«GUTTEN PLAG»: ¿BUEN PLAGIO?

Está por cumplir los cuarenta.

Podría pasar por un -discreto- galán de cine o por un joven académico muy preocupado y consciente de su aspecto y ya fue el ministro alemán de Economía más joven de la historia.

Tras pasar por esa cartera, aterrizó en el ministerio de Defensa en octubre del 2009.

Su nombre podría ser el título de alguna antiquísima novela caballeresca. Sujétense:

Karl-Theodor Maria Nikolaus Johann Jacob Philipp Franz Joseph Sylvester Freiherr von und zu Guttenberg

No es una broma.



Es descendiente de la llamada nobleza y ésta siempre ha tenido una predilección extraña por los nombres larguísimos y compuestos, por las coronas altas y los trajes exagerados, por los séquitos y sirvientes interminables, por los territorios sin confín y las joyas para mil vidas.

(Alemania -terror y prodigio histórico- eliminó los privilegios de la llamada nobleza muy temprano el siglo pasado: el 11 de agosto de 1919.)

Karl-Theodor zu Guttenberg, más conocido simplemente como Guttenberg (con una letra -t- más que su compatriota y considerado como el inventor de la imprenta: Johannes Juanito Gutenberg), hizo su doctorado en el 2007, probablemente el mismo año en que su nombre empezó a barajarse entre los posibles futuros presidenciables de su partido, la CSU.

(Esta agrupación demócrata cristiana, de carácter regionalista y que se presenta solo en Baviera, tiene una marca resaltante: ha ganado todas las elecciones desde la Segunda Guerra Mundial. Entre 1962 y el 2008, además, con la mayoría absoluta.)

Guttenberg iba por buen camino en su trayectoria como político.

Y, seguramente, podría haber sido el futuro sucesor de Angela Merkel:

Una especie de John F. Kennedy alemán, salvando todo tipo de distancias, pero poniendo el foco en su juventud y su «buena» presencia.

(Por decir algo. Ya sabemos: la presencia se puede comprar, por lo tanto, no significa nada especial, salvo haber tenido los medios para hacerlo: algo que comparten ladrones, dictadores, narcotraficantes y sus banqueros suizos).

Hasta que le hicieron la pregunta decisiva:

«¿Es cierto que parte de su tesis doctoral es un plagio?»

Atención.

No le preguntaron si había plagiado ni si toda su tesis doctoral era un plagio.

«Abstruso», se le ocurrió contestar.

Sus declaraciones, tomadas de Der Spiegel:

«Ich bin gerne bereit zu prüfen, ob bei über 1200 Fußnoten und 475 Seiten vereinzelt Fußnoten nicht oder nicht korrekt gesetzt sein sollten und würde dies bei einer Neuauflage berücksichtigen. Die Anfertigung dieser Arbeit war meine eigene Leistung.»

Traduzco libremente:

«Con gusto estoy dispuesto a comprobar si, en las más de 1200 notas explicativas y 475 páginas, hay algunas notas incorrectas o que han sido incorrectamente usadas, y lo tomaría en cuenta en una próxima edición. La confección de este trabajo ha sido mi propio logro.»

¿Por qué?

Quiero decir, ¿cómo se le pudo ocurrir contestar algo así?

La empresa Mediaphor, de la localidad alemana de Padeborn y especializada en el rastreo de plagios, ya le ha enviado al -todavía- actual ministro de Defensa de Angela Merkel una muestra gratis de su programa Plagiarism Finder.

Al parecer, demasiado tarde.

Guttenberg podría haber respondido con la simple verdad o haber sonreído cínicamente como Don Berlusco o Camps, para poner ejemplos europeos.

Mejor:

Ya que es alguien que no tiene mayores problemas en mentir (como ya lo ha demostrado negando una y otra vez haber plagiado), podría haber dicho simplemente: «No».

A lo Al Pacino.

Pero, no. Quiso matizar su respuesta y dijo: «Abstruso», entre otras cosas.

(Aquí un video con sus declaraciones. Dios, cómo se puede ser tan caradura. ¿Y cómo puede ser que las encuestas sigan a su favor?)

Posteriormente agregó que había trabajado en su tesis doctoral «nach bestem Wissen und Gewissen».

Algo así como «a conciencia y con el mejor saber». (Difícil de traducir esta expresión por que se trata ante todo de un juego de dos palabras con la misma terminación. ¿A buen saber y conciencia? Opino que la expresión ‘a sabiendas‘ es un buen equivalente.)

Se dice que hasta el día de hoy Guttenberg habría plagiado al menos 19 autores.

