DAVID GILMOUR: «THE FILM CLUB»

Lo acabo de leer en alemán, idioma en el que lleva un título a mi entender decepcionante: Unser aller bestes Jahr (algo así como ‘El mejor de nuestros años’ o ‘Nuestro mejor año’).

He leído el libro de pie, sentado, echado, caminando.

También lo he leído corriendo.

No es una broma.

Me sucedió poco después de empezar el libro.

Había llevado a mi hijo de cinco años a su entrenamiento de fútbol y me había propuesto correr una hora y cuarto alrededor de la cancha de fútbol.

Y, entonces, justo cuando empiezo a correr, me descubro pensando que preferiría estar leyendo el libro de David Gilmour que acababa de empezar.

Como soy de los que se han acostumbrado a leer caminando, me pregunté: ¿Y por qué no probar a leer corriendo?

Me fui enseguida a buscarlo al automóvil (donde lo tenía porque primero había pensado traicionar con la lectura a los kilómetros que dan salud).

No fue cómodo, pero tampoco imposible.

Así de bueno es el libro de David Gilmour. (No confundir con el homónimo integrante de Pink Floyd.)

De mis épocas de universitario en Lima recuerdo especialmente las horas que me pasaba en el transporte público cada día. Uno de los paliativos era leer.

Así, me creé un buen criterio para juzgar la calidad de un libro: si la lectura podía soportar empujones, los brazos y axilas, codos y piernas ajenos, los saltos del vehículo, olores y hedores, y hacerla también parado, entonces tenía que ser bueno.

The Film Club es uno de ellos.

Sus metáforas vivaces y capaces de hacerte sonreír de envidia (porque son de las que a ti te gustaría haber escrito o escribir), son de lo mejor.

Pero no lo único.

¿Qué hacer si tu hijo, de 17 ó 18, ya no quiere ir a la escuela?

«Ajá», pensé, mirándolo con desprecio, cuando mi esposa me pasó el libro, «quiere que aprenda a ser padre».

El título escogido para el alemán me pareció entre rosa y amarillo, de novela y revista rosa, del corazón, y de prensa amarilla, sensacionalista.

Además la presentación de la contracarátula tenía un tufillo a libro de autoayuda. (Me causa gracia este apelativo: si te ayuda el autor del libro entonces ya no es auto-ayuda.)

Sin embargo, por simple curiosidad, empecé a leerlo. Me atrapó enseguida. Llegué de un tirón hasta la parte en que el padre se da cuenta de que su hijo no quiere ir a la escuela, porque simplemente le aburre, no le dice nada.

El joven, Jesse, es un muchacho como muchos otros de su edad: simpático, en plena fase de estiramiento vertical, bonachón, inocente y bastante haragán.

Sus padres se han separado y ahora Jesse vive con él.

¿Qué hacer?

El padre le propone un trato a su hijo.

Este no dejará de ir a la escuela, pero, a cambio, se debe comprometer a ver tres películas con él por semana y a no consumir drogas duras.

No delato más.

No es una novela -aunque se lee como tal-, es una memoria. Una travesía.

Un hecho real que le sucedió al periodista de televisión, crítico de cine y escritor David Gilmour (London, Ontario, 1949).

The Film Club tiene un ingrediente atractivo añadido, aparte de la incierta aventura que emprenden genitor y vástago: me refiero a la lista de las películas que el padre va escogiendo para ver con su hijo y los respectivos comentarios que ambos hacen de ellas.

Así, el libro se lee también como una gran y entretenidísima guía y crítica del cine de todos los tiempos.

A mí me ha contagiado una fiebre cinemera por los grandes clásicos, para empezar.

(Y ya empecé hoy con El gran dictador, de Chaplin. Sobre la cual es interesante anotar que fue su primera película hablada y que se estrenó en Alemania recién casi veinte años después de su rodaje en 1940 y en España en 1975, tras la muerte de Franco. ¡Treinta y cinco años después!)

La mala noticia: aunque el libro es del 2007, aún no existe en nuestra lengua.

El consuelo: existe en portugués, bajo el título de O clube do filme. De tal manera, que debo sospechar que pronto aparecerá en castellano.

Acá en este país es su primera novela publicada en alemán, a pesar de que ya lleva siete en el suyo, Canadá.

David Gilmour vive en Toronto.

…Qué

...HjorgeV 17-10-2010

Anuncios

One comment

  1. 1. Un libro puede ser muy malo,lo importante es el grado de concentracion con que se haga.
    leer corriendo,porqué, cuál es el objeto.
    No lo entiendo libreta,usted hace cada cosa, es como ahora escribo sentado, es algo tan raro.

    2. Vaya, beber para ahogar las penas.
    Le he dicho que es Román Pineda, que es un listillo. Ja, quién lo volvería a creer.
    La semana pasada era viva el Perú, esta semana es Chile.
    Que mundo tan corajudo. Pronto será Guatemala. Salud.

    3. ¿Esa cita atribuida a Faulkner no es de Maquiavelo?

    4. Y quien era la esposa de Onneti?

    Rpta.: La que era hija de su madre y cuñada de la esposa del vecino que era el primo de su hermano que había conocido por medio del tío del sobrino que también era su compadre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s