«CÓMO ESCRIBIR UNA MALDITA BUENA NOVELA» (y III)

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Una historia o relato bien contado puede llegar a parecernos más ‘real’ que la vida real.

Esto es así, nos dice James N. Frey en su libro «Cómo escribir una maldita buena novela», porque narrar -contar- forma parte de la naturaleza humana.

Un buen autor no solo conseguirá que el lector se identifique con sus personajes.

Hará posible que el lector se olvide por un largo momento (el de la lectura) de su mundo real y se sumerja -que viva– en la ficción que le ofrece.

Para ello se vale principalmente de una necesidad muy humana: la de la identificación.

Mas no debe olvidar que lo que el lector desea ovacionar, aclamar (otra necesidad humana, a mi entender), es a un luchador, a un combatiente.

No a un blandengue.

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EL USO DE ESCENAS RETROSPECTIVAS

La inclusión de escenas retrospectivas en una novela es algo que no recomienda Frey.

El lector quiere saber qué va a suceder a continuación.

Cuál es el paso siguiente que darán los personajes. Si tropezarán o triunfarán.

La retrospección como recurso muchas veces solo le sirve al autor para relajarse o hacer una pausa y huir del conflicto.

Supongamos, pone como ejemplo Frey, que nuestro protagonista está a punto de asaltar -pistola en mano- un banco.

¿Qué diablos le interesa en este preciso momento al lector saber qué elementos biográficos de nuestro protagonista contribuyeron a convertirlo en un asaltante?

Lo que quiere saber es qué va a pasar, cuál va a ser el desenlace de la escena.

Si va a herir a alguien, morir o escapará ileso con el botín.

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EL USO DE LA PROLEPSIS

Frey nos recuerda que aún los más geniales autores tienen problemas para mantener vivo el interés del lector a lo largo del par de centenar de páginas de una novela.

De allí que recomiende recursos como la prolepsis (augurio o anunciación) y la simbología.

Cuando en un relato se lee lo siguiente:

José se levantó, desayunó, enfundó su pistola y se dirigió a la ciudad.”

El lector se pregunta enseguida: ¿Y para qué diablos lleva la pistola?

Una anunciación o augurio es como una promesa.

De tal manera que no hay que olvidar cumplirla con el lector.

EL USO DE LOS SÍMBOLOS

Los seres humanos somos seres simbolistas.

En Moby Dick, Melville hace de la ballena blanca un símbolo vital.

Ella es algo más que una ballena: es la personificación viva del mal.

Un autor debe usar la simbología para reforzar el poder de persuasión de su historia.

Pero cuidado con abusar de ella, nos conmina Frey.

Debe servir para dirigir la atención del lector hacia el conflicto central y no para mucho más.

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7.

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO Y DE LA PROSA DINÁMICA

Un relato vibrante se alimenta de un continuo incremento de la conflictividad en su trama.

Por ello, cada escena de una novela debe tratarse como si fuera una sub-novela con su propio conflicto, su punto culminante y su resolución.

El conflicto particular de una escena no tiene que ser idéntico con el conflicto principal de la novela, pero debe servir a este.

Una forma de aumentar la conflictividad es aderezando los diálogos.

Diálogos insulsos y sin vida espantan al lector.

Y lo mismo sucede con la prosa.

Una buena prosa tiene que ser dinámica: específica, poética y dirigirse a nuestros sentidos.

La buena prosa es también sensual, capaz de excitar no solo el sentido de la vista: también el del gusto, oído, olfato y tacto.

Una prosa sensual debe ser capaz de hacernos sentir frío, calor y hasta percibir sensaciones físicas como golpes y empujones.

Debe hacer trabajar nuestra intuición y despertar nuestro sentido del humor, no solo nuestras emociones.

Una prosa poética, por otro lado, ayuda a despertar asociaciones en el lector, conferiéndole color y una vida especial a la narración.

Pero es fundamental, nos advierte Frey, no abusar de las figuras literarias o retóricas.

Evitar las metáforas trilladas, los lugares comunes, la exageración en las comparaciones.

Usar referencias que se puedan reconocer y entender.

No confundir ni apabullar con exageraciones al lector, debe ser una máxima de todo escritor.

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8. LA CORRECCIÓN: EL ÚLTIMO SUPLICIO

A alguien interesado en convertirse en novelista, advierte Frey, no le queda otro remedio que aprender a reescribir lo ya escrito.

Si nunca ha escrito una novela, Frey le pide que se imagine qué tan difícil podría ser.

Y luego le pide que lo multiplique por cien.

«Para muchos es más fácil cruzar el Atlántico en una tina o bañera que escribir una novela.»

Si se tiene el talento o se es un genio, entonces es más difícil aún, continúa Frey.

¿Por qué?

Porque para poder corregir es necesario ver y reconocer nuestros propios defectos.

Si somos unos genios, ¿cómo podríamos tener defectos?

Además, la imposibilidad de ver nuestros propios errores y defectos tiene que ver con nuestra naturaleza humana.

Cuando leemos el trabajo de otros somos capaces de detectar enseguida los errores, los caracteres y pasajes flojos, las metáforas mal usadas y estúpidas.

Si un personaje de una historia ajena no tiene motivación, lo podemos percibir al instante.

Podemos decir con exactitud dónde nos hace bostezar una novela ajena.

«Los clichés abundan siempre en los libros de otros. En los nuestros permanecen escondidos. No los podemos ver. ¿Por qué? Eso lo sabe tal vez el creador del universo, pero no nosotros.»

