RECURSOS LIMITADOS: MIS BIBLIOTECAS (II)

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Leo que en EEUU los seis herederos (6 personas) de la empresa Walmart son más ricos que el 30% de los más pobres de ese país.

EEUU es una nación en la que se celebra la desigualdad económica.

Cito del mismo artículo de Moisés Naím:

«En Estados Unidos, por ejemplo, los artistas, deportistas o inventores cuyo éxito se traduce en una inconmensurable riqueza son admirados y vistos como modelos a emular.»

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Lo ‘bueno’ de EEUU es que nos muestra casi a diario ejemplos de lo que no debería ser ni hacer una sociedad.

Alguna vez en el futuro -si no hemos acabado con nosotros mismos como especie, aunque por ahí vamos- los historiadores le reconocerán ese triste mérito al gran país del norte.

El de haber sido el laboratorio que nos ha mostrado -sobre todo- qué caminos no seguir.

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Habría que fomentar el placer de la vida por la vida misma.

El placer de jugar y caminar al aire libre, de leer un buen libro, de conversar con amigos y desconocidos, de cantar, de trabajar hasta el cansancio en lo que a uno le gusta, de pasear y correr, de descubrir y entrar en contacto con la naturaleza, de viajar, cocinar, de ayudar.

¿No es eso hacia donde converge toda la educación y el esfuerzo de Occidente?

¿No es el mismo sueño de hacer lo que a uno le plazca?

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Occidente lo resuelve de dos maneras: bien llegando a la jubilación o por medio de la (acumulación de) riqueza. (Muchos lo resuelven individualmente con el robo, la estafa, la apropiación ilícita, la corrupción.)

Es decir se enseña que se tiene que soportar toda una vida de trabajo (para otros) hasta alcanzar la ansiada paz del no hacer nada.

O, si se tiene ‘suerte’, se resuelve el problema con dinero.

Dejo en este punto las disquisiciones relativas a la economía, preguntándome si alguna vez se impondrá seriamente el consumo colaborativo a nuestro ego.  

Y si nuestras latentes misantropía y desconfianza lo harán, simplemente, imposible.

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Un buen libro nos acompaña toda una vida.

Las bibliotecas no tendrían que ser infinitas, por lo tanto.

Como soñaba Borges.

Bastan no muchos, pero buenos, libros.

Los buenos libros se leen varias veces y van cambiando, evolucionando, con nosotros.

Su lectura y relectura nos enriquece y les devolvemos esa riqueza también: puesto que en cada nueva lectura los encontramos diferentes, mejores.

Me sucede con muchas obras.

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Algunos de mis libros de cabecera, es decir, que he leído por lo menos dos veces (al cruel e injusto azar):

La danza inmóvil y El jinete insomne de Manuel Scorza, Salvo el crepúsculo y Rayuela de Cortázar, cuentos y poesías de Borges, la obra completa de Vallejo, todo Chandler, varias novelas de Michael Connelly, Don Winslow, Le Carré, Coben y McCormac, casi ‘todo’ Cabrera Infante y Vargas, cuentos de Poe, la poesía de José Santos Chocano, la poesía de Blanca Varela.

Son libros que tengo siempre a la mano y parecen revolotear -literalmente- por mi cabeza, como seres/reclusos esperando su segunda (o hasta su quinta o décima) oportunidad.

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Otros libros siguen cerca también, sin que haya conseguido penetrar su coraza, alcanzarlos, desentrañarlos, llegar a lo que intentaban contar o decir:

Guerra y paz de Tolstoi, 2666 de Bolaño (lo usé más de un año para que no se abriera una ventana estropeada), Matar un ruiseñor de Harper Lee.

Con el Quijote me sucede algo parecido: no he logrado encontrar esa línea, asirme a esa cuerda que me tendría que permitir subirme al tren de su relato sin parar.

Le he encontrado encanto solo leyéndolo de a pocos, caóticamente.

El genio de Cervantes es indiscutible.

¿Quién es el narrador, por ejemplo?

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¿Una biblioteca infinita?

Para la búsqueda, infinita para buscar sí.

Pero no para el encuentro, para la lectura, para la selección.

Obviamente, es placentero buscar los libros que nos gustan, aquellos que nos convienen y ‘hablan’ de un modo íntimo.

Pero una biblioteca infinita sería una claudicación: la de tener que abandonar los libros que hemos elegido como ‘nuestros’ para seguir en una búsqueda permanente de otros nuevos.

Felizmente la realidad es más prosaica y limitada, por más que solo el número de libros que se editan en España por año sea apabullante (¿cien mil?).

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Personalmente, me fascina horas de horas y hasta días de días en una buena librería.

Sabueseando buenos libros.

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Pero una cosa es sabuesearlos (hojearlos, ojearlos, olfatearlos, probarlos, lamerlos, saltar entre sus páginas y concentrarse en ciertas líneas).

Y, otra, adquirirlos simplemente porque se pueden comprar.

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Llego a todo esto pensando en por qué no llegué a armarme mi biblioteca ideal, LA biblioteca, habiendo tenido los medios (económicos) y el tiempo (y las ganas) en cierta momento de mi vida.

Y ahora veo que fue por eso: porque más me importaba e importa sabuesear (a) los posibles buenos libros que adquirirlos por tener simplemente el dinero a mano.

No hay nada mejor que un libro que uno mismo se ha recomendado.

De allí la atracción magnética que ejercen sobre mí lugares como FNAC en España.

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¿Qué libros incluir en una personal biblioteca?

Diccionarios.

Enciclopedias.

Los grandes clásicos.

Para empezar.

De los primeros recuerdo con especial cariño el Diccionario de dudas de Manuel Seco.

Me lo compré sacramental, eucarísticamente, en una librería del Centro de Lima.

Aún lo conservo.

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HjorgeV 22-01-2012

One thought on “RECURSOS LIMITADOS: MIS BIBLIOTECAS (II)

  1. Te recomiendo perderte por las calles de la Avenida 18 de Julio de la ciudad de Montevideo. Te puedes encontrar tres o cuatro librerías por calle. Podrás “ojear” libros sin que nadie te importune preguntándote: que vas a llevar? En mi juventud, con muy pocos medios económicos como ahora, he leído libros enteros de esta forma. Había una que se llamaba “El paseo del lector” y había dentro hasta un banco de plaza donde me sentaba y leía! He vuelto varias veces en éstos diez años que estoy fuera, y siguen estando igual de bellas!

    Hola, Jacqueline: Que yo sepa, hasta ahora en Lima no es posible hojear libros, sino solo ojearlos (quiero decir, echarles un ojo por fuera). Las librerías de la 18 de julio serían, por eso, lo más cercano al concepto de paraíso que puede existir para mí. Alguna vez tendría que conocer Montevideo. Gracias, mil, por comentar, Jacqueline. Saludos desde Alemania. HjV

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