EL AÑO INFINITO DEL GATO (y II)

En su canción El año del gato, Al Stewart narra la historia del turista que llega a un país en el que el tiempo ha retrocedido.

Allí encuentra a una desconocida que parece (como) salida del sol.

Ella lo conduce a su morada atravesando una puerta oculta tras hacerle perder el sentido de la orientación.

Cuando él despierta al día siguiente, comprende que se ha quedado dormido (como el gato de la leyenda china) y que su bus y los demás turistas han partido sin él. Y que va a tener que quedarse.

Y que aunque va a verse tentado de partir, se quedará porque está en el año del gato.

Es decir, en un mundo irreal.

Desconozco si la canción está basada en una experiencia real de Al Stewart ;) o si fue producto de uno de esos vuelos psicodélicos que tan de moda estaban en esos años.

Pero, nosotros mismos, ¿cuántas veces nos hemos sentido así, como viviendo en la irrealidad?

A mí me suele suceder con cierta regularidad, especialmente cuando encuentro a ciertas personas en lugares y momentos insospechados.

Hace poco conté aquí que, en plena lluvia y buscando la dirección de un traumatólogo en una localidad vecina, bajé de mi automóvil para preguntar por el camino.

Me encontraba a unos veinte kilómetros de casa.

Me había perdido en una zona boscosa y no sabía cómo seguir.

Al borde de un bosque vi una camioneta estacionada y me acerqué a preguntar a su conductor. No me ayudó mucho pero pude seguir mi camino.

Unas dos horas después y treinta kilómetros más adelante y ya de regreso a casa, volví a perderme, esta vez en una zona urbana, en uno de los innumerables pueblos que cubren esta región. Y bajé otra vez a preguntar.

No me di cuenta de que se trataba de la misma persona anterior hasta que esta me preguntó si no le estaba haciendo un chiste.

¿Llegaría a pensar que la estaba siguiendo?

A veces, incluso, tengo la sensación de que el mundo está en su particular Año del Gato. (Pero en uno que ya lleva siglos de vigencia.)

Pongamos por ejemplo las noticias más recientes.

  1. Un país ha hecho de su tragedia del 11-S (y sus tres mil muertos) una aún peor: una nueva tragedia diaria en la que solo la cifra de sus propios soldados muertos ya supera la que quería vengar (y eso sin contar la de los invadidos muertos). Y a «todo» el mundo esto le parece una situación de lo más natural, la gran Europa incluida.
  2. Wikileaks publica 400.000 documentos que destapan crímenes de guerra y diversas formas de pisoteo de los derechos humanos. ¿Alguien conoce alguna investigación que se haya iniciado? ¿Algún proceso en un tribunal internacional?
  3. Al contrario, de pronto, aparecen en diversos países, bombas camufladas como paquetes. Pero, al parecer, solo para hacer recordar que la amenaza terrorista no ha desaparecido, porque ninguno de esos paquetes ha causado víctimas. Como si los terroristas se hubieran confabulado para construirlas mal. ¿A quién le ha llamado la atención este detalle?
  4. Se destapa que un presidente europeo participa en orgías con menores de edad en las que no falta la Blanca Andina (el polvo blanco de Freud y de algún Papa). Es el mismo presidente que hace chistes machistas en público y cambia las leyes a su voluntad para escapar de la justicia. El mismo que ha sido visitado 587 veces por la policía, que ha tenido que acudir a 2.500 audiencias judiciales y que ha gastado un cuarto de millón de euros para no ir a la cárcel. (Datos de la revista Foreign Policy.) El país se llama Putocracia. Está en Europa y todos bien, gracias.
  5. El jefe máximo de una iglesia con 1.166 millones de bautizados en el mundo (el 17,40% de la población mundial), el mismo que ha sido sido acusado de ignorar abusos sexuales y proteger a pederastas miembros de su propia iglesia a lo largo de décadas (también al que abusó de 200 niños) y que hace poco recibió y apoyó a un imputado por blanqueo de dinero, es recibido y aclamado por miles de católicos.¡Como a un santo! (Bueno, por lo menos en España, también tuvo otro recibimiento paralelo.)
  6. A instancias de la mayor potencia mundial, un gobierno latinoamericano le ha declarado una guerra al narcotráfico dentro de su país en la que solo en este año ya van más de 10.000 muertos. Por más que ya se sabía (puesto que los narcos tienen el dinero y la posibilidad de comprar armas al otro lado de la frontera con una facilidad pasmosa) cómo iban a responder a esa invitación a la violencia. (¿A quién le compra México las armas para esa guerra?)
  7. Lo acaba de decir, nadie menos que un político de centro derecha de ese mismo país del norte: «Somos el vecino del gran consumidor de drogas, y hay una paradoja: EE UU condena el tráfico de drogas con la misma intensidad con que las consume.»
  8. La economía mundial acaba de pasar por uno de los días más negros de su historia. Y desde entonces no ha cambiado prácticamente nada. Al contrario. Los responsables se han vuelto más agresivos y más exigentes con el dinero y el trabajo ajeno. La fórmula sigue siendo la misma: quitarles más a los que tienen menos, para que puedan ganar más los que tienen más. ¡Viva la pepa!
  9. Un gobierno socialista europeo ha aumentado las ventas de armas de su país, en un planeta en el que a las grandes mayorías les falta de todo, pero sobran las armas.

Detengo aquí la lista. Nueve es un número elegante. Y cada uno debe tener ideas para una lista propia.

Y es que tal vez no solo estemos en el año del gato.

Es posible que todo (no) sea nada más que la pesadilla de un gato dormilón, en la que nosotros somos sus personajes oníricos invitados.

Lo más fascinante es que los narcotraficantes y otros grandes criminales parecen tener más moral y ética que la de aquellos que hoy pasean campantes en sus vehículos blindados en olor de multitud o dirigen gobiernos con leyes a su medida (criminal) dándoselas de santos.

Por lo menos, me puedo quedar tranquilo porque me lo acaba de confirmar John Le Carré en la radio, mientras volvía de mi frustrado intento de deporte mañanero (un tirón en la parte anterior del muslo acabó con mis ansias domingueras de darle a la pelota).

Sí, me estoy refiriendo al mismo autor de El espía que surgió del frío y de una de mis novelas favoritas: El jardinero fiel.

Me enteré de paso de que habla muy bien el alemán y de que acaba de aparecer su última novela, Un traidor como los nuestros. (Pulsando aquí pueden ver el primer capítulo.)

-¿Cómo nació su última novela? -le preguntó la reportera alemana.

-Me pregunté qué hacían las grandes mafias rusas con sus ingentes cantidades de dinero.

Entonces Le Carré se fue a Suiza y se hizo pasar por un ciudadano ruso en varios bancos de ese país.

-Les dije que tenía 500 millones de euros para depositar y que buscaba un banco de confianza -relató en la radio-. Les dije que en Rusia era considerado una persona honesta y trabajadora.

-Todo eso no nos interesa -le respondieron los banqueros, riéndose-. Nosotros no somos la policía.

Palabra de Carré.

¿No les decía?

Estamos en el Año del Gato.

Qué digo. En el Milenio del Gato.

En el Año Infinito del Gato.

Mañana, cuando salga a la calle, ya sabré entonces que estoy en (y todo no es más que) una película de Humphrey Bogart.

Y miraré –imperterritus– el mundo como Peter Lorre contemplando un crimen.

.

………. HjorgeV 07-11-2010

HjorgeV 07-11-2010

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