ARNE DAHL: «MISTERIOSO»

Me interesé por esta novela del escritor sueco Dahl (se llama, en realidad, Jan Lennart Arnald y trabaja para la Academia Sueca, sí, la del Nobel), porque estaba muy bien ubicado en los estantes del negocio en el que me encontraba y por lo que decía en la faja (la cinta de papel) que la abrazaba.

En ella lo comparaban con Raymond Chandler.

La trama de la novela tenía, además, un reclamo añadido: el tema Misterioso de Thelonius Monk, del que deriva su título, justamente.

Soy un gran admirador de Chandler.

Y el compositor de ‘Round Midnight (¡auriculares, por favor!) es uno de los músicos más interesantes y misteriosos que conozco.

Me encontraba en la tienda fnac de la Plaza de Cataluña en pleno centro de Barcelona, buscaba libros para llevármelos de regreso a Alemania. Podía llevarme solo unos veinte y mi tiempo de criba era limitado. Mis ansias lectoras, ingentes.

¿Don Raymundo y don Thelonio en un solo paquete?, me dije.

Me lancé a leer las primeras páginas. Si soportaba ese criterio, el del buen comienzo, entonces la novela pasaría también a mi lista de compras irremediables.

Terminé de leer las primeras páginas. Me sobé los ojos. Respiré hondo. Bajé a tomar un espresso en la esquina, en el inevitable, famoso y architurístico Café Zurich.

Regresé al tercer o cuarto piso del edificio. Volví a releer el comienzo.

Ni sombras del gran Chandler.

¿Se habría caído del libro mientras me tomaba el café que no suelo tomar?

No soy ingenuo.

No era que esperaba que hubiera nacido la reencarnación literaria de Chandler.

Tampoco esperaba que alguien se hubiera especializado en sus guiños narrativos: es imposible, me imagino. Lleva más de medio siglo y medio muerto, ¿por qué nadie lo ha intentado o conseguido todavía?

Pero, pero, por lo menos, esperaba cierto aire, cierta vena chandleriana inmediatamente reconocible.

Ningún rastro en las dos o tres primeras páginas. Busqué en las siguientes. Nada.

Me había gustado la primera línea:

«Algo se abrió camino a través del invierno.»

Dejé el libro en el anaquel de donde lo había tomado, con cuidado, decepcionado, aunque no rendido del todo. Lo agregué a mi lista eventual de compras. Hay novelas que mejoran, tanto como nuestro humor cambia, pensé.

Continuando mi rastreo de libros por el tercer o cuarto piso de la fnac, cada vez que desechaba claramente alguno de los preseleccionados, me decía que eso aumentaba las chances de la novela de Dahl.

¿Mejoraría Misterioso páginas más adelante?

Después de todo, el comienzo prometía, me dije.

Había cierto aire especial en esas primeras líneas, el esfuerzo por hacer una narrativa diferente, lejos de los tópicos del género.

¿Poesía?

Bruma, me permito decir, un intento de bruma poética: como esas primeras imágenes de una película en las que domina la indefinición del paisaje.

Un inicio denso, una niebla vigorosa que invade cosas y mentes hasta que todo se va aclarando.

Si la música de Monk parece a veces una burla de las convenciones y Chandler destrozó varias más, la novela de Arndt Dahl prometía por las mismas razones.

Me decidí y me llevé el libro.

De vuelta en estos arrabales de Colonia, lo leí con atención y cuidado.

¿Qué tiene que ver el jazz en esta novela?

Aparte de que el argumento consiste en que los investigadores se dedican a rastrear a los poseedores de una copia de la grabación original de Misterioso, creo que nada.

Chandler, por su parte, empezó muy tarde una carrera literaria que creó toda una secta religiosa amorfa, a la que este bitacorero pertenece.

Vamos, el autor de El largo adiós y de Adiós, muñeca (qué terrible traducción de Farewell, my lovely, pero tampoco conozco una mejor) no es un dios, decía, pero escribe (como Gardel, cada vez mejor) tan bien, que hasta sus errores nos parecen sagrados y santos.

Quiero destacar de forma impajaritable (está en el diccionario real) un defecto de esta novela.

Aunque el libro va mejorando conforme se pasan las páginas, porque se crea cierta curiosidad en el lector, el estilo de la escritura decae especialmente en los momentos en que la trama tiene que avanzar: todo no puede ser poesía y ensoñación, debió decirse Dahl, y pisó varias veces el acelerador a las diablas. Se nota, porque cuando avanza la trama en pasajes de difícil solución, su lenguaje se empobrece ostensiblemente.

Tampoco quiero dejar pasar mi descontento con la traducción. Y no es que hable o entienda sueco, pero entiendo mi idioma y no soporto gatos por liebres y menos por perros.

