GRAN ARABIA HIERVE

Lo consiguieron durante décadas.

Vivir como reyes gracias a las dádivas y contribuciones de sucesivos presidentes de EEUU y de los más poderosos países europeos.

A cambio de detener -alguna vez- el expansionismo soviético y -luego- el avance de los radicales fundamentalistas islámicos.

Más de uno lleva 30 o más años en el poder.

(Mubarak, el egipcio, los cumple este año; Saleh, el yemení, ya lleva 32; la familia Assad, 40 en Siria; Gadafi, más de 41 en Libia; y la familia Hussein 90 años desde que el Reino Unido participara en la instauración de la monarquía en Jordania.)

Los autócratas árabes recibían (reciben) la ayuda militar de Wahington a cambio de cierta «protección» y de cierta estabilidad de la región que permite moverse al mundo entero «gracias» al petróleo.


 

Pero hoy la población de Gran Arabia se ha hartado de tener que emigrar para poder vivir dignamente y de ser tratados muchas veces muy indignamente en los países de llegada.

Europa aceptó esa migración (mientras esos inmigrantes hacían/hicieran las tareas que no querían los europeos se mordió la lengua y miró para otro lado) hasta que llegaron las grandes crisis de este milenio que comienza y entonces se sacó la careta.

Curiosamente, las grandes transnacionales europeas de la telefonía, a las que también les interesaba un pueblo árabe sumiso pero ávido de un celular o móvil y su respectivo acceso a la Red, han empezado a colaborar con gobiernos sátrapas como el egipcio.

¿Por qué lo hacen? ¿Por simple sumisión o miedo ante las amenazas de los gobernantes?

¿Por haber sido los responsables de lo que se ha venido a llamar twitter-revoluciones?

Sospecho que hay más detrás de esta aparente obediencia debida:

Una buena jugada táctica.

Porque si continúa el bloqueo de los móviles y de la Red, puede llegar a colapsar la economía egipcia.

Algo que iría en contra del mismo Mubarak.

Pero, por otra parte, es la única forma que tiene en este momento el dictador egipcio de defenderse de la avalancha de descontento y de tratar de evitar que consigan derrocarlo.

(Acaba de decir que no dimitirá y que morirá en la tierra de Egipto.)

Es una situación más que paradójica, porque la Unión Europea puede salir perjudicada de una Gran Arabia económicamente fuerte y democrática:

Europa -mal que le pese a sus racistas y ‘derechólogos’- necesita la fuerza de trabajo (y de aportación fiscal y de consumo) de la inmigración.

Europa sigue necesitando que alguien ocupe los puestos de trabajo que los europeos detestan: prefieren vivir de la ayuda estatal a tener que ejercerlos.

El gran misterio de la rebelión panarábica es el siguiente:

¿Pueden sociedades acostumbradas primero durante siglos y luego durante décadas a regímenes autócratas y represivos, saltar sobre la sombra de su pasado y convertirse más o menos de golpe en Estados democráticos al estilo occidental, que es lo que se espera de ellas?

Los países vecinos, las monarco-dictaduras vecinas, empiezan a temblar.

El rey de Jordania, por ejemplo, ha anunciado cambios en su gobierno y ha anunciado reformas; obviamente, con el fin de curarse en salud.

(Acabo de leer que ya ha disuelto el gobierno y que ha encargado a su antiguo asesor militar; Marouf Bakhit, la formación de uno nuevo. Es decir: más de lo mismo.)

Israel, por su parte, también tiembla.

Y en este despertar democrático árabe, se podrá observar exactamente hasta qué punto son demócratas los que hasta ayer nomás se llenaban la boca con la santa palabrita que empieza con D, pero llevaban décadas apoyando dictaduras y métodos sanguinarios simplemente por conveniencia comercial y estratégica.

Irán (quién se habría imaginado otra cosa) también intenta sacar partido de la nueva situación y Ahmadineyad ya expresó su deseo de que las protestas en Egipto lleven a un Oriente Próximo «islámico y poderoso» que sepa resistir ante Israel y Estados Unidos.

Creo que el gran obstáculo lo pondrán las monarquías de la región.

Porque, si bien, gobiernos como los de Ben Ali y Mubarak lleva(ba)n décadas en el poder, no pertenecían a otras estructuras (aparte del dinero, si se le puede llamar ‘estructura’) que los ligaran a ese poder.

