SINATRA-JOBIM: LA SOLEDAD FUNDAMENTAL (I)

¿Influye el título de una canción en su éxito, en su destino?

Deseo poner dos ejemplos de uno de mis compositores favoritos.

Corría el año de 1962 en Río de Janeiro, la capital de Brasil por ese entonces.

Dos músicos amigos, Tom y Vinicius, estaban en el bar Veloso del barrio de Ipanema, esquina de las calles Prudente de Morais y Montenegro.

A Tom, quien iba para arquitecto pero se había decantado definitivamente por la música, le fascinaba por igual la samba de su país y la música de Debussy.

Vinicius había estudiado Derecho, pero la poesía le había podido más que todo. Ya había publicado varios libros de poesía y dos años atrás había dejado su puesto de diplomático en la embajada brasileña de Montevideo.

Tom no era el verdadero nombre del primero y Vinicius solo el segundo del segundo.

Tenían nombres larguísimos como los gritos de gol de los comentaristas deportivos de su país. (La desmesura brasuca es proverbial en o pais mais grande do mundo.)

Se llamaban Antônio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim y Marcus Vinicius da Cruz de Melo Morais.

(Respiren, que era lo que le recomendaba Marilyn Monroe a Jack -John F. Kennedy-, cuando este preparaba sus discursos en voz alta en una habitación de hotel, doblemente espiada con micrófonos por la mafia y el FBI, según cuenta Michael Korda en su excelente Los inmortales, una ficción basada en hechos reales.)

Por ese entonces los dos amigos desconocían por supuesto que irían a morir casi a la misma edad ni sabían que la calle Montenegro iría a llevar alguna vez el nombre de uno de ellos.

Llevaban varios años trabajando juntos con un éxito abrumador.

La bossa nova acababa de nacer y ellos habían sido sus principales artífices, junto con un joven guitarrista bahiano con un toque muy particular de su instrumento: João Gilberto.

Cuatro años atrás, en 1958, Tom y Vinicius habían publicado Canção do amor demais (algo así como ‘Canción de amor exagerado’ o ‘demasiado’), un álbum con 13 composiciones suyas, bajo la dirección musical y arreglos del primero.

Habían elegido como cantante a Elizete Cardoso (en otras fuentes Elizeth), A divina, una artista carioca que del choro había pasado a la samba-canción, un género musical surgido en la década de los treinta en Brasil y similar al bolero, y de ahí directamente al alumbramiento de la nueva tendencia musical de la época.

La primera canción de ese álbum, Chega de saudade (título de difícil traducción, algo así como ‘Basta de melancolía’, teniendo en cuenta que el término saudade no tiene equivalente en nuestro idioma), es considerada el tema fundacional del bossa nova (que a su vez significa ‘tendencia nueva’, como la ‘nueva ola’ en otros países, guardando las distancias debidas).

Pero volvamos a la canción mencionada –Menina que passa-, recién compuesta por los dos para una comedia musical titulada Dirigível (Dirigible) y con cuyo texto no estaban contentos del todo.

Tom Jobim, a pesar de haber pasado a la Historia de la Música como uno de los creadores del bossa nova y de varios de los temas más emblemáticos de este género, tenía muchas más facetas musicales: aparte de tocar el piano y la guitarra, y ser un buen letrista y cantar, componía también sinfonías. (Un lector de Ventanilla acaba de hacerme notar que también tocaba la flauta traversa.)

En 1954 había escrito Sinfonía do Rio de Janeiro, para la entonces capital de la república brasileña.

Y en 1960, con Vinicius de Moraes precisamente, habían compuesto Brasília, Sinfonía da Alvorada, el homenaje musical a la nueva capital de su país.

En 1959 habían trabajado juntos para la película Orfeo negro, una coproducción brasileña, francesa e italiana dirigida por el francés Marcel Camus, basada en la obra para teatro Orfeu da Conceição de Vinicius de Moraes y que era a su vez una adaptación al carnaval brasileño del mito griego de Orfeo. La película descubrió Brasil, su música, su carnaval y su saudade para el mundo moderno.

Tom y Vinícius frecuentaban el bar Veloso y solían sentarse en alguna de las mesas que había en la acera, a contemplar morir la tarde.

