a uno le queda la impresión de que el mundo editorial es un mercado de y para ciegos (de los que no quieren ver) y analfabetos.

Hay libros valiosísimos, qué duda cabe. Pero las comparsas son aterradoras.

Causa justa (The street lawyer, 1998) es uno de los valiosos.

Increíble comprobar que el autor es el mismo Grisham de líneas arribas.

Había leído la novela en alemán cuando apareció a finales del milenio pasado y solo recordaba vagamente el comienzo. Ni siquiera sé si entonces la terminé o no.

Esta vez la lectura en castellano me ha causado una verdadera satisfacción, la de las cosas bien hechas. Y me ha permitido retomar la confianza en tipos como Grisham, que sin escapar del engranaje de la industria del libro, son capaces de enviar sus mensajes con lo que saben hacer: escribir.

El mundo de los indigentes desde el punto de vista de un abogado que lo puede tener ‘todo’ (todo el consumismo posible, se entiende) y prefiere entregar su vida a una causa justa.

III

A propósito de gestos corporales.

El otro día vi en la televisión (alemana) cómo un jugador chileno se llevaba el dedo índice a la frente ante el árbitro (alemán) y recibía una tarjeta amarilla por ese gesto.

Aquí en Alemania eso es un insulto.

Significa que el destinatario está muy mal de la cabeza.

IV

A un alemán que se fue a vivir a Irán y que le gustaba mucho levantar el pulgar para mostrar su satisfacción por cualquier cosa, le sucedió algo parecido, pero de signo contrario.

Harto de ver que su dedo pulgar erecto era despreciado por los iraníes, descubrió finalmente que en ese país ese gesto es el equivalente a mostrar el dedo medio en gran parte de Occidente.

(En mi país -Perú-, los dos gestos anteriores no tienen mayor o ningún significado.)

V

Sin ir muy lejos, y ya que estamos en el asunto de los gestos corporales, aquí en Alemania está muy mal visto que un hombre haga gestos galantes a una mujer. (Salvo que sea carnaval, claro.)

Equivale a decir «Eres tonta y por eso te vas a creer mi galantería».

Como somos seres contradictorios por naturaleza, las mismas alemanas se quejan ahora de que sus hombres (maridos, novios, amantes) han perdido la noción de la galantería.

VI

Llevo más de veinte años en este país y sigue siendo un misterio para mí.

Últimamente he tratado de tomármelo deportivamente.

Después de todo, me tengo que recordar, aquí tengo mi familia: mi esposa y mis cuatro hijos. (Esa es otra de las ventajas de tener hijos: no pierdes mucho tiempo en ese tipo de disquisiciones.)

(Además, estoy seguro de que lo mismo me sucedería en cualquier otro país. Es la condición humana el meollo, el quid, la madre del cordero.)

El otro día, recorriendo esta zona de Renania del Norte-Westfalia- en busca de la dirección de un médico para una de mis hijas, paré un par de veces para pedir ayuda.

No llevaba mapas ni navegador y me gusta preguntar a la gente en la calle. Se aprende mucho así de un país y de nuestra especie.

La primera vez salí de la carretera y me detuve frente a una pequeña furgoneta estacionada al comienzo de un bosque.

El tipo que apareció me dijo que no estaba seguro de poder ayudarme, pero me dio una indicación que resultó correcta.

Varias horas después de la consulta médica y de haber recorrido varias decenas de kilómetros pasando por varios pueblos y ciudades de la región buscando la ruta hacia nuestro pueblucho, volví a perderme y me detuve para preguntar por el camino.

No lo noté hasta que él me lo dijo, pero se trataba del mismo tipo de la primera vez.

¡A más de treinta kilómetros y varias horas de distancia entre pregunta y pregunta en esta región de cientos de miles de habitantes!

-No es una broma, ¿no? -me preguntó, desconfiadísimo.

-Ha sido una coincidencia extrema. Juegue a la lotería mañana mismo -le recomendé al despedirme.

No le dije que cosas así me suelen suceder y ya no me llaman la atención.

VII

El otro día fui a despedir a uno de mis hijos.