El caso de las monarquías es diferente.

Su aceptación ha ido en aumento, a pesar de que ya hemos entrado al siglo XXI, y eso gracias también a Europa y a sus monarquías rancias e inútiles, que se han preocupado de apisonar (con el dinero de todos los contribuyentes) sus ‘derechos’ tradicionales.

(Privilegios, prebendas y gollerías de los que son usuarios por una simple cuestión de nacimiento absolutamente casual: algo que interdice expresamente la Constitución Europea, según la cual todos los europeos nacen libres e iguales entre sí.)

En el poder subliminal de las monarquías es que veo, personalmente, el mayor bastión capaz de frustrar este gran movimiento democrático árabe y su twitter-revoluciones.

El otro gran escollo no es despreciable.

Y es otra contradicción en sí misma.

Porque mientras que Occidente no solo permite la injerencia estatal de la Iglesia Católica (y esta se permite ser subvencionada por todos los contribuyentes, independientemente de sus convicciones religiosas o la ausencia de ellas) y hasta permite la existencia de todo un Estado religioso (el Vaticano), ¿qué haría, por el contrario, ante cierta pretensión árabe de querer crear -lo digo exagerando- un Vatislam o un Islamcano?

¿Cómo reaccionaría Occidente?

El mismo Occidente que dice luchar hipócritamente por la libertad de expresión y las libertades ciudadanas mundiales (dentro de las que se encuentran las religiosas): tiembla ante la sola posibilidad de la existencia de gobiernos con influencia islámica.

Son una hipocresía y una incoherencia atroces, claro, pero así están las cosas.

Y es por esto que los dictadores y las monarquías árabes han durado tanto.

Ahora que las cosas cambian, Occidente tendrá que aprender a saltar sobre su sombra y aceptar el Islam como lo que es: una religión más de entre las miles que existen en el planeta y con tantos deberes y derechos como la católica, por ejemplo.

Y deberá dejar de presentarlo como el monstruo terrorista que no es, pero que conviene presentar como tal para poder justificar la invasión de países y mantener guerras que muchas veces solo son un encubrimiento de la sed de petróleo.

Mientras tanto, el país acaso ‘más europeo’ de Gran Arabia (me refiero a Marruecos) empieza a calentarse.

Tímidamente por ahora: pero -ya- una de las primeras medidas del gobierno marroquí ha sido incrementar el sueldo a sus policías.

Astuta jugada.

¿Qué hará Mohamed VI, el rey de Marruecos, en el caso de que suban las temperaturas callejeras?

Les recordará a todos sus socios europeos el trato exclusivo que les ha dispensado siempre.

Entonces europeos y usamericanos intentarán mirar para otro lado como quien no ha oído, esperando que las cosas se solucionen de manera pacífica y con la menor participación islámica posible.

Como si así de fácil fueran las cosas.

Primero Tunecia (o Túnez); ahora Egipto y Yemen. Iraq «no juega».

Mauritania (república islámica), Libia (el país del dictador que más ama Europa), Marruecos y Argelia muestran una relativa chicha calma, por ahora.

¿Seguirán la pacífica senda revolucionaria, Siria, Jordania, el Líbano o la misma Palestina?

Colonizados y humillados durante siglos y sin una verdadera oportunidad en el siglo XX pasado, los árabes reclaman ahora autonomía y justicia reales.

Se han hartado, como una vez los iraníes hace 30 años.

Occidente se resiste por temor.

Por miedo al islamismo.

Y por ese pavor es capaz de apoyar dictaduras que en otros puntos del planeta denigra y combate en nombre de unas Democracia y Libertad que en la Gran Arabia no practica.

Pero no todo islamismo es fanático, activista o extremista.

Como no todo católico es pederasta, corrupto, encubridor (¡hola, Berlusco!, ¡hola Ratzi!) o mentiroso.

Además, si así lo quisieran los pueblos árabes en las urnas (es decir, gobiernos con participación islamista), habría que respetarlo en nombre de esa palabra chicle llamada Democracia.

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HjorgeV 02-02-2011

Página recomendada: http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/2011/02/es-tarde-para-jugar-al-ajedrez-mubarak.html

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