Supongo que la dificultad ha debido deberse al afán poético de Dahl.

Sin embargo, es simplemente imperdonable un error como el siguiente:

«Bajo los titulares había una vieja fotografía de hace casi diez años del entonces agente de policía Paul Hjelm.»

¿Qué costaba poner ‘hacía‘ por ‘hace’? Me explico.

El libro es de 1999. Si suponemos que la historia es contemporánea a la escritura y había una fotografía de «hace diez años», entonces la foto es de 1989.

Sin embargo, un lector improbable del año 2999, al leer lo mismo, podría creer que la foto es del 2989, de «hace diez años», con toda razón.

¿Me dejo o hago entender?

Ese es el sentido de usar bien los tiempos verbales; no por adorno, estilo o gracia.

Ahora, Dahl debe ser un tipo simpático.

Basta ver la foto de la solapa de la portada (bonita la imagen de esta última, por cierto).

Pero lo digo también por la cantidad de chistes que incluye en su novela.

Veamos.

Un asesino en serie ha empezado a matar a empresarios en Estocolmo.

La policía empieza una criba, hace una selección rigurosa de todos los empresarios de Estocolmo que encajan en el esquema del homicida para poder alertarlos y salvarles la vida.

¿El criterio que usa la policía para ubicarlos?

Buscan empresarios que «deben volver solos y llegar tarde a casa».

¿Otro chiste?

En las primeras páginas: nuestro inspector Paul Hjelm ha baleado a un inmigrante secuestrador y ya ha aceptado que su carrera en la policía ha terminado, acusado de racismo y violencia policial indebida.

Pero entonces, del cielo (o sea, del lápiz o del teclado de Dahl) baja uno de sus superiores policiales y lo premia incorporándolo ¡a un equipo de investigadores de élite!

El que se va a encargar de investigar, justamente, el caso estrella del momento: el del asesino en serie.

Mamita linda.

(Ojalá que no lean esta novela los policías racistas e inclinados a la violencia abusiva de todo el mundo. Y que además desean ascender, claro.) (Hablaré con los de Wikileaks.)

¿Qué dócil el papel, no?

Agrego un solo chiste más, porque ya me cansé (también hay un personaje que es vagabundo, alcohólico y ¡físicoculturista!)  y porque el siguiente ejemplo habla bien de la atmósfera irreal y altamente inverosímil de toda la novela, y de ese estilo que es muy similar a la continua ensoñación en la que vive el protagonista, pero que se siente tan falso como un Mundial jugado con pelota de trapo (Dahl usa, además, jugadores de madera alemana o nórdica).

Cuando nuestro inspector Hjelm se folla (o al revés, más bien) a la guapa colega del comando especial (como no podía ser de otra manera: para eso está el arte, para follar imposibles por lo menos), luego Hjelm ¡no puede recordar si ha sido un sueño o realidad!

Simpático el nórdico autor, como les digo.

Propongo que el dueño de un burdel contrate a este escritor sueco (de quien no dudo que haya leído a Chandler) para ahorrar costos (y desgastes epitélicos).

También podríamos presentarlo de candidato al premio Escritor Alternativo y Fotogénico del año, por la foto, digo yo.

Mucho más misterio ni enjundia hay en su Misterioso. Que debió haberse titulado Pretencioso.

O, vamos, ya, simplemente: Soso.

…Qué

HjorgeV 24-10-2010

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2 comments

  1. Lo estoy leyendo, y como siempre, trato de terminar todos los libros que empiezo. Pero es que no me termina de atrapar… Seré perseverante y lo terminaré.

    Hola, Jacqueline: Me pareció un bodrio absoluto. Lo terminé por pura curiosidad, esperando que mejorara puesto que lo había encontrado en un lugar principal de los estantes de la FNAC, a pesar de que me he propuesto tirar a la basura todo libro malo. Sin compasión. Tendría que haber reclamado mi dinero. Gracias por tu comentario. Saludos desde Alemania. HjV

  2. Decir “hace” por “hacía” es perfectamente normal. Se trata de una frase hecha, en la que “usar bien los tiempos verbales” simplemente no tiene que ver.

    Hola, Azul. Es normal, es cierto, como la mal llamada ‘fiesta’ (debería ser matanza) taurina. Lo veo a diario incluso en diarios como El País. Pero no por eso deja de ser incorrecto. El lenguaje es una herramienta de comunicación y su mal uso puede llevar a dificultarla. Basta leer una misma noticia mucho después, como por ejemplo: “Cayó el Gran Ladrón. La policía lo buscaba desde hace diez años”. Al volver a leerla veinte años después se nota el error: la policía lo buscaba hacía diez años, que hacen treinta en el momento de releer la noticia. Obviamente, los límites de cualquier herramienta también los ponen los usuarios. En fin. Saludos desde Alemania. HjV

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