MATANDO AL MENSAJERO (y II)

A PEQUEÑOS EMPUJONES

Si los grandes sistemas socio-económicos propugnados teóricamente por el comunismo y el socialismo han fracasado o caído en desprestigio en la práctica, ¿qué soluciones tiene la gente de a pie, la común y corriente?

El siglo pasado fue escenario del intento del hombre por cristalizar ciertas ansias de justicia, de bien común, de cultura y desarrollo integral del individuo, en sistemas que devinieron en regímenes totalitarios sin posibilidades de supervivencia como tales.

Ha fracasado la implantación de esos grandes sistemas de organización social con carácter minimalista y que no tenían en cuenta ni la trivialidad, ni el egoísmo ni la facilidad de manipulación y corrupción del ser humano.

Pero el capitalismo ha resultado ser también un huevo sin yema ni clara (pura cáscara), un gran casino tramposo, lábil y peligroso para el bien común, capaz, como sistema de vida y eje de la organización social y política, de llevar a la humanidad al caos y a la ruina moral y económica.

Lo estamos viendo actualmente.

El establecimiento del dinero como máxima virtud y, a la vez, como fin común social, ha destruido y está destruyendo los pocos buenos principios que había alcanzado el hombre en su desarrollo civilizatorio.

Torturar en nombre de un Estado democrático, ocultarlo y declarar enemigo al mensajero revelador, es solo un síntoma de todo un grave cuadro infeccioso.

Mirar para otro lado ahora que todo se sabe, es parte de esa gran infección.

¿Y las soluciones?

Creo que hace falta una ética sin Religión, es decir sin dioses ni reglamentos coercitivos.

Una ética con sentido práctico y no represivo.

Si la convivencia es una necesidad absoluta (si no lo es, la alternativa es expulsar o acabar con aquellos con los que no se desea convivir: allí tenemos los abusos neonazis contra ciertas minorías inmigrantes en Europa y el conflicto entre Palestina e Israel), entonces el civismo debería ser un bien máximo de nuestras sociedades.

Una sociedad en la que el civismo sea uno de sus grandes valores tiene una gran ventaja práctica: el que aprende desde niño a respetar a sus semejantes y vecinos, después de adulto lo reflejará en cualquier actividad que desarrolle en esa sociedad.

Pero el civismo se aprende y se contagia con el ejemplo.

No se impone con reglamentos.

Porque entonces la naturaleza humana tiende a concentrarse en la trampa, en cómo hacer para saltarse esas reglas.

(Acabo de leer lo sucedido en Pamplona, España, a un cuarteto de música clásica, al que se le quería multar con 600 euros por tocar en la vía pública tras quejarse un vecino que hacía su siesta, y eso en una ciudad que se postula como capital europea de la cultura para el 2016. Acá en este país, gran parte de los abogados alemanes vive -y bien- de la guerra entre vecinos.)

Pero el civismo se mantiene también con coherencia y honestidad.

De allí que los errores desvelados por los documentos de Wikileaks por parte de EEUU sean básicamente tres:

  1. Creer que se puede crear conciencia con la fuerza bruta (el mismo error de los regímenes llamados comunistas y de los islamistas fanáticos).

    Lo que se consigue es el efecto contrario y además la animadversión de gran parte del mundo contra -en este caso- EEUU.

  1. Ignorar o desconocer que la guerra -cualquier guerra- pervierte y puede convertir en monstruos a los contrincantes.

    Concentrados solo en aniquilar al pretendido enemigo, sus propios soldados se han vuelto representantes de lo que decían querer combatir.

  2. La inutilidad y lo contraproducente de una conducta guiada por una doble moral.

    Vale decir, querer combatir el terrorismo con más terrorismo y no aceptar ni castigar los propios errores: crímenes de guerra incluidos.

Esto de la doble moral es grave, porque sus enemigos quedarán más convencidos de su causa y porque acaso servirá para promover la conciencia mundial de que hasta los más grandes y ‘mejores’ también torturan, mienten y ocultan.

Que cuando son descubiertos se enfadan sin reconocer sus errores ni corregirlos.

Si el País Guía -para muchos- se permite todo esto, ¿qué se puede esperar de los que siguen sus pasos?

¿Soluciones para este mundo?