Se iba de excursión por unos días con su clase del colegio y me animé a juntarme a un grupo de padres de familia y compartir una conversación mientras esperábamos la llegada del ómnibus.

Soy tímido, huevón, huraño, retraído. Eso deben pensar algunos vecinos de este pueblo sobre mí.

Me parece bien.

Me pasé dos décadas de mi vida en pleno centro de Colonia ejerciendo una profesión u oficio que me obligaba a ser extremadamente simpático con cualquier extraño.

Así es que ahora vivo sabiendo que la vida me debe por lo menos quince años de no tener la obligación de ser simpático con nadie.

No obstante, esta vez me esforcé por ser sociable y lo conseguí sin ningún problema. (El oficio no se pierde así nomás.)

Me volví a dar cuenta de que la gente quiere hablar, conversar, que la escuches durante horas a ser posible.

Hay una desesperación por ser escuchado, por comunicarse.

¿Qué será?

¿La televisión, que obliga a guardar silencio para no perderse nada?

Por favor, un helicóptero para escapar a (¿o solo es posible ‘de’?) esa horda de habladores contumaces y aburridos, estuve a punto de pedir.

En este país, si no hablas, no existes.

VIII

Alemania se ha despertado en estos días con varios traumas.

El primero se debe al llamado Proyecto Stuttgart 21.

Una idea empollada en 1988 y presentada en 1994, que abarca la transformación de varias hectáreas de terreno de la ciudad, más varios milliardos de euros (más de cuatro) de inversión y diez años de obras.

Todo, para transformar la estación central de trenes de Stuttgart.

¿En qué? ¿Transformarla en qué?, debieron preguntarse muy tarde muchos.

Porque justo ahora que se inician las obras, decenas de miles de stuttgartinos salen a las calles para oponerse a este ambicioso proyecto que consideran más negativo que positivo para su ciudad.

Hasta ahí, todo muy bien; normal, quiero decir.

Los políticos suelen tomar muchas decisiones que poco tienen que ver con los intereses ciudadanos.

Y estos muchos veces se enteran recién al último momento de ello y hacen sus correspondientes marchas y manifestaciones.

Lo llaman democracia.

El asunto es que en este caso los manifestantes no son revoltosos gratuitos ni adolescentes vigorosos y hartos de la represión policial (también los debe haber).

Hay familias enteras, niños y ancianos entre los manifestantes y la policía se ha permitido tratarlos como simples vándalos callejeros: palo, empujones, chorros de agua, gases lacrimógenos y pimienta pulverizada con ellos.

Los alemanes no se lo pueden creer: niños de la mano de sus padres recibiendo varazos, chorros de agua y una buena porción de pimienta en los ojos.

La democracia patas arriba: con la policía mordiendo la mano más pacífica de quien le da de comer.

IX

El segundo trauma tiene que ver con el Islam.

Con Alemania y sus inmigrantes.

Ha sido provocado por el discurso del nuevo presidente Christian Wulff (la canciller es Angela Merkel) con motivo de la celebración de la reunificación alemana este domingo pasado, 3 de octubre.

Wulff es un político de la CDU, de la democracia cristiana alemana, de la derecha de este nación.

Bueno, pues.

Una de las frases de su discurso decía que el Islam ya formaba parte de Deutschland tanto como el cristianismo o el judaísmo.

Nada nuevo ni especial.

Por fin un alto cargo del gobierno abría los ojos ante tamaña realidad, ante lo obvio: ya existen más de 150 mezquitas en este país y otras tantas en proyecto.

¿Se acababa toda una era de negación de lo ostensible en Yérmani?

No. Ni de cerca.

Una encuesta de YouGov acaba de mostrar que dos tercios de los alemanes no están de acuerdo con las palabras de su presidente.

X

Una cosa es la realidad y otra los deseos y los miedos.

Obviamente, no hay comparación entre los siglos que lleva el cristianismo en este país, con la media centuria del Islam de sus inmigrantes -principalmente- turcos.

Pero ya es una realidad, le guste a quien sea o no.

Lo digo yo, que soy ateo y siento tanto repelencia por una burka que por la toca, la túnica y el manto negro de una monja.

Los políticos de derecha y los populistas azuzan la discusión sobre el tema.

