EL CASO GUTTENBERG: «¡GUTT-BYE!»

Su caída se veía venir, por más que él mismo no lo quería reconocer y parecían importarle un ardite las críticas y las pruebas documentales de su delito.

Tal vez porque tenía el apoyo (cómodo y fuera de la línea de fuego) de la canciller Angela Merkel y en las encuestas una gran mayoría de la población de este país estaba a su favor.

El (tramo) final del ahora ex ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg, el famoso Dr. Plagio, vino de a pocos:

Peter Häberle, su tutor o supervisor de la tesis doctoral, se acababa de distanciar de su ex alumno criticándolo abiertamente por el daño que le estaba causando a la buena fama de la Universidad de Bayreuth.

Además, aparte de las pruebas documentales sobre los pasajes plagiados en su tesis doctoral, periodistas de investigación habían encontrado varios casos en la Bundeswehr (las Fuerzas Armadas alemanas) relacionados con el Caso Guttenberg:

Habían descubierto que alumnos de diferentes universidades de la Bundeswehr habían sido degradados por haber plagiado.


Guttenberg, como ministro de Defensa, esperaba un trato especial por su demostrado plagio, a pesar de ser el responsable de esas universidades castrenses.

El gato quería ser despensero.

El zorro deseaba hacerse responsable de la seguridad de las gallinas.

Su problema mayor, según mi punto de vista, fue que había intentado cubrir una mentira con otra mentira. Y luego había vuelto a mentir para tratar de salvar el pellejo. Tomando por tonto a todo un contingente de gente capaz de informarse y comprobar esa información en la Red.

No era moco de pavo lo que Guttenberg intentaba salvar.

Probablemente habría sido el próximo canciller alemán, una especie de John F. Kennedy teutón: amado y admirado por todo el país no solo por sus cualidades políticas.

Este país sigue esperando su gran figura, la persona con la cual puedan identificarse las masas y completar el sentido y la emoción de nación que como proceso se inició en 1989 con la caída del Muro de Berlín.

Un proceso que se había visto reforzado con la emotiva y feliz organización del Mundial de fútbol en el 2006 y apenas una años atrás con la Jornada Mundial de la Juventud (católica) en el 2005, aquí en Colonia precisamente.

Lo viví personalmente.

Era tan perceptible en el ambiente, en las calles, en las conversaciones y en los medios de comunicación, que daba la sensación de poder tocarse con las manos.

Y no había que ser católico (soy ateo) ni creyente en general, ni alemán siquiera (mi único pasaporte es peruano) para percibir que estaba ocurriendo todo un gran cambio de mentalidad en la ‘nueva’ sociedad alemana.

Las nuevas generaciones de alemanes ya no se sentían más responsables ni se daban por aludidas cuando se hablaba de los grandes crímenes sucedidos en este país apenas 60 años atrás.

Los ‘nuevos’ eran jóvenes que no tenían ningún empacho en levantar la (su) bandera alemana para celebrar una reunión religiosa masiva internacional y luego alentar a la propia selección nacional de fútbol un año después, coreando el nombre del país y ondeando su bandera por las calles.

¿Qué había sucedido en Alemania para que ocurriera un cambio tan sesgo?

¿Qué ha sucedido en este país?

De esconder la bandera alemana hasta hace apenas una década, se había pasado casi de golpe a llevarla con orgullo pintada en el rostro, colgando de ventanas y balcones y flameando en los automóviles.

Era una nueva generación de alemanes que no solo había dejado atrás el pasado nazi del país, sino que tampoco querían ser como sus padres: conocidos en el mundo solo por trabajadores, disciplinados y aburridos.

Eso fue apenas cinco años atrás y entonces se vino la crisis económica y toda Alemania temió lo peor.

¿Se cumplieron los peores vaticinios?

Aparentemente, no.

Porque esa misma nueva generación innovadora (y fiestera) se ha visto ratificada en estos últimos años con el repunte conseguido por la economía de Alemania a pesar de la crisis económica y financiera mundial.

Se esperaba todo de esta nueva generación: sacrificio absoluto, capacidad de cambio, flexibilidad, aceptación de una alta incertidumbre en el mercado laboral y de recortes de todo tipo.

Y lo ha conseguido.

A un precio altísimo, lamentablemente.

Porque sus logros se deben también a la simple receta neoliberal de la antigua casta política del país (más trabajo y menores sueldos, más esfuerzo y menos derechos laborales).