Gran pregunta, en un mundo en el que la política se ha convertido en un gran negocio, los grandes consensos sociales son casi imposibles y la democracia es una farsa acaso insalvable.

Propongo ir horneando panes pequeños, como se dice en alemán.

Crear Microcosmos de Bien Común donde se esté y practicar ese bien común contra viento y marea.

Sin doctrinas religiosas.

(Porque el que cree en su dios, no aceptará los dioses de los demás. Con lo cual está garantizada la guerra o los conflictos.)

Crear mentes conscientes de la necesidad de cuidar la convivencia mundial, empezando por la convivencia más cercana, la vecinal, la barrial, hasta llegar a influir en la de la ciudad.

No puedo imaginarme grandes grupos capaces de formarse solo por deseos y buena voluntad.

Se pueden formar puntualmente para una elección (Obama, Lula, son ejemplos de ello), pero un proyecto a largo plazo no puede vivir de lanzar una boleta a un(a) ánfora electoral y echarse a dormir esperando que los políticos profesionales hagan todo lo demás.

Se aprende civismo en la convivencia, a partir de un simple principio: el respeto a todos los demás, independientemente de su estatus social, creencias políticas y religiosas, y de su color de piel y origen.

Necesitamos el ánimo de hacer las cosas porque nos gusta y no porque nos las imponen.

Es triste, en parte, reconocer todo esto, porque eso significa que el Hombre no entiende razones sino solo impulsos de sus glándulas.

Pero eso es lo que hay.

(Queda, por supuesto, una pregunta: ¿qué hacer colectivamente ante grandes amenazas sociales? Las protestas en Francia de estas últimas semanas no son un buen augurio para los que están pensando en grandes protestas sociales. ¿Se acabó el efecto de las grandes manifestaciones y protestas populares? Me temo que en parte sí. Porque la gente ya no se concentra por todo un ideario sino por ideas puntuales. Agotadas o vencidas estas, implican también la disolución del grupo humano que las sostenía.)

Un ejemplo clarísimo de la importancia de hacer las cosas porque nos gusta y no porque nos las imponen, lo dan Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein de la Universidad de Chicago en su libro Un pequeño empujón (Nudge, en inglés).

Allí refieren cómo la ciudad usamericana de Tejas invirtió grandes cantidades de dinero en publicidad para convencer a los tejanos de que tenían el deber cívico de mantener limpia su ciudad.

O sea, el padre pregonando el civismo y sus reglas frente a sus hijos.

¿La respuesta?

Oídos sordos.

Casi como en la vida ‘real’.

Entonces a alguien se le ocurrió apelar al orgullo tejano y se creó el lema «¡Cuidado con Texas!».

Luego se lo encargaron a deportistas famosos y a Willie Nelson, un cantante de country, para propagarlo.

¿El resultado?

Reducción de un 29% -casi un tercio- de la basura en las aceras después de un año.

¡Y reducción de más de dos tercios -el 72%- seis años después!

Habíamos venido probado algo parecido, pero bastante trivial en casa.

En vez de rogarles o exigirles a nuestros pequeños hijos que coman sus ensaladas y verduras, ahora nos preocupamos porque sean infantilmente atractivas: con muchos colores, detalles de decoración y aspecto apetitoso.

¿El resultado?

Ya vamos por lo menos por ese 29 %.

Pero no lo olvidemos: la máxima perversión humana es que todavía existan ejércitos, armas y guerras.

De existir un organismo interplanetario controlador de lo que sucede en el Universo, nos habría prohibido siquiera llegar a la Luna.

Antes -como hace la Unión Europea con sus nuevos miembros antes de acogerlos-, ese ente nos habría exigido resolver nuestros graves problemas fundamentales: sed, hambre, salud, violencia, injusticia, corrupción, contaminación ambiental.

Ese mismo organismo controlador no permitiría que se fabricara ninguna bomba atómica.

Fuera iraní o no.

Y menos que se torturara y asesinara a gente indefensa e inocente (¡a nadie!) en nombre de ningún fin.

…Qué

...HjorgeV 27-10-2010

Anuncios

Un comentario sobre “MATANDO AL MENSAJERO (y II)

  1. Qué tiene de malo buscar un beneficios. Léase ganancia económica.

    Rpta.: Como todo o casi todo, no tiene nada de malo de por sí. Yo también la busco. HjV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s