¿SALTO A LO DESCONOCIDO O AL DESAGÜE?

Revisando documentación sobre la historia de mi ciudad, me he sorprendido de la facilidad con la que se puede entender la historia y la realidad de Lima -y del país entero- por medio de su arquitectura.

¿Por qué el Centro de Lima no está rodeado de barrios elegantes y ricos como sucede en otras ciudades del mundo?, fue una de las primeras preguntas que me hice, buscando documentarme para mi novela actual.

Revisando fotos y documentos históricos, me di de narices con lo obvio: por supuesto que el Centro Histórico estuvo parcialmente rodeado de tales barrios.

¡Él mismo fue un barrio de los llamados aristocráticos!

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Algo que el paso de los años, la acumulación de mugre, polución, grajo y la pátina de la desidia y del olvido unida a la de la pobreza y la miseria hacen olvidar con facilidad.

Abraham Valdelomar, un escritor de comienzos del siglo pasado, dejó la siguiente frase, retrato de época de nuestro país:

«El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert  y el Palais Concert soy yo.»

(El Palais Concert fue un café-cine-bar en el que se reunía la élite intelectual limeña de comienzos del siglo pasado.

Por el Jirón de la Unión, una de las calles que circunda el Palacio de Gobierno y hoy una simple vía peatonal, muy popular, comercial y turística, los limeños de las clases -económicamente- más altas jironeaban, como en la década de los setenta larqueaban por la avenida Larco de Miraflores.)

(No existe constancia escrita de que Valdelomar pronunciara esa frase realmente.)

Basta recorrer avenidas como la Colmena y el Paseo Colón para reconocer lo mencionado.

O por la vía que une visceralmente Lima con Miraflores, la aún majestuosa avenida Arequipa, con su impresionante y continua arquitectura (mansiones, casonas y palacetes) que la cubre a lo largo de sus 6 kilómetros.

Empero, ¿por qué la huella ‘aristocrática’ (para llamarla de alguna manera) solo sigue en una sola dirección -hacia el sur- y no hacia el norte, el este ni el oeste del Centro de Lima?

Hacia el oeste, en dirección al Océano Pacífico y partiendo desde la Plaza San Martín, la arquitectura magnificente avanza un solo kilómetro, hasta la Plaza Dos de Mayo, y allí se detiene abruptamente.

Por el norte y el este: miseria mayoritaria por todos lados.

Es como si la ciudad hubiera nacido atrofiada por tres de sus cuatro lados, sin posibilidad de desarrollo ni prosperidad por ellos.

¿Por qué tiene el Centro Histórico de Lima prácticamente una sola dirección de acceso (la que viene de Miraflores) para los turistas?

La respuesta es doble, y sencilla, y la da la historia.

El nombre del actual distrito del Cercado, que comprende el Centro Histórico de Lima, por ejemplo, se debe a que era un barrio cercado, precisamente.

(Más detalles en la bitácora de Juan Luis Orrego Penagos, historiador limeño.)

La reducción del Cercado, cuyo nombre original era Doctrina de Santiago del Cercado, fue fundada en 1571.

Las reducciones eran pueblos en los que los españoles inmigrantes confinaban o reducían a los indios sobrevivientes y dispersos con el fin de cobrarles tributo, evangelizarlos y enviarlos a la mita (trabajos forzados).

La reducción amurallada del Cercado tenía solo tres puertas y la administración estaba a cargo de la Compañía de Jesús.

Hitler no inventó los guetos ni los campos de concentración, quiero decir.

La existencia de este pueblo-cárcel indígena, colindante con el llamado Damero de Pizarro y centro del poder virreinal español invasor de ese entonces, es lo que explica en gran parte el desarrollo de la huella ‘aristocrática’ solo en dirección sur.

Se trataba de alejarse de los llamados indios.

(Hay una segunda e interesante razón, que trataré en una entrada futura de esta bitácora.)

Como se ve en este y en otros aspectos de nuestra vida nacional, el racismo y la génesis de la pobreza (para luego huir de ella como si fuera un producto extraterrestre) han influido también en el desarrollo urbano y arquitectónico de Lima.