Saben que el Islam no está de moda (por ahora y desde el 11-09 además terriblemente desprestigiado) y que además causa pavor sobre todo en las clases peor formadas e in-formadas.

La fórmula es fácil, que terminen gritando: ¡No queremos el Islam en Alemania!

Después de todo este país ya conoce una variante: ¡No queremos el Judaísmo en Alemania!

(Siglos de ver por las calles, conventos, iglesias y colegios a monjas y madres superiores llevando su particular hiyab y nadie se había quejado por los derechos de ellas como mujeres. Siguen sin hacerlo.)

XI

Ahora viene lo mejor, o sea, lo peor. El tercer trauma de estos días.

Lunes de esta semana, 19:30 hora local.

Un avión no tripulado (Drohne en alemán) de EEUU se dirige a Mir Ali un pueblo en la frontera entre Pakistán y Afganistán.

Al hogar de Shar Maula Khan, concretamente. Minutos después, es bombardeado.

Diez islamistas reunidos en su casa mueren, entre ellos cinco ciudadanos alemanes.

Un caso oscurísimo.

Alemania no puede mirar para otro lado haciéndose la sueca.

No puede ahora reclamar abiertamente lo que no ha hecho en todos estos años respecto a su gran amigo, EEUU: no aceptar pasivamente el asesinato (muerte planeada) de islamistas simplemente por ser sospechosos, es decir sin llevar sus casos a la justicia.

Pero tampoco puede quedarse cruzada de brazos.

¿Cómo no se enteraron las autoridades alemanas correspondientes de la salida de Hamburgo en grupo de estos supuestos terroristas?

Algo ha cambiado en Alemania en estos días, por lo menos.

Ahora los terroristas muertos son supuestos terroristas para la prensa (como todo ciudadano es inocente hasta que se demuestre lo contrario). Pero lo son puesto que tienen pasaporte alemán, claro.

Algo es algo.

Porque el verdadero Terror también se esconde y acecha detrás de una simple palabra.

…Qué

...HjorgeV 05-10-2010

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2 comments

  1. No se fíe de Grisham. Personalmente me envicié de él con una novela que no es mala, The Rainmaker. Quizá porque la leí en un momento en el que me sentí bastante identificado, no sé si a un cuaderno le ha pasado lo mismo, con el personaje Rudy Baylor, a saber: Recién salido de la escuela de Derecho, sin un céntimo en la bolsa, con unas ansias terribles de ejercer la Ley y enamorándome de chicas inesperadas en lugares igual de inesperados. Atribuyo a esa identificación y a mi constante inmadurez intelectual mi gusto por Grisham.
    Lo que me sorprende Libreta, es que ha sido usted, desde la fundación de esta bitácora inútil, un furibundo y confeso admirador de John Grisham. Pero ahora me pregunto, ha sido usted un admirador bastante impetuoso y astuto, pues se nota que hasta ahora lee al gringo sureño.
    Un abrazo, es usted un listillo Ja quién lo iba a decir.

    Rpta. Ja, no he entendido mucho, pero creo que lo mismo me ha dicho mi psiquiatra. Por lo menos usted no cobra. Si hubiera empezado con ‘El informe Pelícano’ seguro que no volvía a comprar ningún libro de Grisham. Me imagino que es como casarse con alguien y terminar descubriendo que le apestan los pies. Saludos. HjV

  2. Incompresnion devuelta.
    Felciidades a Don Mario Vargas Llosa, o como yo lo llamo de cariño “el miraflorino”, la espera ha terminado y el Dom perignon aguarda. No sea mezquino y dediqule unas lineas a su compatriota, que claro està, se lo merece.

    Rpta.: Por lo menos manejamos la misma moneda, que ya es bastante. He pensado en dedicarle algunas líneas, pero, la verdad, no sé cuáles. Mi admiración es grande, de eso no hay duda. Pero no soy de los que descorchan botellas y se ponen a mojar a sus semejantes. Ojalá se me ocurra algo. Saludos. HjV (Doctor Pineda: por la forma de escribir y los errores que comete, le tengo que recomendar que se compre lentes para leer.)

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