¿Y EL DERECHO INTERNACIONAL?

¿Ha muerto realmente Osama Bin Laden?

Personalmente, partía de que había muerto hacía años, en alguno de los innumerables ataques de las tropas usamericanas en Irak, Afganistán o Pakistán.

Era absurdo suponer que un personaje que vivía por y para la propaganda ideológica pudiera permanecer callado y oculto durante tanto tiempo. Tenía que sacarle la lengua a EEUU de vez en cuando y no lo hacía ni con un video fehaciente. Rarísimo.

Lo corroboraban las últimas supuestas ‘apariciones’ (grabaciones de su voz), las cuales siempre habían tenido que ser avaladas por peritos.

Vale decir, no era obvio que se trataba de Bin Laden. Muchas veces podía pensarse que se trataba de videos de fecha incluso anterior al 11-S.

¿Es creíble esta muerte del terrorista más buscado del planeta, suponiendo que aún vivía?

Encuentro algunas incoherencias en el discurso de la escenificación de su muerte por parte del gobierno de Obama.

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Se ha aducido, por ejemplo, cierto respeto por las costumbres musulmanas para justificar el inmediato lanzamiento (fondeo, debemos imaginarnos) de su cadáver al mar.

¿A la potencia que mantiene una cárcel ilegal y un centro de tortura en Guantánamo con inocentes comprobados (entre otras perlas), sin respetar los más elementales derechos humanos y jurídicos durante años, se le puede creer que ahora respete repentinamente las costumbres musulmanas?

Difícil de creer.

En todo caso, por miedo a represalias de otros musulmanes por todo el mundo. Sin embargo, algo peor que la muerte, ya no puede haber: esa sería razón suficiente para temer represalias.

Además, es absurda como explicación, porque el islam solo reconoce la sepultura de un cadáver en tierra firme.

Por otro lado, llama la atención el momento del anuncio: el domingo por la noche. Cuando la mayoría de reporteros ya se han ido a casa y no se suele hacer ningún tipo de anuncios importantes en la Casa Blanca.

En momentos así, es fácil acaparar toda la atención de la prensa y aumentar la efectividad del anuncio.

Hay más detalles.

Se trataba del 1 de mayo, aniversario del famoso discurso de Bush del 2005, en el que el bufo más peligroso de la historia proclamó como «Misión cumplida» a la invasión de Irak.

(Dana Perino, la portavoz del presidente, aclaró después que la pancarta debería haber rezado: «Misión cumplida para los marines que están en misión en este buque». Un detallito insignificante.)

No ha habido bajas usamericanas en esta incursión militar de EEUU, lo cual indica que los atacados fueron sorprendidos a la desprevenida y que opusieron débil resistencia.

¿El jefe de la supuesta mayor organización terrorista del planeta con un sistema de protección pichirruchi? ¿No había sensores, cámaras de vigilancia en su escondite?

También muy difícil de creer.

Otra pregunta: ¿por qué murieron, al parecer, más personas que no estaban armadas ni ofrecieron resistencia?

¿Por qué nadie se ha quejado por esas muertes?

Se ha hecho tan común pasar por encima de algo tan elemental como esto en los últimos tiempos, que hasta la pregunta parece necia. ¿Desde cuándo matar a una persona desarmada es algo loable, por más que se trate de un monstruo humano?

Hemos llegado al punto en el que la transgresión de la legalidad t del sentido común y la falta del sentido de humanidad que deberíamos tener, nos parece algo natural y dependiente de ciertas metas.

Metas que muchas veces ni siquiera compartimos.

Hasta acá en Alemania, país que cada vez tiene menos escrúpulos por ser el tercer mayor vendedor de armas del mundo, se impidió la aprobación de una ley para permitir el derribo de un avión si había terroristas dentro.

Basta un solo inocente en peligro, fue la contraargumentación, para no aprobar algo así.

Lógico, porque la vida y el respeto a la vida deberían volver a ser la máxima aspiración y el máximo derecho humano.