Quien se detiene hoy delante de los bellos edificios de la Plaza Dos de Mayo (haciendo un esfuerzo por ignorar por un momento la mugre, la polución y la desidia que la cubren), con su claro aspecto y trazo parisino (el arquitecto conceptor fue Claudio Sahut, un francés, precisamente), tiene que llegar a la conclusión de que la historia del Perú más reciente también tuvo sus épocas de relativo esplendor económico.

Curiosamente, los ochos edificios de tres pisos que circundan esa plaza fueron donación de un solo ciudadano, el hacendado trujillano Rafael Larco Herrera.

No es casualidad que el apellido corresponda al nombre del hospital psiquiátrico más conocido de Lima y sinónimo de manicomio para muchos: el Larco Herrera.

Fue su hermano Víctor quien hizo posible con su propio peculio, y su dedicación y esfuerzo personal, la creación de un nosocomio psiquiátrico que prescindiera de métodos inhumanos en sus tratamientos.

Así, pues, muchas obras importantes que aún perduran en Lima y hablan de cierto pasado de riqueza y bonanza fueron obra de particulares, no del Estado.

Personalmente, leo, casi radiográficamente, en la arquitectura limeña uno de nuestros grandes dramas como país:

La poca y aislada riqueza rodeada de excesiva y continua miseria.

Muy pocos ricos por un lado y demasiados pobres por todas partes: la riqueza mal repartida.

Y lo más bonito de la ciudad, muchas veces, obra de particulares y no del Estado.

Hoy que mi país elige en las urnas su futuro, creo que allí está también el principal miedo que se le tiene a Humala, uno de los dos candidatos.

El miedo a que ese orden de cosas, esa desigualdad, esa asimetría de siglos, esa indiferencia del Estado frente a las mayorías pobres, pueda cambiar.

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Una ex compañera del mismo colegio me cuenta que su hija le ha dicho:

«Mejor el salto al vacío que el salto al desagüe.»

Más que al vacío, un salto a lo desconocido, me digo.

No sé quién ganará las elecciones de hoy.

Por esas cosas que tiene la vida, podría decir que ‘conozco’ a los dos candidatos.

Humala es el segundo o tercero de siete hermanos, todos con nombres inusuales (algunos quechuas) incluso en nuestro país: Ulises, Antauro, Pachacútec, Katia, Cusi Coyllur e Imasúmac.

Con varios de ellos compartí el mismo colegio. No sé si Ollanta estaba entre ellos. Uno de sus hermanos era/fue mi compañero de salón, es lo seguro.

A Keiko Fujimori la ‘conocí’ (besito cortés de saludo y despedida, más un poco de conversación ritual o de compromiso) en una pequeña reunión a la que llegué de pura casualidad.

Richar, un amigo y músico peruano, en uno de esos arranques tan típicos de los limeños, me había llevado a un cumpleaños sin que yo conociera al cumpleañero, un músico cuyo nombre he olvidado.

A esa discreta reunión de unas diez a quince personas, llegó la entonces ‘primera dama’ oficial de la nación, hija del hoy ex presidente reo, rodeada de sus guardaespaldas. (Su padre, Alberto Fujimori, había retirado del cargo a su esposa Susana Higuchi cuando esta lo acusó de corrupción.)

Me llamaron la atención su trato afable, sencillo y abierto. Tal vez, simplemente, porque había esperado encontrarme con una creída, como decimos en Lima.

Sospecho que ganará Kako -perdón, Keiko- Fujimori.

(Aunque nuestro país se ha dado varias veces a sí mismo más de una gran sorpresa electoral.)

El apoyo que tiene es el del Gran Capital: inmensamente múltiple, omnipresente, poderosísimo y sutil.

Capaz de hacer olvidar, ignorar o soslayar a los electores que el fenómeno de Sendero Luminoso fue la expresión patológica de grandes presiones sociales contenidas y acumuladas a lo largo de siglos, en los que se construyó boyas de bonanza (de ahí el ejemplo de la Plaza Dos de Mayo) en medio de un mar de pobreza y desigualdad de oportunidades; y no la causa de ellas.

