CATORCE PATRONAS Y UNA SANTA QUE VENDE PAN

Catorce mujeres de la localidad de Guadalupe (también conocida como La Patrona) del municipio de Amatlán de los Reyes, del Estado de Veracruz en México, me acaban de dar la mayor lección de humanidad y generosidad que haya/he recibido en mi perra vida.

¡Sí, señor!, como dicen los mexicanos.

Y esto, gracias al documental El tren de las moscas (que bien debería llamarse Las patronas) de los cineastas españoles Nieves Prieto Tassier y Fernando López Castillo.

La localidad de Guadalupe, también conocida como La Patrona, está ubicada a unos cien kilómetros de Veracruz, una zona de clima cálido y húmedo con abundante vegetación.

Transcribo un párrafo del documental:

«Allí viven “Las Patronas”, un grupo de 14 mujeres que, diariamente desde hace 15 años, dan bebida y comida a los emigrantes que viajan, como moscas, sobre trenes de carga hacia EEUU.»

 

 

¿A qué trenes de carga se refieren?, fue lo primero que me pregunté. Luego: ¿Cómo es el negocio de estas mujeres?

Me imaginé a las típicas vendedoras de choclo con queso que suben a los trenes (son contados) de los Andes de mi país.

La verdad, la historia me pareció increíble: eso de ver a decenas de personas, hombres casi todos, viajando semidesnudos trepados sobre los techos de los vagones de un tren para llegar a un país que no los quiere.

¿Y después de viajar así miles de kilómetros? ¿Hasta cinco mil? ¿Podía ser cierto?

Le di al Rey Gúglico (sin saber en verdad bien dónde o cómo empezar a buscar) parte de lo anteriormente transcrito: «trenes de carga hacia EEUU».

Entonces se abrió un nuevo mundo, totalmente desconocido para mí a pesar de ser latinoamericano.

Sabía que el número de inmigrantes indocumentados que llegan cada año a Gringolandia es altísimo.

Una de las primeras fuentes que encontré (de la BBC MUNDO.com) era del año 2006, o sea, de hace un lustro.

Ya entonces se aseguraba que en un solo año había crecido «hasta en un millón la cantidad de inmigrantes en situación irregular» y que en marzo del 2005 el informe del Centro Pew Hispánico «colocaba la cifra en 11,1 millones».

Eso significaba que el 30% de la población extranjera en EEUU estaba en situación irregular.

El documental de Nieves Prieto (Barcelona, 1972) y Fernando López (Vitoria-Gasteiz, 1953) lo aclara luego:

«Al menos 400.000 indocumentados centroamericanos cruzan cada año México para tratar de llegar a EEUU. Al 15% que lo consigue le espera la policía fronteriza y cazadores de espaldas mojadas.»

Luego el Rey Gúglico (o Googlico) me pasó otro documento interesantísimo.

El tren existe y es conocido como El Tren de la Muerte . O, también, como La Bestia.

Un tren de carga que recorre México y es usado por los inmigrantes indocumentados para viajar gratis sobre el techo de los vagones hasta la frontera con EEUU.

Parte al sur de México, en Arriaga, Estado de Chiapas, a 200 kilómetros de la frontera con Guatemala, llevando maíz, cemento y minerales. (Después me entero que no se trata de un solo tren o de una sola vía y que los inmigrantes deben cambiar continuamente de tren para llegar a la frontera con El Norte.)

Creo que no es necesario tener ninguna ningún tipo de convicciones políticas o religiosas para quedarse pasmado con este documental de Nieves Prieto y Fernando López.

(También me acabo de quedar pasmado con la burla de Israel, pero esa ya es otra categoría. Macabra, perversa.)

Y, justamente ahora que en España -el país de los autores del cortometraje-, el presidente del ente particular que «lucha» por los derechos de autor de sus socios acaba de admitir que gana un cuarto de millón de euros al año por conseguir que algunos de ellos se vuelvan millonarios.

Me entero de que en México, en ese lugar de Veracruz arriba mencionado, catorce valientes mujeres se encargan de avituallar diaria y gratuitamente a cientos de inmigrantes desde hace 15 años.

Y lo hacen, además, arriesgando día a día su vida al pie de las vías:

Porque lo hacen con el tren en marcha.

Hay que ver este multipremiado cortometraje para creerlo.

(Pueden verlo en toda su extensión de 15 minutos en la sección de videos de El País pulsando aquí.)

En un mundo en el que la cultura se confunde cada vez más con el espectáculo y no se entiende ya la primera sin este último.

Y eso, a pesar de que al espectáculo le interesa un rábano la cultura, salvo para hacer sonar la caja registradora. («Hacer caja» se llama a esto último.)

En un mundo con una única obsesión de nombres diferentes: la ganancia, la acumulación, la ventaja, el pago, la retribución, los intereses, el rédito, la inversión, el lucro, el peculio, la pecunia, la crematística.

En un mundo en el que ya no se hace nada sino salta una moneda al final.

Estas mujeres mexicanas me han trastocado toda una forma de ver las cosas. Sí, también mi cosmovisión.

Qué curioso, haberme encontrado también hoy con el prólogo de un libro de Vargas Llosa que está por salir, si no he entendido mal: La civilización del espectáculo.

 

Nunca hemos vivido como ahora en una época tan rica en conocimientos científicos y hallazgos tecnológicos ni mejor equipada para derrotar la enfermedad, la ignorancia y la pobreza y, sin embargo, acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados respecto a ciertas cuestiones básicas como qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida, si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, alma, trascendencia, significan algo todavía, y, si la respuesta es positiva, qué es exactamente lo que hay en ellas y qué no.

 

Cómo ha cambiado el pensamiento del reciente Nobel, compruebo.

La migración y sus historias.

Pueblos y países enteros que cambian por las actuales migraciones. ¿Cómo será el mundo de aquí a cien años apenas?

Pueblos y países enteros que olvidan que ellos mismos alguna vez dirigieron migraciones violentas y expoliadoras. Ejemplos de asesinatos en masa en ese afán hay más de un par en la historia del planeta.

Pero estas Catorce Patronas mexicanas no son las únicas guardianas de la verdadera dignidad humana.

También está el caso de Olga Sánchez, por ejemplo, que dirige un albergue para mutilados desde hace 20 años en Tapachula, al sur de México.

Mutilados por El Tren de la Muerte (o de las Moscas), se entiende.

El albergue es gratuito y Olga Sánchez lo mantiene vendiendo pan a la puerta de la iglesia de su pueblo.

Con lo que recauda paga también las prótesis que les ofrenda a los mutilados.

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HjorgeV 23-01-2011

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