¿HA HECHO STEVE JOBS EL MUNDO REALMENTE MEJOR? (Traducción)

UN MUNDO MEJOR PARA GENTE SIN GRANDES PROBLEMAS

El siguiente es un artículo aparecido en Der Spiegel: desconcertantemente disonante en un mar de endiosamientos y panegíricos.

¿Ha hecho Steve Jobs el mundo realmente mejor?

Stefan Kuzmany opina que solo para una pequeña élite de una pequeña parte del mundo.

La libre traducción, la adaptación y los errores, son de exclusiva responsabilidad y obra de este bitacorero. Plátanos, cebollas y tomates a la dirección conocida.

Saludos desde los arrabales semirrurales de Colonia. Que estén bien.

HjV

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UN MUNDO MEJOR PARA UNOS POCOS

Stefan Kuzmany

No he terminado de caerme de la cama al escuchar la voz de Steve Jobs (la Deutschlandfunk -la ‘Radio de Alemania’- está reproduciendo una cita de su famoso discurso de Stanford) y, enseguida, antes de que el locutor lo anuncie, lo sé:

El hombre ha muerto, tras una larga enfermedad, con sólo 56 años.

Demasiado pronto. Qué triste.

Con todo, no nos conocíamos personalmente. Ahora manos a la obra:

Encender la computadora. Entrar a Facebook y al Spiegel Online y luego a los otros sitios.

Y ahora sí empiezo a inquietarme:

“iRip” [?], escribe un amigo. Otro: “Ei.Gott.Tot” [‘¿un? dios ha muerto’]. “Thank you, Steve”, un tercero.

Y muchos han insertado simplemente un vínculo que lleva al portal de Apple, donde están su retrato y sus datos personales.

Un par de clics más adelante: la breve necrología de la empresa:

«El mundo es incomparablemente mejor gracias a Steve».

¡Uf!, se dice uno, pero luego al volver al portal del Spiegel se encuentra con: «Muerte de un ‘mejoramundos’».

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Idealizar es humano, pero errado

Sobre los muertos solo lo bueno, se suele decir, y también: sobre los colegas -en caso de duda- nunca nada malo.

Empero, hemos llegado a un punto en el que estas dos reglas no se pueden sostener. Por lo menos en parte.

Porque es cierto: Steve Jobs fue un visionario, un excelente vendedor y un brillante empresario.

Y son, sin ninguna duda, maravillosos los productos creados bajo su égida.

(Lo escribe alguien que admite estar en constante peligro de pasar más tiempo con su iPad que con su pequeño hijo.)

Y es profundamente humano, en plena consternación por la muerte de un semejante, idealizar y exagerar.

Pero uno tiene que preguntarse qué significa realmente estilizar al empresario Steve Jobs hasta convertirlo en una figura religiosa, en el más grande filósofo práctico de su tiempo.

¿Qué testimonia el hecho de presentar seriamente a Jobs, tal como en la propia publicidad de Apple, como alguien que ha hecho el mundo mejor?

Dice mucho sobre la gente que lo hace.

El mundo, hoy, vale la pena recordarlo una vez más, es grande.

En todo caso más grande que los pocos países altamente desarrollados, cuyos habitantes se pueden permitir el lujo de adquirir los productos de Apple.

Steve Jobs, se subraya, recibía solo un dólar al año por su trabajo como jefe de la empresa (aparte de un jet privado y un gigantesco bloque de acciones).

A los ‘privilegiados’ obreros que ensamblan iPads e iPhones en las fábricas chinas de la Foxconn, sin embargo, no les concedió mucho.

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Un mundo mejor para gente con «problemas de lujo»

El mundo que ha mejorado Steve Jobs es, entonces, relativamente pequeño.

Es el mundo de la gente sin grandes problemas.

Gracias a sus innovaciones tiene esta gente un par de pequeños problemas menos.

Usted ya no tiene que enfrentarse (bueno, ya no tanto) a enigmáticas ensaladas de cables y enchufes ni con indescifrables mensajes en clave del sistema operativo.

Usted ha comprado productos creados por Jobs que cumplen con lo prometido en la publicidad, que lucen bien y entretienen.

Con eso se puede olvidar de las pésimas condiciones de trabajo en China, de la sospechosa angurria de datos del consorcio y de las encorsetadas restricciones que Apple impone a sus clientes.

A nadie menos que a Naomi Klein, ideóloga de la antiglobalización, fue posible verla en su visita a Berlín jugando orgullosa y entusiasmada con su iPhone, mucho antes de que este se distribuyera en Europa.

Klein es solo un ejemplo, entre muchos, de la esquizofrenia a la que nos ofrendamos los discípulos de Apple:

Nos enteramos por nuestro smartphone de las grandes inmundicias de las transnacionales, enviamos rápidamente un indignado tuit sobre el tema y no somos capaces de reconocer la ironía de esta acción.

Apple ha mantenido a lo largo de años, y a pesar de todas las revelaciones sobre la inevitable crueldad de un consorcio de su envergadura, una imagen sorprendentemente limpia.

Esto se debió principalmente a Steve Jobs y al mito fundacional relacionado a su persona.

Se compraba productos de Apple, mas no a una máquina consumista sin rostro, sino más bien directamente del garaje de un nerd simpático y de brillantes ideas.

El duelo por Steve Jobs es en realidad el duelo por la pérdida de esta ilusión.

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La filosofía de Apple es materialismo puro

Steve Jobs dio un gran discurso en Stanford: sobre la realización personal, los sueños y la indeclinable voluntad de no dejarse vencer.

Pero quien confunde el negocio de Jobs con filosofía o, incluso, con religión, está adorando un materialismo puro.

Steve Jobs ha muerto, con apenas 56 años.

Demasiado pronto. Demasiado triste.

El pésame a su familia y sus amigos.

Todos los demás pueden quedarse tranquilos: Apple continuará construyendo sus bonitos smartphones.

Y el iPhone 5 también saldrá a la venta, seguro.

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Libre traducción, adaptación y errores:

HjorgeV 09-10-2011

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