EL PODER DE CIBERNIA

 

¿Qué hacer con datos o imágenes propias que circulan por la Red sin que lo deseemos?

No es mi caso, pero acá en Alemania se sigue discutiendo sobre una ley que ampare el derecho a cierta privacidad en la Red y la posibilidad de borrar contenidos indeseables aún cuando uno mismo los haya colgado.

El auge de las llamadas redes sociales (según la Wikipedia en la Red hay más de 200, entre las que facebook es solo una de las más conocidas) (en alguna parte leí un letrero genial que decía: «-face +book») conlleva también un nuevo miedo:

¿Qué hacer para que ciertas imágenes nuestras o textos que uno mismo escribió desaparezcan de Cibernia si así lo deseamos?

¿Será posible alguna vez borrar definitivamente todo aquello que alguna vez colgamos (muchas veces por diversión) en la Red y ahora nos avergüenza?

 

 

La Red, Internet, se está convirtiendo cada vez más -para bien y para mal- en un nuevo Poder aparte.

Su capacidad para almacenar información, compartirla y permitir su consulta es un poder del cual todavía sabemos poco.

Pero poco a poco este poder irá aumentando y es posible que el futuro nos depare situaciones increíbles y hoy impensables.

¿Doy una idea?

¿Qué pasará cuando, por la razón que sea, a alguien invente un programa capaz de captar cualesquiera conversaciones telefónicas?

¿Qué pasará cuando luego sea posible colgarlas directamente en la Red?

No creo que ese día esté muy lejos.

(Obviamente, llegado ese supuesto momento, será posible ‘defenderse’, pero solo a cambio de cierta protección pagada.)

Anoche le contaba a una amiga de mi hija que cuando yo era un quinceañero como ellas, «lo máximo» de la telefonía en Lima era tener un teléfono con un cable larguísimo que nos permitía seguir telefoneando al pasar a otra… habitación.

En esa época, si alguien nos hubiera dicho que alguna vez yo podría estar enlazado con toda mi collera (con la patota, con la mancha, o sea, con el grupo de amigos) tanto auditiva como visualmente e independientemente de dónde se encontrara cada uno de ellos (sobre el planeta), lo habríamos tomado por una idea estólida.

Hoy los avances tecnológicos ocurren más rápidamente y la tecnología ayudará tanto a criminales como a la justicia.

A buenos y a malos proyectos.

A ‘buenos’ y ‘malos’.

En un futuro cercano la Red se unirá a la telefonía celular o móvil y de esa unión (en la que estará incluida la televisión, obviamente) nacerá un nuevo medio, más poderoso que el actual Internet.

¿Cómo lo llamaremos?

Lo llamaré, por ahora Cibernia.

La Red ya empezó a mostrar su poder para derribar dictaduras (el caso de Túnez es sintomático). Por otra parte, Wikileaks le debe su existencia y su éxito a esta Era Internet.

Ejemplos hay muchos.

LA LARGA NARIZ DE UN ACADÉMICO

Francisco Rico es un miembro de la misógina y chistosa (recolecto ejemplos) Real Academia Española.

Como en España ha entrado en vigor la Ley Antitabaco y a muchos no les ha gustado, han empezado a circular los argumentos de los que están en contra de la rigurosa medida.

Rico es uno de ellos.

No hace mucho publicó un artículo en El País. Su título: Teoría y realidad de la ley contra el fumador.

La leerlo, me llamaron la atención especialmente tres cosas: su título pretencioso y rimbombante, su negacionismo respecto a los letales y comprobados efectos del tabaco y la frase final de su diatriba.

La terminaba así:

P.S. En mi vida he fumado un solo cigarrillo.

Quise comprobarlo y decidí darme una vuelta por la Red.

Introduje el nombre del susodicho y busqué en ‘Imágenes’.

Y hete aquí, aquí hete, que ¡había más de una mostrándolo con un cigarrillo entre los dedos!

La lectora Magdalena Azabal Arroyo, quien también había emprendido la misma búsqueda, fue más allá:

Rastreó una entrevista del año 2008 en la que la periodista Karmentxu Marín retrataba a Francisco Rico como un fumador empedernido: «fuma como una chimenea».

Pero allí no quedó la cosa.

Como el profesor Rico fue desenmascarado públicamente, la Defensora del Lector del mencionado diario le hizo la correspondiente increpación.

Transcribo la respuesta de Rico.

Diviértanse con el ejercicio exegético:

«Amén de darle al conjunto una nota de color, el post scríptum quiere decir varias de las cosas que literalmente dice, y sobre todo otra no literal, pero obvia: que “Je est un autre” (Rimbaud), la escritura no es la autobiografía y “la verdad es la verdad dígala Agamenón o su porquero” (A. Machado). El P. S. me ha producido la triste satisfacción de comprobar lo que yo diagnosticaba: que la ley es una escuela de malsines. Porque casi todos los que se pronuncian contra mi artículo lo hacen buscando hurgar en mi vida y costumbres, espiando a mis amigos y buscando antecedentes incriminatorios. En mis argumentos apenas se entra.»

¿Entendieron todo? Qué capacidad para sacarle jugo a una simple frase.

Me acordé de Cantinflas.

