OBSOLESCENCIA Y FELICIDAD PROGRAMADAS

*

Mi computadora portátil empezó a fallar un buen día.

La había comprado dos años atrás.

El enchufe del transformador se negaba a cumplir el trabajo por el que yo había pagado.

*

Pregunté en la tienda donde había comprado mi plegable.

Me dijeron que no podían venderme solo el enchufe y que un transformador original me costaría unos cien euros.

La alternativa era uno por la mitad del precio, pero con el riesgo de que el enchufe necesitara un adaptador.

Felizmente había un juego de ellos incluido en el paquete. Lo compré.

*

Ninguno de los adaptadores me sirvió.

Europa, siglo XXI, III Milenio, qué quieren que les diga.

No capitulé y encontré un truco: colocando el cable de alimentación en cierta posición, el asunto funcionaba.

Uso mi computadora para escribir en casa y raramente para algún trabajo fuera.

Me importaba un pepino que se hubiera convertido en un mueble fijo. 

*

Hasta que la semana pasada -meses después- el truco caducó, dejó de funcionar.

Me acerqué a la tienda de marras.

-Quiero un transformador original para esta marca.

-No se fabrican más -me respondió el vendedor.

*

No ha sido mi primer encuentro con un caso de obsolescencia programada, pero sí uno inicialmente duro. 

Entre otras cosas, porque aparte de no saber si un conocido podrá reparar mi plegable, me ha obligado a mudarme al sótano para poder seguir escribiendo.

(¿Y si resulta que mis novelas también sufren de obsolescencia programada? Acabo de abandonar un libro así. Terminó en el barril de basura.)

Me pasé dos años en esta habitación escribiendo.

Le llegué a tener cariño porque era el laboratorio de mis ideas y el taller de mi escritura.

Luego pude comprarme una plegable y regresé a la luz, a la superficie. Aprendí a apreciarlo.

*

Llevo varios días aquí, en el subsuelo.

Fue especialmente duro al comienzo: apartado del ruido del viento golpeando los vidrios, del paso del sol, del derrotero de la luz y de la vida vecina perceptible por la ventana.

Pronto le encontré ventajas a este aparato casi prehistórico (cinco años de antigüedad):

La conexión a la Red es lenta, por ejemplo.

Me obliga a concentrarme en mi novela.

Más que positivo.

La ausencia de ruidos y la lejanía del resto de mi familia aumenta mi concentración.

*

Y el sonido, el traqueteo del teclado, me hace recordar épocas pasadas, cuando escribir era una verdadera batalla contra el papel.

Y cada línea era un verdadero parto.

Una larga huella de tinta impresa por presión digital (de los dedos) sobre un cuadrilátero en blanco.

(Hoy la batalla sigue existiendo pero ya es -casi- solo mental. No más material.)

*

Me envía un comentario Ricardo C.

Se refiere a mi entrada sobre el sueño de viajar en el tiempo.

Le doy la razón:

La idea de viajar en el tiempo y poder corregir nuestras vidas es fascinante.

Le respondo que como no tengo (una) máquina del tiempo, las tonterías que escribo las escribo porque también tengo ese impulso por corregir mi, la vida.

*

Soy de los que se arrepienten hasta de lo que ha escuchado, como si hubieran dependido de mí las palabras de otros.

Escribiendo puedo responder y hablar con propiedad.

Castigar y premiar.

Enderezar rumbos.

Atreverme con otros arriesgados.

Lo imposible en la vida, posible en el ‘papel’.

*

Pero la escritura también tiene el misterio de la vida propia de sus personajes.

Sino, cualquier ficción sería aburrida.

Por predecible para el autor y dañina para su escritura.

*

Lo he vuelto a comprobar hoy, al continuar con la corrección de mi manuscrito.

Me he topado con un pasaje que había olvidado y que no estaba en el guión inicial, por así decir.

Me debió salir de los dedos un día que también he olvidado ya.

Me he estremecido.

Como si yo mismo fuera un personaje de otra novela ‘superior’ (que envuelve mi vida y mi manuscrito) (no soy creyente) y me hubiera permitido asombrar a mi autor.

Causándole un golpe de felicidad.

*

Indemnizándolo así por el enchufe roto y las inconveniencias pasajeras.

¿A qué más podría aspirar un simple escritorcito amante de su trabajo inútil?

.

HjorgeV 05-01-2012

One thought on “OBSOLESCENCIA Y FELICIDAD PROGRAMADAS

  1. Hagase un favor.
    Mac Book Pro

    Rpta.: Estimado CaTrollcho. Nada en contra. Buena idea. Se aceptan donaciones. Saludos desde Alemania. HjV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s