Un solo ejemplo de la sutileza y de lo absurdo de esta contienda:

La hija de un japonés nacido en Lima que reafirmó su ciudadanía japonesa para poder huir de la justicia peruana.

La ciudadana peruana casada con un usamericano y con asistentes extranjeros (como el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani) y controvertidos personajes como PPK (candidato perdedor de la primera vuelta, peruano de padre alemán y madre francesa, que renunció a la nacionalidad peruana para obtener la usamericana y poder ser director de un banco en EEUU) a su lado.

La que representa a la derecha peruana que suele malvender sin ningún empacho nuestro país a empresas extranjeras con tal de enriquecerse (creando más presiones sociales).

Esa misma candidata se ha dado el lujo de criticarle a Humala apoyo de venezolanos y de brasileños allegados ¡de Lula!

La historia del Perú desde la llegada de los españoles inmigrantes ilegales de la época de Pizarro es también la historia documentada (hasta en la arquitectura de la ciudad) de la exclusión de las grandes mayorías indígenas y mestizas.

¿Dará mi país hoy el salto a lo desconocido o el salto de cabeza al desagüe?

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HjorgeV 05-06-2011

One thought on “¿SALTO A LO DESCONOCIDO O AL DESAGÜE?

  1. Hola Jorge, ¿qué tal? No podía dejar de comentar este post, aunque ya se sabe que uno no debe de hablar de política/religión/fútbol para no crear desunión (¿qué absurdo, ¿no?).
    Mucho de lo que dices es 100% cierto, Perú es un país super clasista, pero lo es tanto de “los de arriba” como de “los de abajo”. Conozco muchas personas de extracción humilde que una vez obtuvieron dinero se volvieron más clasistas que los Condes de San Isidro. Y ni hablar del otro lado, de aquellos cuyos hijos estudian en colegios ingleses o alemanes de Lima. (Estoy hablando en general, estoy seguro de que existen excepciones y muchas.)
    A lo que voy, el clasismo, la discriminacion en sí, es un mal común en el país, donde la fractura social es demasiado amplia y existe ese 5% de millonarios en 4×4 y barrios amurallados y un 95% de pobres (dentro de ellos, también pobres extremos). Por decir, muy pocas personas se encuentran orgullosas de ser peruanas, y apenas se van del país hablan con el acento de donde migren… mientras que en Lima he conocido argentinos, chilenos y mexicanos que viven más de dos décadas en el Perú y no pierden su acento.
    La voz de los que no tienen voz, de aquellos que no figuran en las encuestas, de aquellos que mucha gente supuestamente educada tilda de “ignorantes”, ha sido escuchada al fin y electo un candidato que promete un cambio. Ojalá lo haya, pero para positivo. Y en esta elección particularmente, de las que me acuerdo, ha aflorado lo peor del país, la discriminación, el racismo, el clasismo, etc.
    Espero que todo vaya para bien con el país, ya es hora.
    Un abrazo desde las tierras del Cid.

    Rpta.: Hola, Eduardo. Creo que entre lo peor que nos dejó la Colonia española, están el racismo y la corrupción como forma de gobierno. Han sido siglos de haber considerado a los descendientes de un Imperio que construyó y creó maravillas, como seres incapaces hasta de gobernarse a sí mismos. Una gran mentira, claro, que tenía un fin: explotarlos. Los tiempos están cambiando. Aunque las viejas plagas todavía perduran. Han sido varios siglos, repito, de haber hecho creer a una gran mayoría indígena que no son nada ni valen nada, incluido su trabajo. Una gran mentira cómoda para los españoles inmigrantes ilegales de ese entonces, los llamados conquistadores. Así como para la Iglesia y la Colonia que vino después. Mentira que aún muchos siguen utilizando -más sutilmente- para enriquecerse más. Espero que no requiera de siglos devolverle a cada peruano su verdadera condición humana y su dignidad y sus derechos como ciudadano. El racismo fue un gran negocio para los españoles de entonces y para todas las fuerzas coloniales de la historia y lo sigue siendo como medio de explotación y de ‘distinción’. Saludos desde Colonia, precisamente. HjV

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