DISTOPÍAS NO IMAGINADAS POR ORWELL (y III)

Obviamente, un Narco-Estado no tiene que estar regido por narcotraficantes para serlo.

Al Narcotráfico (con maýuscula inicial porque ya es todo un poder) le basta ir ganando terreno y mantener su influencia utilizando canales y entes legales.

En las democracias modernas eso es posible porque los votos se ganan con dinero.

No necesariamente de forma tan procaz como lo acaba de hacer Berlusconi en Italia (comprando literalmente diputados para evitar ser defenestrado), pero nadie ignora que las elecciones en cualquier país de los llamados democráticos suelen ser ganadas por el que hace más propaganda electoral.

Son raros los casos en los que esto no es así, es decir, en los que un candidato o candidata gana por la calidad de sus propuestas.

La democracia moderna se ha convertido, así, en una farsa que nadie se atreve a cuestionar seriamente ni alterar.

Un simple vaivén, péndulo o turno de dos partidos en muchos de los países de Occidente, un simple circo publicitario en otros, siempre un acto rehén y dependiente del negocio de la publicidad.

No ganan las ideas: ganan las sensaciones y las impresiones difundidas a través de los medios de comunicación.

Y quien domina estos medios, domina también las elecciones.

Al Narcotráfico le basta con apoyar a un candidato en su campaña electoral para garantizarse cierta protección e impunidad futura.

Personalmente, no me extrañaría que incluso apoyen a varios candidatos a la vez en una misma elección.

Posee los medios para hacerlo. Y es como jugar en la ruleta a todos los números: siempre se gana.

Salvo, acaso, en México, y esto debido a la guerra que le ha declarado el Estado mexicano al Narcotráfico por presión de EEUU, cada vez son más raros los narcotraficantes como el colombiano Pablo Escobar, el Zar de la Cocaína, quien llegó a figurar en la lista de las 10 personas más ricas del mundo.

Se dice que tuvo vinculación con más de 4.000 asesinatos, con coches bomba incluidos.

Escobar también fue un político elegido para el Congreso de su país.

Pero los narcos han aprendido.

Saben que es más seguro el camino discreto, el perfil bajo, el mimetismo..

Han aprendido de países como Suiza y Luxemburgo, y de los llamados paraísos fiscales.

Es decir, a vivir discretamente del y con el dinero sucio.

Han sabido diversificar sus actividades e inversiones.

Han aprendido que el cuello blanco y las buenas maneras rinden más que las bravatas y la violencia.

Que la diplomacia y el engrase en los puntos convenientes son el mejor camino para continuar con el negocio sin mayores problemas ni sobresaltos.

Han aprendido que es mejor dejar trabajar a bancos europeos como los de Suiza y Luxemburgo, que dedicarse a enfrentarse a tiros con la policía o el ejército.

El Narcotráfico ha aprendido a distribuir el trabajo.

Que tiene que haber una élite preocupada del mando de la organización, limpia de delitos ‘sucios’ como matar, sobornar y coercer abiertamente.

Ha aprendido que es más seguro estar al lado de -por ejemplo- Suiza y sus bancos que escondiendo el dinero en su propio país.

¿Quién se atrevería o atreverá a romper el secreto bancario suizo?

Como decía Brecht: «Was ist ein Einbruch in eine Bank gegen die Gründung einer Bank?» O sea, ¿qué es robar un banco comparado con fundar uno?

Por otro lado, hay más factores que apuntalan el negocio de la cocaína: la Doble Moral, la gran capacidad de adaptación del Narcotráfico y la necesidad de gloria del poder.

Aunque la Doble Moral es básicamente el negocio de las religiones (¿las necesitaríamos si fuéramos todos honrados y consecuentes?), también refuerza al Narcotráfico, porque mientras no se quiera aceptar que nuestras sociedades necesitan de sus drogas (empezando por el alcohol) y que sería mejor dejar en manos del Estado su comercialización reglamentada y la educación de su uso adulto responsable, existirán el mercado y el negocio ilegal para los narcotraficantes.

Observémoslo en el país que hoy dicta la moral pública internacional.

