«TIEMPOS DE ESCASEZ» (Engendro)

.

Tenía trece o catorce.

Por lo menos la edad que le permite a

tu tía más querida confiarte un dinero para

entregárselo a un extraño.

Había escasez de leche en Lima.

.

(Leche fresca era un bien que ya apenas se veía.

Aún recuerdo los envases de vidrio -con cierre de aluminio

azul, verde o rojo- de leche recién embotellada

que el lechero dejaba en las puertas y entradas y

que nadie se atrevía siquiera a trastocar.)

En esos días teníamos que contentarnos con leche enlatada.

.

El estafador me llevó a la entrada de un edificio

y me dijo que esperara.

Sujeté con fuerza los billetes en mi mano y me

dediqué a contemplar el tráfago de gente por la avenida.

Ya me las arreglaría para transportar yo solo las dos

cajas de leche «Gloria» hasta la casa de mi tía.

.

A los dos minutos escuché un silbido y desde

un balcón del segundo piso una mujer con ruleros

me saludó con la mano en alto.

Le respondí el saludo a los dos, también con la

mano en alto, contento y aliviado.

.

El estafador bajó por el dinero y me dijo que

solo me quedaba esperar a la mujer.

«Se llama Gloria, como la marca», agregó, con

una sonrisa especialmente chueca.

Y se despidió anunciando, mientras se alejaba, que no

dudáramos en contactarlo cuando se

nos hubiera terminado la «merca».

.

Media hora después no pude soportar más la

incertidumbre y subí a buscar a la mujer

o la leche.

.

Cuando me abrió se sorprendió de verme.

Apenas llevaba una bata muy corta y los ruleros

habían dado ahora paso a una ensalada

de cables sobre su cabeza.

Era guapa y no pude entender ese esfuerzo

por estropear su aspecto.

«¿Tú no eres el muchachito que va

a traernos la leche en estos días?»,

me preguntó.

.

Bajé con pena, rabia y vergüenza y

no lloré porque llorar no estaba en esos

tiempos en el Gran

Libro Adolescente.

.

Gran detective, descubrí que el edificio en

cuestión tenía dos accesos.

Atravesé masticando aire una y otra vez el pasaje y

comprendí que nunca más vería el dinero de mi tía.

.

De haberlo sabido entonces, habría pensado:

.

«Mira, es como con los grandes políticos

profesionales. Te prometen todo. Encima, te

hacen esperar. Y cuando se te

ocurre reclamar tu dinero te encuentras

con que conocen todos los escapes.»

.

HjorgeV 21-11-2011

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