MENISCOS & SISTEMA SANITARIO ALEMÁN

A finales de enero pasado, mientras me encontraba calentando antes de un partido, empecé a sentir un dolor en la rodilla izquierda que luego se hizo insoportable.

Había estado jugando fútbol intensamente: sobre césped artificial (como se acostumbra aquí en el invierno alemán), tres veces por semana.

Como no había sufrido un golpe o torsión extrema previa, me dije: «Meniscos».

Me la pasé (un español diría «me lo pasé») cojeando unas dos semanas antes de visitar al ortopeda.

El dolor era tan intenso en ciertas posiciones, que no quería que el médico hiciera un falso diagnóstico solo guiándose por mi percepción generalizada de dolor.

Incluso al levantar la pierna estando echado, la presión sobre la rodilla era simple y llanamente insoportable.

Personalmente, debo decir que detesto acudir a los médicos alemanes.

Son pocos los que verdaderamente han hecho su carrera por vocación y son menos, según mi pobre opinión, los que tienen verdadero ojo clínico: esa combinación de ojo radiográfico (capaz de «ver» en el interior del cuerpo), conocimientos académicos coherentes e interconectados, psicología y gran tacto que necesita todo verdadero galeno.

La medicina en Alemania ha tomado un claro rumbo: un consultorio es un taller “de mecánica” al que tiene que acudir -lo necesite o no- regularmente toda la población para que los médicos y toda la industria a su alrededor (especialmente la farmacéutica) puedan vivir con cierto boato y lujo.

Si el paciente es un verdadero paciente (o solo alguien necesitado de consejo o compañía -esto último sucede con muchos ancianos que viven solos-, o de una simple palabra de consuelo) y se cura realmente, eso es algo que importa poco en este sistema.

La culpa no es solo de los políticos, de la industria farmacéutica y de los médicos.

Creo que el sistema, tal como está diseñado, cría hipocóndricos. Por lo menos, preocupación constante y angustiosa por la salud propia.

Un alemán acude en promedio más de 16 veces al año a un consultorio médico.

Lo necesite o no.

La reciente obligación de pagar 10 euros por trimestre (si se acude a una consulta) no ha conseguido rebajar esta cifra escandalosa. (Patológica casi, se podría decir.)

Si a los alemanes les debe fascinar entonces eso de pasarse horas esperando ser mal atendidos por un profesional estresado, poco competente y desorientado (¿cómo puede aprender alguien que practica con pacientes falsos?, ¿cómo puede aumentar su experiencia alguien que es exigido mayormente como interlocutor psicológico y no como profesional de la salud?), a mí me resulta tan insoportable como mi dolor en la rodilla.

No hace mucho leí las experiencias de un médico alemán que había trabajado 20 años en Noruega y al volver había sufrido un choque sociocultural tremendo. (Usar el traductor de Google, por favor, o con la aplicación directa de la barra de Google.)

Los noruegos van al médico 3 veces al año en promedio.

Un alemán, repito: más de 16 veces.

¿Son los alemanes, por tanto, cinco veces más sanos que los noruegos?

¿O cinco veces más enfermos?

Obviamente, las cifras indican que hay algo, que hay muchas cosas que no funcionan bien en este país en lo que se refiere al sistema sanitario.

Ojo.

Un sistema casi «gratuito» como el alemán tiene sus grandes ventajas.

-La asistencia a la población está garantizada en cualquier punto del país (pero esto se debe también a las características geográficas de Alemania: un país casi plano y de geografía poco cambiante).

-Cualquiera, pobre (el número aumenta cada vez más) o rico, puede recurrir a los servicios sanitarios. Cuantas veces desee.

-Las instalaciones médicas suelen ser de última tecnología.

-Los seguros médicos (estatales o privados) cubren casi todos los tratamientos.

-Alemania con su sistema «gratuito» gasta menos que el infierno sanitario que puede ser EEUU: 10,6% del PBI contra el 15,3% de la gran potencia mundial y una calamidad en cuestiones de asistencia médica a amplias capas de su población.

(El alemán no es un sistema gratuito: en términos generales, se puede decir que parte del sueldo -oficial- de toda persona va a parar obligatoria y directamente a un seguro estatal -donde cotiza el 90% de la población- o a uno privado de desearse expresamente esto último.)