En el mismo país en el que Nixon hace 40 años le declaró la guerra al narcotráfico fuera de sus fronteras, se dice que nadie menos que el inefable George W. Bush consumía cocaína en Camp David, la residencia presidencial de descanso, cuando su padre era presidente, incluso hasta dos meses antes de salir elegido.

Lo afirma Kitty Kelley en su libro La Familia: la verdadera historia de la dinastía Bush.

Y de Obama también se sabe públicamente que consumió regularmente cocaína en su juventud.

Clinton, más dado a creer que una felación no es sexo, reconoció haber fumado marihuana pero no haber «tragado el humo».

(Aunque el periodista Christopher Hitchens, que estudió en Oxford en la misma época que el ex presidente, ha desvelado el ‘misterio’: Clinton no se tragaba el humo, simplemente porque prefería sus dosis de marihuana en forma de pastelitos o galletas.)

El país que más consume cocaína en el mundo (salvo que las ingentes cantidades que introducen las bandas de narcotraficantes sean para usarla como abono o talco para los pies) presenta también una serie de rarezas.

¿Por qué sus muertos -especialmente sus famosos- por abuso de cocaína no figuran, salvo raras excepciones, como tales?

Siempre se usan eufemismos: muerte por barbitúricos se decía en la época de la Monroe. Hoy los famosos adictos mueren de una «combinación de calmantes», pero sin mencionar la razón por las que tomaban esos calmantes. (¿Para calmar qué?)

Otras preguntas:

¿Cómo es que no existen narcos usamericanos conocidos?

¿La cocaína se distribuye sola una vez que pasa la frontera?

¿Por qué EEUU solo combate -militarmente- al Narcotráfico fuera de sus fronteras?

Me arriesgo a afirmar que es una consecuencia fatal de su Doble Moral: los demás son los pecadores.

Sobre la gran capacidad de adaptación del Narcotráfico habría que destacar su alto talento para congraciarse con el poder, la diversificación de sus rutas y de las modalidades de transporte.

Finalmente, el tercer punto mencionado, la necesidad de gloria del poder, no creo que sea algo despreciable.

Giorgio Agamben, filósofo italiano, dice que el poder moderno sigue teniendo necesidad de la gloria aparte del poder y que por eso todos los aspectos litúrgicos, ceremoniales y aclamatorios mantienen su vigencia.

Si el poder siempre tuvo necesidad de gloria (allí están los grandes monumentos del pasado como pruebas materiales de ello), hoy el poder reconoce con mayor desesperación la brevedad de la existencia humana, los pocos años que nos son dados sobre la Tierra.

Berlusconi y sus orgías son una caricatura de ello.

Pero el boato y los faustos del poder se ven cada vez más en países tan pocos ‘sospechosos’ de necesidad de gloria como Suecia (y su matrimonio real del verano europeo pasado) o Qatar (y su mundial de fútbol).

Los poderosos no solo quieren gobernar, también quieren celebrarse.

(Lo interesante es que las nuevas tecnologías están alterando toda una estructura social que hasta hace poco nos parecía inamovible.

Porque probablemente -Marx se removería en su tumba- no será la clase trabajadora la que haga la próxima revolución, sino una clase media armada de tecnologías y sedienta de esa gloria no compartida.)

Allí donde el poder busca la gloria, el Narcotráfico le pone el sexo de mujeres ‘precalentadas’ con la Blanca Andina y la posibilidad de beber sin perder el control, la exacerbación del apetito sexual y la euforia celebratoria.

¿Llegaremos a ver gracias a Wikileaks cuál es la verdadera relación de países como EEUU e Italia con el Narcotráfico?

Antes, los poderosos hacían creer a la opinión pública mundial que solo los sátrapas, dictadores (enemigos) y otros ‘indeseables’ eran los que mentían a los ciudadanos de sus países.

Wikileaks ha dejado claro que se trata de una práctica mundial.

Que la corrupción no tiene bandera ni límites.

El mejor terreno de cultivo para el Narcotráfico.

Y el detalle que le faltaba a la distopía de Orwell.

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HjorgeV 23-12-2010

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