En realidad, esa ha sido siempre la tendencia de nuestra civilización en sus últimos trancos: las leyes, el Estado y sus entidades, los sistemas políticos y sociales, la ciencia y la tecnología, las artes, los deportes y toda expresión y labor humana que podamos llamar civilizada, han tenido como meta y principio la vida y su exaltación y respeto.

Incluso la gran Paz Internacional, aquella por la que hipócritamente se crean ejércitos y organizaciones, se firman tratados, se venden armas, se invaden países, se miente y se inician guerras, es producto directo y expresión de ese respeto por la vida.

La gente quiere vivir en paz.

Que la realidad actual al respecto sea una farsa (y un gran negocio que ahora crece porque antes los países vendedores de armas no atacaban a sus compradores, pero con los países árabes eso ha empezado a cambiar como en la cambiantes relaciones de la mafia), no cambia en absoluto el origen del deseo de esa paz.

Se quiere vivir en paz, machaco.

La vida entendida como bien supremo.

No la venganza, ni la propaganda política, ni una mal entendida justicia.

Sigamos.

No han mostrado el cadáver.

Y no por cuestión de principios porque EEUU ya lo hizo en el 2003, cuando presentó las fotografías de los cadáveres de los hijos de Sadam Husein.

Cuando leí en El País que Bin Laden había sido «enterrado en el mar» (recién después sus redactores se dieron cuenta de que era mejor poner ‘sepultado’), lo primero que se me ocurrió fue:

¿Cómo?

¿La prueba, al agua?

Si bien la captura de Bin Laden es una buena noticia, no lo puede ser su muerte.

No, por dos motivos.

Primero.

Porque se ha librado de un juicio en el que se podría haber condenado al terrorismo ultraislámico y se hubiera podido saber más de Al Qaeda (si es que realmente existe y no es un invento) y sus verdaderas motivaciones.

(No basta llamarlos locos terroristas, hay que tratar de entender el fenómeno para poder remediarlo. En todo caso, si se trataba de un simple demente, ¿por qué no haber aprovechado la oportunidad para dejar en acción a psicólogos y psiquiatras?)

Segundo.

Por la forma en que ha muerto.

¿Por qué lo celebran todos los medios, gobernantes y público en general como si se tratara de un triunfo deportivo?

¿Tan bajo hemos caído?

¿El mundo, un circo romano?

¿Una producción de Hollywood?

Occidente no quiere entender que una cosa es ver películas sangrientas y violentas desde una butaca con una bolsa de cancha en la mano sin mayor preocupación que la de que el espectador de atrás no siga pateando el respaldar.

Y, otra, sufrir los estragos de una guerra, de cualquier guerra, en carne propia.

Una cosa es que los bombardeos, explosiones y balaceras ocurran en países lejanos, y, otra, sufrirla en casa.

El próximo 2012 se cumplirán dos siglos (200 años) desde la última guerra internacional librada en suelo usamericano, aquella contra Inglaterra de 1812.

Los ciudadanos usamericanos de hoy (ni los de las -por lo menos- últimas ocho generaciones) no saben, pues, lo que es perder una casa, una pierna o un brazo, el techo, el trabajo o la familia en una guerra en suelo propio.

Ellos celebran, por eso, la muerte de Obama como quien gana la lotería o un partido de baloncesto. El partido no ha sido en su terreno.

Varios principios elementales se han pasado por alto esta vez, más de lo mismo que se les reprocha a los terroristas:

El derecho a la vida (aunque suene a chiste en el caso de Bin Laden: no se puede responder a la muerte con la muerte, como no se puede explicar a gritos que no está permitido gritar).

El derecho de ser considerado inocente mientras no se demuestre lo contrario.

El derecho a defenderse adecuadamente.

Como hay gente que lleva varios años encerrada ilegalmente y torturada en Guantánamo, ya nos parece natural que esos derechos dejen de existir según le convenga a la Potencia Mundial por excelencia.

