LOS VIAJES DE PROUST Y GOETHE

Paseándome por la Red, me encontré con una afirmación atribuida a Lezama Lima que me dejó pensando.

Es la siguiente:

«El viaje es apenas un movimiento de la imaginación. Goethe y Proust, esos hombres de inmensa inmensidad, no viajaron casi nunca.»

Lo leí en una bitácora cuyo nombre me intrigó y me atrajo: Un poema al día.

Pero, ¿es cierta la reiterativa afirmación de Lezama?, me pregunté.

Recordaba que Goethe había estado en Italia, por ejemplo.

Y no me imaginaba que habiendo escrito tratados sobre botánica y la teoría de los colores (es de los rarísimos escritores de renombre con obra científica publicada, sus otros campos de interés eran la osteología, la química y la geología), no hubiera viajado «casi nunca».

Consulté la Wikipedia.

Para empezar, ya a los 16 años había abandonado su Fráncfort del Meno natal para irse a estudiar Derecho a Leipzig, a 400 kilómetros de distancia.

 

 

Sus estudios los terminó en Estrasburgo, ciudad a 600 kilómetros de la anterior.

Después volvió a Fráncfort.

En 1775 se trasladó a Weimar.

Había llegado allí invitado por la Corte de Weimar del príncipe heredero de ese entonces, Carlos Augusto.

Entre las tareas que este le encomiendó a lo largo de más de diez años y que lo alejaron de la escritura, estaba la de viajar continuamente.

Luego en 1786 se trasladó a Italia: estuvo en Venecia y terminó en Roma. Y regresó en 1788.

En esos años no se viajaba en avión, de tal manera que tuvo que pasar por una serie de pueblos y ciudades a la ida y a la vuelta.

Es decir, Goethe no solo viajó a Italia, sino que también viajó por ese país.

Por otra parte, dentro de la misma Alemania, un momento resaltante de su vida (recibió la partícula von -que significa ‘de’- como dádiva de Carlos Augusto, hecho que escandalizó a la nobleza de ese tiempo), fue su encuentro con Napoleón Bonaparte.

Ocurrió en la ciudad alemana de Érfurt, una ciudad vecina de Weimar.

Pasó el resto de su vida en esta última, pero en agosto de 1831 (un año antes de morir) viajó a la región de Turingia y volvió a Ilmenau a dejar una lágrima: en la cabaña donde 51 años atrás había escrito en la pared uno de sus más famosos poemas.

¿No viajó «casi nunca» Goethe?

Obviamente, en el caso del alemán no es cierta la afirmación atribuida a José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976).

Luego pasé a ver el caso de Proust (Auteuil, 1871 -París, 1922).

Un solo párrafo de la entrada correspondiente de la Wikipedia desmiente la afirmación del cubano.

Transcribo:

«La muerte de Ruskin en 1900 fue aprovechada por Proust para iniciar la traducción de su obra. Para este fin emprendió varios peregrinajes ruskinianos al norte de Francia, a Amiens y sobre todo a Venecia, en donde residió una temporada con su madre.»

Si hizo varios peregrinajes al norte de Francia, tuvo que recorrer su país (varias veces) para llegar a Amiens.

Y si residió un tiempo en Venecia (a 1.116 kilómetros de distancia de París), tuvo que pasar por media Francia y atravesar todo el norte de Italia hasta llegar al Mar Adriático.

 

 

Fascinante, por lo demás, la vida de Goethe.

Sus diversas inclinaciones científicas: imposibles en esta Alemania actual tan inclinada a la alta especialización en todos los campos de la vida laboral.

Su romanticismo de viejo verde: a los 72 años le declaró su amor a Ulrike von Levetzow, una joven de 19, pero fue rechazado.

Por otra parte, el poema que escribió en la cabaña cerca de Ilmenau fue uno de los primeros textos que me aprendí de memoria en mis tiempos de alumno del Instituto Goethe de Lima.

Intentaré traducirlo (tomándome algunas libertades y quedándome insatisfecho con el resultado), aunque el quid lo da un verbo (ruhen) que significa reposar, descansar, pero que también quiere decir guardar silencio. Y con este verbo, y un sustantivo derivado de él, Goethe hace un juego de palabras que no se puede trasladar a nuestra lengua.

Über allen Gipfeln
Ist Ruh,
In allen Wipfeln
Spürest du
Kaum einen Hauch;
Die Vögelein schweigen im Walde.
Warte nur, balde
Ruhest du auch.

 

En las cumbres

Reina el silencio,

En las copas de los árboles

Apenas se siente un soplo;

Los pajarillos callan en el bosque.

Espera nomás, pronto

reposarás/callarás tú también.


Proust viajó menos que Goethe, sí, pero decir que «casi nunca» viajaron es espurio.

Me pregunto si la famosa y barroca erudición de Lezama Lima, no tendrá otros ejemplos de inconsistencia como este.

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HjorgeV 09-01-2011

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2 comentarios sobre “LOS VIAJES DE PROUST Y GOETHE

  1. Me gustó el poema y no sé en la traducción se “siente bien” con ambas palabras y más con las 2 a la vez. Saludos desde Ventanilla donde todo es sol y alegría.

    Rpta.: Con todo, el sentido de callar/reposar porque alguna vez nos toca a todos fenecer, me parece que no está bien dado. De todas maneras, gracias por tu comentario. Saludos cordiales. HjV

  2. Buenísima tu entrada, ha sido un gusto cruzarme con tu blog. El poema es sencillamente genial.

    Saludos

    Rpta.: Hola, Adalberto. Mira, pues. Solo te lo puedo agradecer. Que estés bien. Saludos desde Colonia. HjV

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