VIVIAN MAIER: LA VIDA DESVELADA DE UNA GRAN OBSERVADORA

-Tengo que advertirle -le dijo la nueva niñera al señor Gensburg, el padre de los niños- que cargo con mi vida a cuestas. Y la llevo en cajas.

-Claro, no hay problema -le respondió Gensburg.

Tenía un marcado acento francés y lo de las cajas lo tomó como un rasgo de su exotismo europeo.

No se imaginaba, por supuesto, que la mujer a la que acababa de contratar como nana de sus hijos, no estaba hablando en imágenes.

Tuvo que quedarse callado cuando vio a la mujer aparecerse con 200 cajas que tuvo que repartir entre el garaje y su habitación para que entraran.

Se llamaba Vivian Maier. Y su vida se lee como una novela de Paul Auster.

(La música –Un vie simple– que acompaña las siguientes diapositivas es del músico francés Emmanuel Bex. Colóquense los auriculares, por favor.)

A veces le gustaba vestir chaquetas y zapatos de hombre. Su atuendo solía completarlo con un sombrero. Por eso, «sus niños» aún la recuerdan como Mary Poppins.

Vivian Maier (Nueva York, 1926 – Chicago, 2009) era una mujer que gozaba de su independencia. Se consideraba feminista y socialista. Amaba el cine europeo y su tiempo libre lo utilizaba para recorrer a pie las calles de la ciudad con su cámara en ristre: Chicago y Nueva York, principalmente.

Las cajas las fue acumulando de familia en familia en las que trabajaba. Ya anciana, al tener que pasar por un asilo estatal, se vio obligada a alquilar un depósito para almacenarlas.

Es posible que al final de su vida se quedara temporalmente sin techo y se viera obligada a vivir de la ayuda social. De hecho, las cosas que había en el depósito alquilado (aparte de las cajas: algunos muebles y antigüedades) tuvieron que ser rematadas por el dueño del depósito para cubrir las cuotas pendientes.

La suerte quiso que unos hermanos que había criado en los años 50 se apiadaran de ella y le compraran un apartamento en el que pasó el final de su vida.

Hasta que en el 2008 sufrió un resbalón, se golpeó la cabeza y no pudo recuperarse más.

¿Qué guardaba Vivian Maier en esas cajas que fue acumulando de familia en familia, de trabajo en trabajo?

JOHN MALOOF: DE AGENTE INMOBILIARIO A ARTISTA

En el 2007, John Maloof, un veinteañero camino de convertirse en agente inmobiliario y aficionado a la arquitectura histórica, preparaba un libro sobre el barrio Portage Park de Chicago.

Maloof dirigía también la Sociedad Histórica del Parque Jefferson.

Buscaba documentación sobre el Parque Portage cuando se le presentó una rara oportunidad en una subasta de antigüedades.

Era domingo. Maloof le había puesto el ojo a una caja con negativos fotográficos de Chicago de los años cincuenta.

Menos de 400 dólares era el precio que se pedía. ¿Contenido? Desconocido. Pero por los pocos negativos que había visto, entre ellos algunos de las Torres Marina de Chicago, pensaba poder utilizar algunas de las imágenes para su libro.

Levantó la mano.

Y así, una colección de 30.000 negativos, rollos sin revelar y algunas fotografías cambió su vida de raíz. Y también el destino de Vivian Maier.

La revisión del material adquirido lo dejó pasmado.

Tanto, que empezó a hacer fotos, a recorrer las calles y a emular el trabajo del autor desconocido.

Practicando y aprendiendo, se dio cuenta del grado de rigor invertido.

Maloof llegó a comprarse la misma cámara y a repetir ciertas tomas en las mismas calles para darse cuenta de la dificultad que encerraba hacer fotografías «de ese calibre».

¿Sería posible encontrar a la persona que las había tomado y entrevistarla? Se imaginó a alguien de gusto exquisito y de quien podría aprender mucho.

En la caja que había adquirido no había ninguna mención ni nombre alguno de referencia. De modo que contactó a los que habían comprado cajas del mismo lote en la subasta.

No le bastó. Les compró las cajas.

Maloof se obsesionó con el tema y pronto aumentó su colección.

Adquirió más cajas hasta llegar a acumular 100.000 negativos en blanco y negro, 20.000 en color, 3.000 fotografías y algunas filmaciones.

Su vida había cambiado por completo. Para escanear todo ese material, clasificarlo y archivarlo, agradeció la ayuda de su amigo Anthony Rydzon.

Pero seguía sin conocer a la persona que había acumulado esa increíble cantidad de material -al parecer- inédito.

