«NO TE PREOCUPES, PAPÁ»

Vi con mis dos hijos pequeños el partido de ayer -la final de la Copa de Europa- en casa de nuestro vecino Heinrich.

Se nos ha vuelto una costumbre tomar el fútbol como pretexto para visitarlo.

Es un jubilado que vive con su esposa Elfriede en la casa de al lado.

Apenas sale -y deja la televisión- para arreglar su jardín, dar una gran vuelta por la región con su bonita motocicleta (una BMW histórica) o atender algún asunto burocrático o médico en alguna localidad vecina.

Una vez lo invité al cine. No fue hace mucho.

Quería ver con mis hijos Der ganz große Traum (2011), una película alemana estrenada en febrero de este año y que trata sobre los inicios del fútbol en este país.

(Un profesor -alemán- recién llegado de Inglaterra, frustrado por el interés de sus alumnos, se propone enseñarles inglés ayudándose con la enseñanza de un nuevo y revolucionario deporte que las autoridades escolares consideran demasiado caótico, peligroso y fomentador de la indisciplina.)

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(La recomiendo como película para toda la familia, a pesar de sus altibajos, en el supuesto de que llegue a conseguir salir de Alemania. La traducción del título sería algo así como El gran sueño, quedándose la partícula aumentativa ‘ganz’ en el aire.)

Heinrich se negó.

Había pensado que le agradaría fungir de abuelo de mis dos pequeños varones -ambos futbolistas- y aprovechar para dar una vuelta por Colonia.

Pero, no. Me dijo que apenas le gustaba salir de casa.

Me gusta compartir los partidos con él, porque, a pesar de no saber mucho de fútbol (debo sospechar que no ha sido jugador), admiro, en cambio, su capacidad de análisis y sus comentarios.

Soy un fanático real del fútbol.

Quiero decir que soy fanático de ese deporte y no de un equipo.

Quién gane, es algo que me suele dejar (salvo cuando juega mi país) más o menos frío.

Me gusta como deporte ciencia, por su parecido con el ajedrez.

De niño, para evitar la tonta confrontación entre los hinchas de la U y de Alianza Lima, decía que yo era del Cristal, y, aunque tengo entre mis camisetas una del cuadro rimense, no me produce ninguna emoción especial el ponérmela.

Como fanático del fútbol (y no de un equipo) no he dejado de jugarlo salvo por lesiones y he llegado a tomarme la molestia de hacer un curso de un par de meses para conseguir mi diploma (el B) de entrenador de la federación alemana.

Para el partido de ayer había pensado en una sorpresa por parte del Manchester United.

El Barcelona es el mejor equipo del mundo, hoy.

Lo es por su juego y por sus jugadores.

Es muy raro encontrar esa conjunción de excelentes jugadores y buen juego de conjunto de forma regular y constante.

El fútbol es un juego de conjunto.

Sin embargo, muchos excelentes jugadores suelen olvidarlo por necedad o simple egoísmo.

Conseguir, además, que el juego de conjunto sea realmente de conjunto (con todo lo de sacrificio y actitud mental que ello supone) y no solo limitado al ataque o la defensa, es realmente raro de ver.

Pensaba que un buen entrenador -el escocés Ferguson- y un buen grupo de jugadores como los que actualmente tiene el Manchester, podía ser capaz de encontrar la fórmula para desarmar el juego del Barça.

Pero no fue así.

-¿Qué no le fue funcionó a Maradona con Messi en el último Mundial? -me preguntó Elfriede, cuando ya estaba claro que el Barcelona iba a ser claro ganador del partido de anoche-. No soy ni siquiera aficionada -añadió-, por eso no puedo entender cómo el supuesto mejor jugador del mundo no pudo hacer mucho por su selección.

Me quedé pensando un rato.

Creía saber la respuesta. Traté de pensármela mejor.

-Digamos -traté de resumir y ser expositivo-, que el entrenador catalán ha conseguido darle a Messi las libertades que él necesita para que sus intentos hagan más favor que daño a su equipo. En Alemania, un jugador como él, tras la tercera pérdida del balón en un intento por driblear a sus contrarios, ya habría sido excluido del equipo. Guardiola ha sabido tener paciencia con él y aceptar su función de ‘decoración movible o móvil’.

-O sea que Maradona no supo tener paciencia con él.

-Cada equipo es diferente. Creo que el Barcelona sería totalmente otro equipo sin Xavi Hernández y sin Iniesta.

-O sea que ellos son los que hacen el juego sucio por él. Los que le llevan la maleta.

-Más que sucio o pesado: hacen el juego creativo -le repliqué-. Creo que el problema de Argentina en el Mundial fue una conjunción extraña de factores adversos, a pesar de lo bien que había empezado con Maradona. Argentina se comió, por ejemplo, un par de goles tontos y decisivos a la vez. Vamos a decir que se confió en su medio campo y en su poderosa delantera y descuidó la retaguardia.

-¿Y Messi? ¿Dejó de ser el mejor jugador del mundo o qué?

-Vamos a decir, para imaginarnos un restaurante o un negocio gastronómico, que en el Barcelona Messi se encarga de la decoración de los platos (y muchas veces de cobrar) y en la selección argentina tenía que cocinar.

Elfriede movió la cabeza para mostrar que no la había convencido.

Mis hijos, a pesar de que hoy nos vamos a Holanda a participar en un campeonato de equipos de la categoría de 10 años (van a ser las 6 de la mañana y partimos en una hora), me convencieron para quedarnos a ver la entrega del trofeo a los del Barça.

El menor (de 6 años), al ver la copa, exclamó:  «No te preocupes, papá».

Se refería a una anécdota que le conté cuando tenía 3.

Brasil acababa de perder la final del campeonato del mundo en 1950 en su propio país y contra todo pronóstico ante Uruguay.

Fue el famoso Maracanazo, ante 173.850 espectadores. Según la Wikipedia: «la mayor cantidad jamás reunida para presenciar un partido de fútbol».

Los diarios brasileños habían tenido sus titulares impresos y las carrozas carnavalescas habían estado preparadas para el corso triunfal.

La anécdota cuenta que un niño de 9 años, al ver llorar a su padre frente a la radio (debo suponer), le preguntó qué le sucedía.

-Brasil acaba de perder la Copa del Mundo, menino -le respondió su padre, también futbolista y también delantero centro (llegó a marcar cinco goles de cabeza en un solo partido), entre lágrimas.

-No te preocupes, papá -trató de consolarlo su hijo-. Algún día te traeré una.

El niño era Pelé.

-¡Y le trajo 3! -le gusta puntualizar a mi hijo menor, con un brillo especial en los ojos.

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HjorgeV 29-05-2011

One thought on “«NO TE PREOCUPES, PAPÁ»

  1. Para mí el fútbol es horripilante, pero tu estilo de párrafos de una sola oración o de una sola línea me parece interesante. ¿Estás tomando de modelo a alguien?

    Rpta.: Hola, Luchín. Es algo a lo que he llegado por propia necesidad expresiva, sin copiar a nadie, salvo la claridad de las fórmulas matemáticas y cierta sintaxis del alemán. Saludos y que estés bien. HjV

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