«CÓMO ESCRIBIR UNA MALDITA BUENA NOVELA» (II)

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4. EL ABC DE LA NARRACIÓN

Un relato o historia es una exposición o descripción de determinados hechos.

Pero no toda serie de hechos o acontecimientos es un relato, nos recuerda James N. Frey.

Los hechos relatados tienen que ser -además de expuestos razonablemente- interesantes.

Pero no solo eso.

Tienen que ser trascendentales para que el lector no pueda dejar de leerlos y desee saber qué sigue.

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Para Frey una historia fascinante (las únicas que él prefiere), solo es posible si los personajes se entregan a una lucha y pugnan por algo.

Esa pugna –enfrentamiento, lucha, agonía– es lo que hace excitante y emocionante una historia.

El lector puede compadecerse de una figura que sufre.

Pero solo se identificará con una que se enfrenta a algo o alguien, lucha y es capaz de llegar hasta sus límites por alcanzar sus deseos u obligaciones.

¿Cómo empezar una novela?

Así como un director de teatro decide el decorado del escenario, la ópera tiene una obertura y la constitución un preámbulo, el novelista necesita plantear una ‘situación de salida‘ o partida.

Frey recomienda empezar una novela siempre antes del verdadero comienzo de la historia.

En la situación de salida el novelista le presenta al lector el universo fictivo tal como era/es antes de que empiecen a suceder los hechos.

Los hechos y acontecimientos que van a desembocar en el conflicto central.

Para Frey, en una historia bien construida, todas las partes o capítulos están vinculados de forma causal.

B no puede suceder si no sucede antes A.

B es la causa, razón o motivo para que suceda C, y así sucesivamente.

Esto es así, según su opinión, porque los lectores tienen la necesidad de saber qué va a pasar.

Y esperan que los hechos que están leyendo tengan consecuencias y repercusiones.

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5. EL AUMENTO DE LA TENSIÓN HASTA LLEGAR AL CLÍMAX

O LA PREMISA SE SOMETE A UNA PRUEBA DE FUEGO

Imaginar el punto culminante como el blanco o diana y el resto de la historia como el trayecto que recorre la flecha, nos dice Frey.

Imaginar el clímax como la otra orilla hacia la que se estamos construyendo un puente.

Imaginar el punto culminante como el nocaut de la pelea de pesos pesados de nuestra novela.

Frey tiene aún más metáforas:

Una historia es un signo de interrogación; el clímax, de exclamación o admiración.

Una historia es tensión; el punto culminante es el orgasmo.

Una historia es confrontación, la pistola que se saca rápidamente y se dispara; el punto culminante es la bala entre los dos ojos.

El punto culminante es el final, para el que se ha construido todo lo demás.

Los griegos lo llamaron peripecia.

El punto de inflexión -revolucionario- en el que el cobarde se convierte en héroe, los perdedores ganan y los vencedores pierden, los santos pecan y los pecadores son perdonados.

Frey da una serie de consejos para despertar la complicidad del lector:

Recurrir a las sorpresas, valerse del poder de las emociones, invocar la justicia poética, descubrir nuevas facetas de los protagonistas.

Finalmente, remarca en este capítulo, la importancia de un final bien logrado:

Un buen clímax, un punto culminante bien logrado, debe transmitir al lector la sensación de que la historia -todo un ciclo– ha concluido.

6. LA PERSPECTIVA NARRATIVA, ESCENAS RETROSPECTIVAS Y OTROS TRUCOS

¿Qué es la perspectiva?

Es el ‘lugar’ desde el que miramos el mundo.

(No es el lugar, sino la vista -o, precisamente, la perspectiva- que nos permite, considerado como punto espacial, ese lugar.

Una persona nacida en un hogar de los llamados de clase alta -muchas veces no tienen nada de clase– no verá el mundo como lo hace quien nace ya malnutrido y tendrá que buscar sus alimentos entre la basura de otros.

Un teatro (como edificio) tiene varios tipos de localidades. Desde cada una se aprecia una ópera o una puesta en escena cualquiera de manera diferente.)

La perspectiva determina, por lo tanto, cómo nuestro personaje ve el mundo.

Es la suma de sus gustos, opiniones, creencias y prejuicios. (Estos, a su vez, productos de su biografía y su lugar -geográfico- de nacimiento.)

Un escritor principiante suele sentirse cómodo narrando en primera persona. Después de todo, eso es lo que conocemos y a lo que estamos acostumbrados.

Además, narrar desde un yo testigo tiene la ventaja de ser todo más plausible, creíble, como si se tratara, justamente, del informe de un testigo presencial de los hechos.

Pero esa perspectiva desde la primera persona tiene sus grandes limitaciones:

Solo se puede ir y estar adonde el narrador vaya y esté.

Y no se puede ver lo que él mismo no ve.

Peor aún, las emociones y sentimientos de los demás solo son perceptibles por lo que se ve y oye de ellos.

Por todo esto, Frey recomienda narrar siempre en tercera persona.

Ahora, ¿qué es lo que interesa mostrar o debe ser prioritario mostrar en una novela?

Todos somos mirones (voyeristas o voyeurs), nos recuerda Frey.

La literatura, como pocos otros medios, nos permite una profunda mirada en la vida íntima de los demás.

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Continúa…

HjorgeV 17-03-2012

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