La plataforma Gutten Plag (otro juego de palabras -gran afición teutona- con el apellido y el adjetivo gut -‘bueno’-, ya declinado: o sea Buen Plagio) ya había demostrado al momento de escribir estas líneas (medianoche del lunes) que de las 475 páginas, por lo menos 286, o sea, casi las tres cuartas partes (72, 77%), contienen plagios.

Lo interesante es que los defensores -a capa y espada- de Guttenberg (ya tiene miles de ellos en Facebook) se quejan de que son intelectuales de izquierda los que quieren traerse abajo a este joven político.

¿Qué es un titulito de doctor?, dicen. ¡Todo el mundo lo compra o lo encarga!

Si se trata de un titulito que no vale nada, ¿entonces por qué se esforzó el sujeto de marras en conseguirlo a toda caña?

(Tiene su razón de ser acá en esta Alemania obsesionada a su manera por los títulos. Porque uno de doctor es tan apreciado como un antiguo título de la nobleza. No es raro encontrarse con gente -especialmente en círculos académicos- que exige solemnemente ser nombrada y llamada en público anteponiendo su título doctoral.)

Hay más.

No queda todo en la investigación criminal por contravenir los derechos de autor y firmar una declaración jurada falsa.

Guttenberg ha reaccionado tarde: a sus mentiras (abstrusas), negando lo obvio y demostrable, ha sucedido ahora la renuncia a su título de doctor.

Con lo cual reconoce indirectamente su culpa.

Pero el tipo sigue sin recuperar la orientación.

Después de que uno de los diarios más importantes del país, el Frankfurter Allgemeine, publicara el plagio casi textual de uno de sus artículos -firmado por la politóloga Barbara Zehnpfennig-, ahora Guttenberg reconoce su culpa parcialmente y pide «disculpas a todos a los que ha ofendido».

Sin embargo, vuelve a las andadas cuando añade:

«No puedo negar que tal vez he perdido la orientación sobre las fuentes que usé.»

Claramente otra mentira que intenta disculpar, argumentando que su tesis doctoral le tomó 7 años.

¿Por qué es o sería una mentira?

Porque la «disculpa» se revierte contra él:

Después de tanto tiempo trabajando (realmente) en un tema, o conoces al dedillo tu trabajo doctoral o te puedes olvidar de él (si no lo has olvidado ya).

O te dedicas a plagiar, claro.

Guttenberg hizo algo peor, al parecer.

Encargó a otros hacer el trabajo por él: a un escritor fantasma.

Con un peor detalle aún: pagó el trabajo con el dinero de los contribuyentes. Porque el plagiador pagado sería un empleado de un ministerio.

(Esto explicaría sus recónditas respuestas y explicaciones de difícil inteligencia y comprensión: convencido de que el trabajo había sido pagado y que, por lo tanto, no podían haberle dado gato por liebre, se apresuró a negar el plagio. Después, sin preocuparse por verificarlo él mismo, habría preguntado al encargado de escribir la tesis y este le habría respondido, pensando en su puesto de trabajo, claro: “¿Yo, copiar, jefe? Jamás”.)

La canciller Merkel, por su parte, ha salido en defensa -incondicional- de su ministro de Defensa.

Pocos saben por qué. (Otra ‘abstrusidez’.)

(Según ella, habría que diferenciar entre el político Guttenberg y el estudiante Guttenberg. Si Hitler se hubiera llegado a jubilar, podría haber encontrado apoyo en esta señora: porque habría exigido diferenciar entre el niño, pintor o el jubilado Hitler y el, ejem, el otro Adolfo, ¿no?)

Pocos saben tampoco por qué insiste Guttenberg en anunciar que ha dejado de usar su título doctoral solo “hasta que concluyan las investigaciones correspondientes”.

Dura caparazón.

Mientras Gadafi amenaza con una guerra civil y ordena a la aviación atacar a los manifestantes, así estamos en Alemania (también).

Todo tiene un gran aura de seriedad, nobleza y corrección absoluta.

Pero muchas veces solo por fuera.

Por cierto, la tesis doctoral del -aún- ministro de Defensa alemán empieza con el plagio -antes citado- de un artículo de 1997 del diario conservador Frankfurter Allgemeine.

Y obtuvo como calificación un summa cum laude.

Es decir: ‘con máximas alabanzas’.

Que en Alemania equivale a la máxima nota posible, aplicable a un desempeño extraordinario y que se espera (solo) de estudiantes verdaderamente brillantes.

Un titulito cualquiera, ya se ve.

Creo no mentir si afirmo que la política parece haberse vuelto un instrumento, el mayor escenario y la meta de grandes mentirosos.

Y grandes plagiadores entre ellos.

.

HjorgeV 21-02-2011

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