En la casa de subastas le dijeron que se trataba de una anciana enferma. Era todo lo que sabían.

Maloof no deseaba molestar a una persona enferma. Así que se dedicó a rastrear a sus familiares y amigos. No dio con ninguno. 

En Central Camera, una tienda de fotografía de Chicago de 110 años de antigüedad y cuyo nombre aparecía en las cajas, le confirmaron que la fotógrafa solía comprar su material allí.

Era una persona bastante reservada y guardaba una estricta distancia con los vendedores. A alguno le había contado que era una refugiada judía venida de Francia y aficionada al cine extranjero. Pero nadie sabía cómo se llamaba.

Hasta que apareció un nombre escrito con lápiz en la cubierta de un sobre con negativos: Vivian Maier.

No había nada más.

Intrigado, Maloof siguió sus pesquisas en la Red. Encontró una posible pista, tal vez solo una coincidencia:

«Vivian Maier, vecina de Chicago en los últimos cincuenta años, murió en paz el lunes.»

Un obituario publicado en el Chicago Tribune.

En el mismo se consignaba que había sido «una segunda madre para John, Lane and Matthew».

John Maloof leyó la fecha del deceso y se quedó helado: 21 de abril.

Había llegado tarde al encuentro con Vivian Maier.

Exactamente un día.

EL LEGADO INÉDITO

Vivian Maier había fotografiado todo lo que había despertado su curiosidad o había llamado la atención a su ojo atento: niños llorando, gente orgullosa, desgraciados, ciudadanos altivos, simples obreros y empleados, calles de tiendas exclusivas, miserables vías de Nueva York y Chicago de los años 50 y 60.

Los suburbios miserables, la riqueza y la pobreza, la desazón, la suerte y la desgracia.

Fotografías llenas de ingenuidad y un ojo clínico para las diferencias sociales y los grupos.

Con un gran sentido de la oportunidad para atrapar lo que Henri Cartier-Bresson llamaba el instante decisivo.

La fotógrafa desconocida había recorrido esas calles con su Rolleiflex y luego con su Leica alemana al cuello.

Maloof descubrió que Vivian Maier había nacido en Nueva York en 1926 y no en Europa, y que había sido hija de Maria Jaussaud, francesa, y de Charles Maier, austríaco.

Había pasado su juventud en Francia -de allí su acento francés- y en 1951 había llegado a Chicago.

No se había casado. No había tenido ninguna pareja.

Una mujer que no se había interesado por publicar ninguna de sus fotografías.

La venta de una propiedad heredada en Alsacia (Francia) le había permitido dar su particular vuelta al mundo y pasar por ciudades como Los Ángeles, Pekín, Bangkok, Manila y El Cairo.

En esas 200 cajas también estaba su testimonio de esos viajes.

Vivió hasta su muerte, a los 83 años, al borde de la pobreza. Un asilo de ancianos de Chicago fue su último hogar.

Sus autorretratos, inocentes miradas a su interior, muestran una mujer de ojos esquivos y una gran nariz respingada, alargada y cubista, un juego constante con la luz y la mirada de una genial observadora.

Una nana y fotógrafa autodidacta.

¿Debía Maloof concentrarse en publicar las fotos?

Decidió no traicionar el deseo, meta o penitencia que se había impuesto toda una vida la fotógrafa: no publicar ninguna de sus fotografías.

Por Maloof, no aparecerán jamás en forma de libro.

Maloof se dedica ahora a colgar en su bitácora nuevas fotografías de Vivian Maier y planea hacer un libro sobre su vida.

Le quedan por revelar unos 600 rollos.

Y con Tony Rydzon ya se ha embarcado en el documental Finding Vivian Maier proyectado para el 2012.

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HjorgeV 30-01-2011

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FUENTES:

http://de.wikipedia.org/wiki/Vivian_Maier

http://www.youtube.com/watch?v=HWEDOnBfDUI

http://gloriainafrica.blogspot.com/2009/10/vivian-maier.html

http://edant.clarin.com/diario/2009/10/22/um/m-02024494.htm

http://einestages.spiegel.de/static/topicalbumbackground/20161/das_kindermaedchen_mit_der_kamera.html

One thought on “VIVIAN MAIER: LA VIDA DESVELADA DE UNA GRAN OBSERVADORA

  1. Quiero comprar este libro.

    Rpta. Hola, Patricio. También tendría interés, pero no tengo idea de si ya está a la venta, ni en qué formato. Me fascinan las miradas obsesivas sin ansias de gloria. Saludos desde Alemania. HjV

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