Y a la simple fórmula del endeudamiento criminal.

Hoy no se habla de esto. O apenas.

Pero más tarde, en cinco o diez años, quizás, cuando por alguna razón (guerras petroleras, desastres climáticos, inestabilidad política, conflictos sociales y laborales) Alemania pierda parte de su credibilidad bancaria y no se le concedan más créditos como ahora, entonces se verá el alto nivel de criminalidad con el que se está endeudando actualmente el país.

(De EEUU mejor no hablemos, donde ya hay no solo municipios sino estados enteros al borde de la quiebra.)

La deuda alemana actual ya ha alcanzado la cifra de 2 billones de euros. En números:

2.000.000.000.000

(Ojo, tanto en alemán como en nuestro idioma, un billón es un millón de millones y no mil millones como en inglés. Mil millones es un millardo en castellano y Milliarde en alemán.)

Esta cifra repartida entre todos los habitantes de este país, da una deuda de 25.000 euros por cabeza.

¡La deuda de Alemania se ha más que cuadriplicado desde la caída del Muro de Berlín en 1989!

Y casi se ha duplicado apenas en el último decenio y primero de este siglo. No es un chiste. (Ver gráfico.)

(Existe incluso un Reloj de la Deuda. Usar, por favor, el traductor automático de Google.)

De cada cuatro euros que se recaudan actualmente, uno se usa para pagar la deuda.

En este contexto, ¿cuál es el significado de Karl-Theodor zu Guttenberg, el Dr. Plagio alemán?

¿Cómo se puede explicar que Karl-Theodor zu Guttenberg, el plagiador y estafador académico, se mantuviera tanto tiempo en las escalas más altas de la simpatía popular, hecho refrendado por encuestas más o menos confiables?

Una posible explicación podría estar en el apoyo que le brindó a toda página y con grandes titulares el diario de mayor circulación en Alemania (también el de mayor tirada en Europa y el tercero en el mundo), el Bild.

Un apoyo incondicional a lo largo de las poco más de dos semanas que duró el Caso Guttenberg.

Sí, Dr. Plagio era el integrante más popular del gabinete de Angela Merkel, pero pocos sabían que un pariente suyo -Karl Ludwig von Guttenberg- es uno de los responsables del Bild.

Y no solo eso. Había también intereses económicos detrás de ese apoyo mediático.

El ministerio de Defensa alemán planea (¿planeaba?) una gran acción propagandística (para reclutar soldados) justamente en ese mismo diario.

Personalmente, sigo creyendo que el apoyo popular masivo incondicional reciente que ha recibido Guttenberg tiene mucho que ver con ese sueño colectivo que toda sociedad de este planeta parece tener: una cierta necesidad de ser representado por una figura especial. Por un caudillo carismático.

Especialmente en épocas difíciles como esta, en las que un miedo profundo al futuro recorre no solo Europa.

(Eso explica, por ejemplo, que Berlusconi siga sin caer. Aunque también habla, claro, del nivel de las poblaciones respectivas.)

Creo que esto es lo que explica esta ‘ceguera’ de la opinión pública alemana.

Pero no solo esto.

Es perceptible en Alemania, como en el resto de Europa, una gran relajación moral, ética, de valores y de principios en general.

Lo que hace veinte o treinta años hubiera sido un claro crimen y un gran escándalo (un ministro plagiando su tesis doctoral y mintiendo para intentar ocultarlo, la canciller apoyando con argumentos estúpidos al estafador y mentiroso), se convirtió en este comienzo de año del 2011 en una simple bagatela.

No me asombra.

¿Cómo podía ser de otra forma si ya hace dos años, en el 2009, la Fiscalía de Colonia abrió una investigación contra 100 profesores universitarios que cobraban hasta 20.000 euros por un título falso de doctor?

¿Cómo podía ser de otra forma en una Alemania en la que se acaba de descubrir un caso terrible y casi imposible de creer: empresas alemanas que habrían reimportado de África medicinas contra el sida subvencionadas por el gobierno alemán para venderlas aquí con un alto margen de ganancia?

(Usar el traductor automático de Google para ver el artículo anterior o ver aquí en nuestro idioma.)

¿Cómo podía ser de otra forma, si en plena Era Internet y de las fantásticas tecnologías que conocemos (las mismas que ayudaron a desenmascarar al plagiador y estafador Guttenberg) la Universidad de Bayreuth, la misma que le concedió el summa cum laude a su tesis doctoral, alega no usarlas para calificar las tesis doctorales y que por eso no pudieron darse cuenta del engaño?