Las desventajas son también patentes:

-El abuso está preprogramado: allí están esas 16 visitas al año. (Aunque desde que empezó la última crisis económica, las visitas al médico han disminuido, por temor a perder el trabajo.)

-Es un sistema que tiende cada vez más a la tecnología punta, dando prioridad así a los casos más interesantes para la industria correspondiente y, en particular a la cirugía implantativa. Algo que se podría resumir así: “¿Le duele el brazo? No se preocupe, se lo cambiamos”.

Esto es así, porque quien es operado o recibe algún implante o prótesis, necesita de toda una infraesctrutura apropiada y, además, empieza a depender inmediatamente de una serie de fármacos, entre ellos los analgésicos (contra el dolor), con el consiguiente y creciente negocio para la industria farmacéutica.

-Acaso uno de sus pocos defectos patentes, en mi opinión, sea que el sistema alemán no premia a los que se esfuerzan por vivir sanamente. (Sea reduciendo la cuota de pago o con otro tipo de incentivos.)

Por otro lado, si una gripe dura una semana con consulta médica y siete días sin ella, ningún médico alemán (me imagino que en el resto del mundo, salvo excepciones, ocurre lo mismo) te lo va a decir: está contento de poder amortizar los pagos de su nueva casa o de su nuevo automóvil.

Si, además, un médico consigue convencerte para que te dejes operar (no me estoy refiriendo a los casos en que una operación es algo inevitable), entonces, tendrá más ingresos para pagar su casa veraniega en Mallorca o Sylt.

Estoy generalizando, claro.

Pero esta es la razón por la que esperé hasta que me pasara el dolor para acudir al ortopeda, volviendo al tema de mi rodilla.

Ayer, último día de carnaval, estuve en el centro de Colonia para que me hicieran la tomografía correspondiente.

La cita era a las 07:00 (siete de la mañana) y me encontré con una ciudad doble: la que despertaba al trabajo rutinario y la que se iba a la cama después de una noche de juerga carnavalera.

Después de la tomografía, salí a desayunar (las esquinas principales de Colonia parecen haberse convertido ahora en grandes panaderías-cafés) y me senté al lado de un par de carnavalistas.

¿Se puede aguantar una noche de farra dura, sin las correspondientes drogas de apoyo?

No lo creo.

No por el aspecto de la gente que vi a mi lado, a unas mesas más allá.

Hoy llamé al ortopeda y me han dado una cita para al análisis respectivo de las placas tomográficas. (El consultorio está en plena zona clínica de la Universidad de Colonia. Todo un lujo que muy pocos conocen y accesible para todos.) (Pueden ver la página aquí. Traducir con la aplicación de Google, por favor.)

Lo curioso es que, a pesar de que llegué a pensar que nunca más iba a poder jugar fútbol, desde hace dos semanas ya puedo caminar sin dolor y desde hace un par de días ya peloteo con mis hijos (sin dolor, también).

Hace diez años, un dolor parecido me llevó a un ortopeda.

Entonces tenía un seguro privado y, como me lo podía permitir, saqué una cita en la consulta del médico del FC Köln, del Colonia, el equipo de fútbol de esta ciudad que está (por ahora) en la primera división.

Después de esperar casi una hora, el tipo me auscultó durante 30 segundos y me dijo: «Saque una cita en la recepción.»

-¿Para qué? -le pregunté.

-Es una pequeña operación. Simple rutina. La hacemos a diario.

-¿Operación?

-Sí, algo sencillo. Los meniscos.

-Muy bien -le respondí-. Dígame su diagnóstico.

-No se preocupe -sonrió, como quien se burla compasivamente de un ignorante-. Es una intervención de apenas media hora.

-Muy bien. Quiero escuchar su diagnóstico.

-Saque su cita, amigo, no se preocupe.

-Dígame su diagnóstico.

-Buenas tardes -se despidió.

No me lo pudo decir, por supuesto.

Sin radiografía, tomografía ni artroscopia de por medio (salvo que tuviera ojos con rayos x) no podía decirme nada más allá que una simple suposición.

