JAMES N. FREY: «LAS DIEZ REGLAS DEL ESCRITOR»

¿Cómo se escribe una novela?

Balzac empezó escribiendo novelitas por encargo y murió sin llegar a completar las 137 novelas que se había propuesto escribir para ‘competir con el Registro Civil’.

Su capacidad de trabajo era colosal: 15 horas diarias (nocturnas), regadas con litros de café negro.

¿Tenía un método?

Se dice que se amarraba a una pata de la cama para no abandonar su habitación y así poder seguir escribiendo. (Hoy tendría que anular, además, su conexión a la Red.)

*

Cierto esto último, o no, Balzac murió escribiendo y atosigado por las deudas que había ido contrayendo para cubrir otras anteriores.

(En uno de sus primeros negocios como editor, le pagaron lo invertido con manuales de pésima calidad.

¿Se imaginan a un librero o editor llegando a casa a fin de mes con la ‘paga’: cientos de kilos de papel rancio?)

¿Qué le aconsejaría hoy Balzac a un aprendiz de novelista?

(¿Deja de ser cualquier novelista alguna vez un aprendiz?)

*

Consejos para novelistas hay muchos y abundan en la Red.

Entretenidos me parecieron los de la serie que publicó el diario The Guardian hace un año: Rules for writers.

(Pulsar aquí para acceder a algunas de las traducciones del portal Actualidad Editorial.)

Zadie Smith, por ejemplo, recomienda trabajar en una computadora que no tenga acceso a la Red. (Creo saber vagamente a qué se refiere.)

Otro de sus valiosísimos consejos:

«Intenta leer tu propio trabajo como lo leería un extraño. Mejor aún, como lo leería un enemigo.»

*

Especialmente divertidas y magistrales me han parecido The ten rules of writing (‘Las diez reglas del escritor’, propongo) de James N. Frey.

Frey (Siracusa, Nueva York, 1943) es un tipo genial.

Aparte de escritor, es consejero, guía y entrenador de escritores.

(Creative writing teacher es la denominacion oficial: ¿’profesor de escritura creativa’? Pero, ¿qué escritura no es creativa?)

Publicó su primer libro, guía o manual, How to write a damn good novel (tal vez: ‘Cómo escribir una maldita buena novela’), en 1987.

En 1994 fue elegido elegido Profesor del año en la Universidad de California por su cátedra sobre el tema.

Acá en Alemania es muy apreciado en los llamados círculos literarios y hace poco volvió a ser invitado a este país.

*

Las reglas del escritor (The ten rules of writing) según Frey son diez:

Lee, lee, lee.

Escribe, escribe, escribe.

Sufre, sufre, sufre.

*

Las suele repetir en sus cursos y talleres de escritura.

«¿Y la décima regla?», le preguntan después de un momento de desconcierto los más despiertos.

«Ah, sí», les responde:

-¡No abusar de los signos de exclamación!

*

«Escritor» nos dice Fabio Morábito, «es aquel que se enfrenta como nadie al fracaso de escribir y hace de ese fracaso su misión, mientras los demás, sencillamente, redactan».

*

Un fracaso que puede ser millonario. Por lo menos, en palabras.

Todo consejero de escritores, nos recuerda Frey, recomienda practicar el oficio, la artesanía de escribir:

« In other words, you must write, write, write. Some say you have to write a million words before you can begin to call yourself a writer. I’ve known writers, some of whom later became quite successful, who did not publish anything until they’d written five million words.»

¿Cinco millones de palabras? ¿Cuánto es eso?

*

En 150 páginas hay más o menos -dependiendo del formato- unas 50.000 palabras.

100.000 palabras, por tanto, en una novela de 300 páginas.

Un millón de palabras equivaldrían así a diez novelas (de 300 páginas).

Es decir, Frey se refiere a escritores que no publicaron nada hasta escribir primero (sujétense) el equivalente a 50 novelas de 300 páginas.

¡Balzac!

*

(Voy por la quinta novela, no publicada.

Me faltan, entonces, varias decenas de práctica.)

*

Dos ejemplos de perseverancia.

Stephen King, otro gran compulsivo, escribe en Mientras escribo (qué traducción o alternativa para el On writing del original):

«Cuando tuve catorce años (y me afeitaba dos veces por semana, hiciera o no falta), el clavo de mi pared ya no aguantaba el peso de todas las notas de devolución que había ido acumulando. Lo sustituí por uno más largo y seguí escribiendo.»

Las notas de devolución eran las negativas que recibía de los editores a los que enviaba sus historias.

*

De Hemingway se dice (lo refiere Frey en su manual How to write a damn good novel) que reescribía algunas escenas hasta quedar contento con ellas.

Muchas veces treinta o cuarenta veces.

Los críticos dicen que Hemingway era un genio, menciona Frey, para luego preguntarse:

«¿Fue su genio lo que lo impulsaba a trabajar duro o fueron sus geniales obras frutos del duro trabajo?»

*

Termino esta entrada con los consejos de la escritora Anne Enright (Dublín, 1962) que he encontrado en un artículo de Juan Terranova (escritor metido en un gran lío –por lo que leo– por una agresión verbal):

Nos dice la escritora irlandesa, ajústense los cinturones de seguridad:

«Solamente los malos escritores piensan que su trabajo es muy bueno.»

.

Continúa…

HjorgeV 02-03-2012

2 thoughts on “JAMES N. FREY: «LAS DIEZ REGLAS DEL ESCRITOR»

  1. Jorge, me gustan tus posts. Me gustan y ya. Me lo paso bien leyendo. Un abrazo canadiense nevado y felicidades.

    PD: No se puede enseñar a escribir. Es una disciplina feroz. Hay que lo hacen por la mañana, otros por las noches. Siempre es difícil. Pero sigo pensando que no se lo puede enseñar.

    Chaucito,

    Inés

    Hola, Inesísima: ¡El primer abrazo nevado que recibo este año! Gracias por los octanos. Pero si no se puede enseñar a escribir, ahora ¿cómo voy a hacer para aprender? Un abrazo (sin nieve) desde los arrabales de Colonia. HjV

  2. Jorge, no creo que sea necesario escribir millones de palabras para ser escritor. En primer lugar, creo que aún sigue siendo cierto que es “oficialmente” escritor el que publica un libro en papel. Parece que la gente necesita tener entre manos algo palpable que justifique el título. Lo que he observado es que algunos a falta de millones de palabras escritas, han utilizado un tema controvertido y han logrado captar la atención de las editoriales.

    Hola, Marissa: ¿Por qué no me avisaste antes, compatriota? Ahora ya voy por los dos millones y ya no puedo parar. Saludos millonarios desde Colonia. HjV

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