Osama Bin Laden podía ser el hombre más despreciado y buscado del planeta.

Mas eso no tenía por qué invalidar leyes de cuya existencia deberíamos sentirnos orgullosos en medio y a pesar de tanta incongruencia, mentiras y guerras actuales.

No soy fanático, hincha ni admirador de ningún asesino, con o sin ideología.

Pero opino y veo que la Matonería de EEUU es una de las razones por las que el mundo está cada vez peor.

Hace un par de años, Bill Hartung y Frida Berrigan, del World Policy Institute, publicaron un informe sobre el papel militar y armamentista de EEUU en el mundo.

Solo en el 2003, el País del Norte había colocado armas en 18 de las 25 zonas de conflictos abiertos en el mundo.

¿Alguien recuerda alguna protesta por ello?

Y en el 2005: nada menos que 20 de los 25 países a los que EEUU había vendido armas, estaban en las listas preparadas por el mismo Departamento de Estado de regímenes antidemocráticos y gobiernos violadores de derechos humanos.

La noticia que ocupa hoy la prensa del todo el planeta, bien podría ser una estrategia mercadotécnica para ganar puntos en las encuestas de cara a las elecciones del 2012 en el País del Norte.

Sí, Obama se ha forrado bien con esta muerte.

Porque, ¿quién garantiza que Bin Laden no había muerto ya hace muchos años?

Somos pocos, obviamente (porque el aparato mediático es colosal: a la muerte violenta y vengativa le han salido fanáticos y adoradores inesperados), los que no nos creemos el anuncio.

El argumento de que las leyes regulares no valían para Bin Laden por tratarse de un enemigo máximo, ¿cómo negárselo ahora tanto a los talibanes como a los narcotraficantes?

Ya hemos creado condiciones especiales para los talibankers. ¿Queremos también crear condiciones especiales para todos aquellos que quieran ejercer en el futuro sus particulares venganzas?

Pongámonos de acuerdo.

O la legalidad (también la internacional vigente) existe y vale para todos.

O no vale para nadie.

La otra alternativa es la Ley de la Jungla.

Si es permisible aceptar que esa legalidad puede ser quebrantada a gusto, placer o necesidad por alguien -en este caso EEUU-, entonces nadie se podrá quejar cuando sean otros los que quieran arrogarse ese mismo derecho.

¿Por qué no?

La peligrosidad o la simbología de un criminal no puede derogar ninguna ley momentáneamente.

Los policías y soldados también tienen códigos que respetar.

La alternativa es la Ley de la Jungla, repito.

¿La deseamos?

La violencia crea una espiral que solo conviene a los que hacen negocio con ella.

Pero no conviene a las víctimas (inocentes o no).

Ni a los -aún- espectadores.

«Esta noche se ha hecho justicia», ha dicho Obama.

No, pues, Justicia -precisamente- es otra cosa.

Esta muerte es una gran desgracia. Pero no por quien murió.

Sino por la metodología.

Porque ahora resultará que saltarse sobre el derecho internacional y sobre elementales normas jurídicas, además de torturar (los datos para ubicar a Bin Laden habrían salido de Guantánamo) pueden ser una gran cosa.

No, pues, justicia -precisamente- es otra cosa..

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HjorgeV 03-05-2011

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Fuentes:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/desde_el_mas_alla/2011/05/02/yo-aun-no-me-lo-creo.html

http://www.grupotortuga.com/Estados-Unidos-el-mayor-vendedor

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Noche/historica/apta/cardiacos/elpepuint/20110502elpepuint_8/Tes

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Estados/Unidos/mata/Osama/Bin/Laden/elpepuint/20110502elpepuint_4/Tes

http://www.zonamilitar.com.ar/foros/historia-militar/8628-guerra-anglo-estadounidense-de-1812-a.html

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Mision/cumplida/elpepuint/20080501elpepuint_10/Tes

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