Entonces dejé de hacer deporte por un par de semanas, fortalecí luego los músculos de la pierna y pude jugar los últimos diez años sin problemas.

Ahora este ortopeda ha empezado a hablar también de una operación.

Después de ver la tomografía, veremos.

La rodilla es una articulación crítica y, como tal, tiene un sistema de alarma más sensible que otros puntos del cuerpo. Eso explica el dolor intenso cuando se ve afectada.

Los meniscos son cartílagos y no tienen nervios, no se regeneran (salvo en los bordes) ni cicatrizan.

Si se rompen, quiebran o rajan, lo que duele no son los meniscos mismos (no tienen nervios) sino las estructuras circundantes que lanzan su señal de alarma.

Se puede vivir (y hacer deporte) con meniscos rotos, siempre y cuando no exista dolor y algún fragmento que se pudiera haber desprendido de ellos no bloquee la articulación.

Además, la función de los meniscos es amortiguar y evitar el choque entre los huesos que llegan a la rodilla (la bisagra que forma el fémur con la tibia). Un menisco roto puede seguir cumpliendo esa función.

Uno inexistente no, con lo que una artrosis es más o menos algo seguro a la larga.

Salvo eso, son los músculos de la pierna los que pueden compensar una rotura de meniscos, dándole estabilidad a la articulación.

(No confundir con la lesión del ligamento cruzado anterior. Eso es algo completamente diferente y, que yo sepa, no se puede evitar una operación si se ha roto.)

A la luz de los conocimientos modernos en el caso de los meniscos es preferible esperar a operar.

¿Me lo dirá este ortopeda cuando me toque la consulta?

.

.

HjorgeV 10-03-2011

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One comment

  1. Hola Jorge.
    Tema controversial por supuesto, la salud. Antes que nada, que el sistema sanitario alemán sea “gratuito” es genial (en realidad como bien dices, no es gratuito, merced a los descuentos mensuales por planilla).
    En la medicina, como en todo gremio, van a haber buenos, regulares y malos profesionales. Eso, respecto a la parte del expertise en sí mismo. Sobre la tecnología, la cultura de la demanda-negligencia-mal praxis (acá llamada SOAT médico, término totalmente inadecuado) condiciona a que los médicos recurran a la mayor cantidad de análisis y tecnología que dispongan a fin de no equivocarse NUNCA.
    Por supuesto, esto no es posible. Acá entre nos te comento como ejemplo hipotético que uno puede tener 1000 operaciones exitosas, pero si tiene UNA fallida, entonces nadie se acuerda de las exitosas y el sistema judicial (guiado muchas veces por intereses subalternos) te cae con todo. Con esto tambien quiero decir algo, y es que la medicina, el ARTE de la medicina merced a los aparatos de ultima generacion (que al fin y al cabo, son para mejorar la atencion del paciente en teoría, no hablo de la empresa farmacéutica que esa es otra “mafia” terrible) mejora en términos practicos pero va en desmedro del meollo del asunto, de aquello que me enseñaron en la universidad, una cosa casi anácronica -lamentablemente- llamada RELACIÓN MÉDICO PACIENTE.
    Tema apasionante sin duda, te felicito por el post. Un gran abrazo desde Lima Limón, y su otoño cada vez mas veraniego.
    Eduardo

    Rpta.: Hola, Eduardo. Gracias por tu comentario. Curiosamente, leí por pura casualidad el otro día la crítica que le hacían a un episodio de Tatort. Me sorprendí porque leí que mostraban un sistema de salud dividido completamente en dos categorías claramente diferenciadas: la sanidad para los pacientes llamados privados y la de las cajas estatales. Los primeros reciben mejor y más rápida atención y son los preferidos de los médicos, puesto que pueden ofrecerles tratamientos más costosos que sus seguros sí pagan y son recompensados por ello. Con todo, a pesar de las mafias y de los cabilderos, el sistema de salud (decir sanitario me causa prurito) alemán es uno de los mejores del mundo, pero también de los más caros. La gran paradoja está en que EEUU gasta más que Alemania (si no me estoy equivocando) y su sistema es una catástrofe para la gran mayoría. Saludos desde este veranillo alemán (20ºC). HjV

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