Dejémoslo ahí.

Guttenberg acaba de renunciar hoy.

Pero una pregunta queda en el aire: ¿no habrá sido el apoyo encubierto de Merkel una buena forma de deshacerse de su principal rival?

Guttenberg se ha despedido reconociendo (casi) todos sus errores y culpándose abiertamente a sí mismo.

Lo cual podría interpretarse como la conducta del jugador que acepta finalmente la tarjeta roja y espera volver al campo de juego después de cumplir su castigo.

¿Se atreverá a volver?

Las masas siguen con él. (Personalmente, apuesto a que lo vuelve a intentar y que esta renuncia es un paso muy bien calculado.)

Una curiosidad final.

Apenas iniciado el escandaloso Caso Guttenberg, un articulista del Bild, el diario que defendió a Guttenberg a capa y espada en estas dos últimas semanas, escribió en uno de sus panegíricos guttenbergianos:

«worum geht es bei den Plagiatsvorwürfen um Ihre Doktorarbeit? Um die Reinheit der Wissenschaft? Oder darum, einen Superstar zu entzaubern?»

Traduzco libremente:

«¿Qué pretenden las denuncias de plagio sobre su doctorado? ¿(Conservar) la pureza de la ciencia? ¿O destronar a una superestrella?»

Y luego concluyó así:

«Ich habe keine Ahnung von Doktorarbeiten. Ich flog durchs Abitur und habe nie eine Universität von innen gesehen. Also, ich kann von außen sagen: Macht keinen guten Mann kaputt. Scheiß auf den Doktor.»

«No tengo idea sobre tesis doctorales. No aprobé el Abitur [bachillerato o secundaria superior] y nunca he visto una universidad por dentro. Así que puedo decir desde la distancia: No revienten a un buen hombre. A la mierda el doctorado.»

(Ojo: Alemania es un país escatológico por excelencia. Scheiße -‘mierda’- es una palabra cuyo uso se ha generalizado tanto que aparece frecuentemente en cualquier conversación, incluso en la mesa mientras se come e independientemente de la procedencia social del que la usa. Para desesperación de un extranjero como yo cuando tengo invitados.)

Para redondear esto, agrego que el mismo articulista, había escrito lo siguiente dos años atrás (a propósito del escándalo de los títulos doctorales malbarateados) en su artículo titulado Querido falso Dr. Schmidt:

«Ein Doktortitel ist kein Busen, kein Facelifting und keine Straffung des Popos.

Der Doktortitel war einmal das Edelste der forschenden Studierenden. Wenn der Doktortitel heute verramscht wird, dann müssen wir uns nicht wundern, wenn Nobelpreise andere kriegen. Der Doktortitel war früher ein Juwel, er ist heute Blech. Er ist für Geld zu kaufen.

Ein weiteres „Made in Germany“ geht kaputt.»

Que traducido libremente daría lo siguiente:

«Un título de doctor no es un [implante de] busto, cirugía facial o de trasero.

El doctorado fue alguna vez la meta más noble de cualquier estudiante serio. Si un doctorado ahora se malbaratea, no nos asombremos que sean otros los que ganen el Nobel. El título de doctor, antes una joya, hoy es un pedazo de lata que se puede comprar con dinero.

Otro producto Made in Germany que se destruye.»

(Compruebo estupefacto que la Academia reconoce ‘malbaratar’ y no ‘malbaratear’, pero sí ‘baratear‘, de donde proviene. ¿Para cuándo una institución congruente?)

En este país -Alemania- de grandes contradicciones pasadas, actuales y -con toda seguridad- futuras, el mencionado articulista del Bild (y de principios anualmente cambiantes) no lo ha podido expresar mejor en su ingenua contradicción.

Lo que está en juego no es un ministro presidenciable más o menos carismático y atractivo. (Mediático se dice hoy).

Está en juego la etiqueta Hecho en Alemania.

El apoyo multitudinario del pueblo alemán al encantador plagiador, estafador y público mentiroso Guttenberg, demuestra que la mayoría de este país aún no se ha dado cuenta de que pronto lo que podría estar exportando Alemania ya no serían motores sino títulos académicos falsos a granel.

Después de todo, de una u otra forma tendrán que pagar las generaciones futuras la criminal deuda que acumulan hoy los políticos a ritmo vertiginoso aquí en Yérmani.

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HjorgeV 01-03-2011

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