DISTOPÍAS NO IMAGINADAS POR ORWELL (I)

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Una distopía es lo opuesto de una utopía.

Si una utopía es el sueño de una sociedad ideal, la distopía es la antiutopía, la versión perversa de ella.

Obviamente, existen tantas utopías y distopías como mentes las imaginen.

Apenas acabada la II Guerra Mundial, el escritor británico Eric Arthur Blair escribió una novela que es un paradigma distópico.

Tenía como título 1984, pronosticando así el año en que esa distopía se haría realidad.

Eric Arthur Blair, quien firmaba sus obras como George Orwell, imaginó una sociedad oprimida, vigilada y controlada por un Estado totalitarista, capaz de recurrir a la tortura para conseguir sus objetivos y armado de una policía del pensamiento y de una neolengua, adaptable esta a los deseos y necesidades del gobierno.

(El principio imaginado era genial: lo que no existía como palabra no podía ser pensado: anulación del deseo mediante la anulación del lenguaje.)

Blair/Orwell no estuvo demasiado lejos en su cálculo del desarrollo de las sociedades humanas hasta llegar a las actuales.

El Gran Hermano no es una persona, pero sí en muchos países todo un aparato estatal dirigido a controlar el peligro que puede comportar pensar diferente, especialmente cuando eso pone en peligro el status quo y se vuelve una crítica al poder.

Por otra parte, la neolengua de Orwell (un inglés reducido y adaptado a las necesidades represivas del Estado, en el que no existían o se anulaban las palabras que podían llevar a pensamientos subversivos) está bien representada globalmente por el lenguaje publicitario del comercio, que no es otro que el destinado a despertar sensaciones y crear necesidades artificiales con el único objetivo de vender más.

Incluso su imaginada Habitación 101, el antro de tortura del Estado orwelliano, tiene su réplica o correlato en casos como los de Guantánamo y Abu Ghraib.

Lo que no imaginó Orwell fue la fuerza y el poder del narcotráfico.

Su capacidad y voracidad para infiltrarse en el tejido social hasta llegar a corromper al mismo Estado que lo quería combatir.

Orwell no imaginó que el planeta se convertiría alguna vez en un conjunto de Narco-Estados. Que tal vez ya nos estemos moviendo irremediablemente hacia un Narco-Planeta.

Su novela la escribió entre 1946 y 1947, poco después de terminada la II Guerra Mundial: una época en que la cocaína recién se empezaba a hacer conocida por todo el planeta y las guerras todavía se hacían en defensa de ciertos ‘ideales’ y no como el simple y abierto negocio y necesidad expansiva de la industria armamentista de hoy.

Tal vez si Orwell hubiera tomado el ejemplo de la gran prohibición en EEUU, habría podido ‘mejorar’ su distopía.

Y se hubiera dado cuenta, de paso, del interés existente por los tres mayores negocios del planeta: las drogas (legales e ilegales), las armas y el sexo.

DEL NARCO-ESTADO AL NARCO-PLANETA

Hoy, que gracias a Wikileaks se ha podido saber, por ejemplo, que la frontera de México con Guatemala es una coladera de la que se valen los narcotraficantes para introducir grandes cantidades de la droga que viene de Sudamérica al país vecino directo y mayor consumidor de cocaína del mundo, EEUU, sería bueno recordar que lo mismo sucedió justamente en ese mismo país en la época de la Ley Seca.

Si hoy la queja es que mientras 3.000 kilómetros de la frontera entre Estados Unidos y México son vigilados por 30.000 agentes de la mayor potencia del mundo (10 funcionarios por kilómetro), México solo tiene 125 agentes para los 1.000 kilómetros de su frontera sur con Guatemala (0,125 policías por kilómetro), Fiorello La Guardia, alcalde de Nueva York durante la prohibición y uno de los más populares de la historia de esa ciudad, llegó a decir lo siguiente:

«Para lograr un cumplimiento estricto de la Ley Volstead [Ley Seca] solo en nuestro estado, serían necesarios unos 250 mil policías…más otros 200 mil agentes que se encargaran de vigilarlos.»

No era una broma de La Guardia.

La corrupción era generalizada también.

Para evitar el tráfico a lo largo de 20.000 kilómetros de costa el gobierno federal nombró 2.500 agentes: poco más de un agente cada 10 kilómetros.

(Canadá era entonces -por así decirlo- la Guatemala de EEUU, con sus 6.000 kilómetros de frontera norte.)

Y no lo consiguieron.

La Ley Seca provocó un auge notable del crimen organizado y el gobierno de EEUU de entonces se vio en el aprieto de querer hacer cumplir una ley sin contar con los medios materiales ni humanos para conseguirlo.

Ni las ganas de su población.

Hay ciertos paralelismos con el México actual, con la diferencia de que mientras los alco-traficantes usamericanos de la época medraban y se hacían cada vez más poderosos con sus negocios ilegales y se infiltraban en el poder de la forma más ‘natural’ posible porque atendían a sus mismos compatriotas, los narcotraficantes mexicanos de hoy son una especie sentada en dos sillas.

Porque por una parte atienden la drogodependencia de los habitantes de otro país -EEUU- y son perseguidos por este. Por otra, este mismo país -EEUU- le proporciona las armas que necesita para enfrentarse al Estado mexicano, donde se mueven, viven y son combatidos.

Alphonse Gabriel Capone, quien terminó encarcelado por evasión de impuestos y no por mafioso y alco-traficante, lo resumió así:

«Gané dinero satisfaciendo las necesidades de la nación. Si al obrar de ese modo infringí la ley, mis clientes son tan culpables como yo. Todo el país quería aguardiente y organicé el suministro de aguardiente. En realidad quisiera saber por qué me llaman enemigo público. Serví a los intereses de la comunidad.»

Y es que Al Capone era/fue un tonto. Quiero decir, un impresentable como Pablo Escobar.

Porque mientras otros hombres tan ricos y poderosos como él, como, por ejemplo, el mismísimo Joe Kennedy, padre de los Kennedy (quien amasó su fortuna y tejió su influencia por todo su país valiéndose tanto de la venta legal como ilegal de alcohol en plena prohibición), Al Capone no supo deshacerse de su disfraz ni de sus modales de matón.

Tal vez si hubiera estudiado algo, habría pasado como Nixon de ser abogado del capo usamericano Meyer Lansky a ser presidente de EEUU.

(El único que ha renunciado a su cargo en la historia de ese país debido al llamado Watergate, un destape similar a los actuales de Wikileaks.)

Pero volvamos a los Narco-Estados que no pudo imaginar Orwell.

Pondré cinco ejemplos para ilustrar a qué me estoy refiriendo, sin detenerme en la obvia Italia de Berlusconi o la Cuba de Batista y la mafia usamericana, cuando La Habana era «The Latin Las Vegas»: el burdel y el casino de EEUU.

Continúa…

HjorgeV 14-12-2010

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