Más bonita, aún, la respuesta de la Defensora del Lector:

«Sostiene el profesor Rico que la frase puede tener diversas lecturas, pero incluso para quienes interpreten que asegura no haber fumado nunca, eso no quiere decir que se refiriera a él mismo, autor del artículo. El “yo escritor”, afirma, no tiene por qué coincidir con el “yo biográfico”. Es decir, que quien escribe el artículo es su personaje y no él mismo y, por tanto, para reforzar su posición, puede afirmar tranquilamente que nunca ha fumado.

En el ámbito de la literatura, este recurso estilístico ha dado lugar a notables obras literarias.»

Luego remata, con justa razón:

«Un artículo de opinión no es una pieza literaria con elementos de ficción, y menos un texto tan político como el del profesor Rico. De modo que lo que en principio parecía un simple error o un problema de expresión, se ha convertido en algo más importante: un asunto de verdad o mentira.»

Si el profesor Rico hubiera tenido la posibilidad inicialmente mencionada (la de poder borrar ciertos contenidos de la Red), ¿habría pensado en esas imágenes que lo mostraban con un cigarrillo en la mano antes de publicar su artículo?

¿O simplemente no se le ocurrió que alguien las podría encontrar tan fácilmente?

Pensando en todo esto, me sigue sorprendiendo el caso de la pronta caída de Berlusconi.

Por lo pronto, ya se sabe que Ruby, la joven marroquí que ha participado en sus orgías desde que tenía 16 años (por lo que ahora se le acusa de prostitución de menores), afirma que le habría pedido cinco millones de euros al primer ministro italiano a cambio de su silencio.

UN SILENCIO DE CINCO MILLONES DE EUROS

Esta no es la trama de una novela negra (y roja: de suspenso y sexo).

Y lo que se sabe, se sabe por las escuchas telefónicas hechas por la policía.

Hay varias perlas.

Y es que los poderosos pueden tomar todas las medidas y cuidados posibles para no dejar huellas de sus actos (y que estos sean colgados en la Red).

Lo que no pueden hacer es taparle la boca a una persona en su tiempo libre.

Se trata de una acusación de la Fiscalía de Milán que comprende a no menos de 15 prostitutas y velinas, los 3 supuestos proxenetas de su confianza, su contador y él mismo.

Según el sumario, Berlusconi ha sido asiduo de fiestas (las famosas bunga bunga) para dos o tres hombres, ‘amenizadas’ por una tropa de una veintena de jóvenes, entre ellas -ahora se ha descubierto- también menores de edad.

Aquí, parte de una de las conversaciones escuchadas a una de las chicas:

«Júrame que no te lo vas a tomar mal. Por el amor del cielo, se ven cosas de todo tipo, en el sentido de la desesperación más total. Te darás cuenta de que hay gente para la que supone la ocasión de su vida, por lo que verás cosas increíbles. Fíate de mí y concéntrate en el francés (sexo oral) porque a él le vuelve loco, le gusta, dile todo lo que haces, etcétera. Hay varios tipos de chicas: está la putilla, está la sudamericana que no habla italiano y que viene de una favela, está la que es un poco más seria, la que es un término medio…»

Obviamente, estando la prostitución permitida en Italia, Berlusconi no puede ir a parar a la cárcel por putañero ni por el hecho de mantener un harén de unas 15 prostitutas y velinas.

De lo que se le acusa concretamente es de abuso de poder y de haber mantenido relaciones sexuales a cambio de dinero con una joven marroquí desde que esta tenía 16 años.

Europa, siglo XXI.

Berlusconi se ha salvado una y otra vez, con las artimañas más increíbles.

¿Caerá esta vez?

(Curiosamente, en esta oportunidad no se menciona para nada el tema de la infaltable cocaína en sus fiestas.)

La cosa se le ha complicado, porque ahora un arrepentido de la mafia acaba de afirmar en un juicio que fue Berlusconi quien ordenó unos atentados contra bienes culturales perpetrados en 1993.

La pregunta es:

¿No grabó ninguno de los participantes (hombres o mujeres) con su celular alguna escena de las orgías de Berlusconi?

No me lo puedo imaginar.

¿Tan grande es el sentido de la seguridad del primer ministro (o de los responsables de su seguridad) que no ha(n) permitido todo este tiempo el paso de un pequeño telefonino?

(Así se llama en Italia a lo que en España se llama móvil y en Alemania se conoce como Handy, una palabra inventada que solo se usa en el ámbito de la lengua de Heinrich Böll.)

Y justo ahora que escribo esto (puse en el buscador ‘Berlusconi seguridad’ por simple impulso), me entero de la existencia de dos videos que ya han sido colgados en la Red. (Ver el siguiente a partir del minuto 42.)

 

 

El video ha sido publicado por un medio italiano no por el hecho de que entraran dos muchachas a la residencia que Berlusconi tiene en las afueras de Milán, sino porque el vehículo ingresó sin ser controlado por los carabinieri en la entrada.

Es decir, por la laxitud del aparato de seguridad alrededor del primer ministro de Italia.

¿No serán los cinco millones que pide Ruby (el «trasero» de Berlusconi, como ella misma se ha definido; piensen) el precio por no colgar ciertas imágenes en la Red?

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HjorgeV 19-01-2010

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