Así, habían descubierto a una muchacha que pasaba con frecuencia por ahí y que vivía en el número 22 de la calle Montenegro. (Años después, Vinicius le confesó a Heloísa Helô Pinheiro, que se habían inspirado en ella para su canción.)

Ese mismo año de 1962, Stan Getz había logrado con Desafinado, un tema de Tom Jobim, un éxito sin precedentes e inesperado en EEUU.

Los dos sabían entonces que tenían un buen tema entre manos, pero que había que pulir la letra. Y acaso cambiarle de título.

Entonces Vinicius se decide y cambia la letra, convirtiéndola en un abierto homenaje a esa chica del barrio de Ipanema que siempre ven pasar, pero que en realidad es también una reflexión filosófica (porque la belleza recién cuando se comparte, esto es, cuando se descubre y se admira, cuando se ve, cobra sentido, no antes: necesita de un observador para serlo) y una constatación melancólica de paso:

«La belleza que existe, la belleza que no es solo mía, también pasa sola.»

Y Vinicius va y le cambia de paso el nombre original y provisional por el de Garota de Ipanema.

¿Qué habría sido del destino de esta canción bajo otro título?

¿Nomen est omen?

He llegado a todo esto, tras escuchar un álbum singular aparecido este año.

Me refiero al Sinatra-Jobim sessions.

Una compilación, en realidad, de los temas que ambos grabaron en 1967 y 1969, y que como tal se había publicado solo para el mercado brasileño en 1979.

En él hay temas que escuchados con la distancia y la perspectiva que ha creado el tiempo discurrido, nos puede parecer increíble que hayan pasado tan rápido al olvido para el público de a pie.

Temas, que como toda buena obra artística, tienen vericuetos, salones, miradas alucinantes, sorpresas escondidas, puentes y pequeños laberintos de belleza y placer.

Allí está I concentrate on you, de Cole Porter, por ejemplo.

De una belleza fundamental y rara a la vez, y uno de los tres temas de la decena del primer disco –Francis Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim (1967)que no eran composiciones de Jobim.

¿Y qué decir de How insensitive, la versión de Insensatez, ese homenaje al amor loco, desventurado y sin perspectivas, composición del dúo Jobim-De Moraes?

La lista continúa. Inmensa.

Y, a mi parco entender, en el disco no se ha incluido (a pesar de haber sido grabado en una de esas sesiones) una de las piezas musicales más interesantes y hermosas de la música universal: la canción que Jobim compuso cuando le dijeron que no debería cantar porque desafinaba.

Sí, justamente: Desafinado, escrita con Newton Mendonça.

«Solo los privilegiados tienen un oído como el de usted, yo apenas puedo lo que dios me ha dado», escribieron.

Para luego aclarar: «Si usted insiste en clasificar mi comportamiento de antimusical, yo, aunque mintiendo, debo argumentar que esto es bossa nova y que es muy natural. Lo que usted no sabe y ni siquiera puede presentir, es que los desafinados también tienen corazón».

Creo que este texto explica el bossa nova en su expresión más primigenia: la idea, la meta de los músicos como Jobim no era expresarse al modo tradicional y reconocido.

Su corazón callado tenía sus cosas para decir y él las quería decir a su propia manera, con sus propios medios, aún a riesgo de hacer el ridículo.

¿Y qué?

Eso también era el bossa nova.

Como acaso toda innovación artística hace en su momento su propio ridículo.

.

………. Continúa…

Continúa el miércoles…

HjorgeV 21-11-2010

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One comment

  1. Hola Jorge, disfrutando tu entrada recordé una canción hermosa de Tom Jobim con Elis Regina tempranamente desaparecida. Hermoso momento que acabo de pasar: http://www.youtube.com/watch?v=srfP2JlH6ls
    Abrazo desde Ventanilla donde todo es sol y alegría.

    Rpta.: Hola, Jorge. Había escuchado el tema alguna vez sin prestarle mayor atención. Qué bonito, realmente. Y mira, desconocía esa otra faceta de Jobim: la de flautista. Pero, ojo, también, al humor, a la letra, al enlace y contrapunto de voces, términos y sentidos creados con las palabras. ¡Y esa displicencia desconcertante del gran Tom Jobim! Como si no existiera en el mundo nada más allá de la música. Gracias. HjV

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