No se trata solo de un problema de ceguera el que nos acomete o sufrimos cuando intentamos valorar nuestros escritos.

Como hemos creado a nuestros propios personajes, los estimamos, los queremos.

Ante nuestros ojos son como nuestros hijos. (Y ya se sabe que para una madre o padre no hay hija ni hijo feo.)

El autor llora, se alegra y salta de alegría con sus propias figuras o personajes. Son sus invenciones. Sus criaturas.

A otros lectores puede provocarle -lo mismo- un fatigado bostezo.

«Para poder concluir una novela hay que aprender a observarla con objetividad. Hay que aprender a verla como lo haría un crítico maligno.»

Reconocidos los posibles errores, a continuación hay que proceder a cambiar todo lo necesario: los personajes, el estilo, el tono, la acción y el tempo, de ser necesario.

Y hay que empezar a hacerlo osada, atrevidamente.

«Ay, ay, ay, dirá usted. Correcto. Porque si al terminar la primera versión de su novela usted se la enseña a su madre, ella llorará de emoción. Y lo mismo hará su tío o tía más querida. Sus amigos celebrarán su libro y le hablarán de los millones que usted ganará con su obra.»

¿Pero le dirá alguno de ellos lo que de verdad piensa de su novela?

¿Cómo conseguir un juicio medianamente objetivo sobre nuestro manuscrito?

Una posibilidad es reunirse con otros escritores.

Hay tres tipos para Frey.

Los Entusiastas, los Literatos y los Destructivos.

LOS ENTUSIASTAS

Asistir a una reunión de escritores Entusiastas es divertido.

Después de leer un manuscrito, una posible crítica puede ser esta:

«La imagen de la flor que crece en la piscina me pareció genial. Tus personajes me han despertado más sentimientos que mi propia madre. Ah y las tortuguitas verdes de la corbata del protagonista son una metáfora fundamental.»

En este tipo de reuniones hay café y pasteles.

Al regresar a casa uno tiene la sensación de haber avanzado un gran paso hacia el Nobel.

Lamentablemente, nos dice Frey, este tipo de críticos han arruinado más autores que el macarthismo.

Si le gusta el café y los pasteles, asista a estas reuniones, recomienda Frey, pero por ningún motivo muestre sus manuscritos a esta gente.

LOS LITERATOS

Es el tipo que compara cualquier texto con las grandes obras de la literatura mundial.

En esas juntas se habla de existencialismo, imagismo y de símbolos freudianos.

Se sirve queso y vino (de botellas con corcho) y los participantes suelen escribir prosa experimental.

Pero nadie sabe qué realmente experimentan ni por qué, nos dice Frey.

LOS DESTRUCTIVOS

Son los únicos que en verdad pueden ayudar a un aprendiz de novelista.

La primera vez que uno se enfrenta a un grupo así, nos dice Frey, se puede pensar que se ha aterrizado en una moderna sesión de psicoterapia, en la que la curación pasa necesariamente por destruir la autoconfianza del autor.

Los Destructivos se expresan así:

«Ya, pues, ¿qué esperas para sacudir a tus personajes? ¡Despiértalos! Tus figuras se mueven como una sarta de calzonazos. ¿Son marinos o peluqueros?»

Hacen crítica destructiva pura.

En las tertulias de los Destructivos se escuchan incluso ataques personales:

«Escribes un montón de mierda así solo porque eres un ama de casa. ¡Te recomiendo salir a ver el mundo primero!»

Pero la mayoría se limita a criticar lo escrito.

Se divierten triturando los textos de los demás.

Es difícil soportarlo, nos dice Frey, pero el acero no se funde en una tina o bañera de plástico, se produce en un alto horno.

Muy bien, sigue Frey, después de asistir a una reunión así, usted estará enojado.

Tal vez triste. O se emborrachará.

Golpéese la cabeza contra la pared, si desea.

Pero si es usted es juicioso, continúa, se sentará a revisar su manuscrito e intentará ver lo que otros ven y usted no.

Pregunte a varios críticos destructivos sobre un pasaje determinado: si la mayoría es de la misma opinión, entonces lo más probable es que tengan razón.

Empiece a reescribir su novela entonces.

Pero escriba la suya.

No la que sus críticos desearían escribir.

Frey da más consejos aún, pero remacha la idea del trabajo duro como condición necesaria e imprescindible.

«Se dice que Hemingway corregía ciertas escenas hasta que quedaba satisfecho con ellas, muchas veces treinta o cuarenta veces. Los críticos dicen que Hemingway era un genio. ¿Era su genio el que lo impelía a trabajar tan duro, o sus geniales obras fueron fruto del duro trabajo?»

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9. CÓMO SE FORJA UN NOVELISTA

Si alguien desea ser dentista, va a la universidad, rinde un examen final y, si aprueba este, recibe el título correspondiente y la posibilidad de ejercer como tal.

Para aprobar el examen de promoción tendrá que estudiar muchos años, practicar varios miles de horas, absolver incontables exámenes e invertir dinero en sus estudios.

Con suerte, nos dice Frey, ese alguien terminará ganando mucho dinero y fama y se considerará alguien mejor que los demás.

El caso de un novelista es muy diferente.

Un novelista que no ha publicado nunca está en la misma escala que un vagabundo.

Si se enteran sus amigos, estos se reirán de él.

Los vecinos empezarán a hacer comentarios.

Su tío Pepe tratará de convencerlo de que aún no es tarde para empezar a estudiar una profesión o invertir el tiempo en algo juicioso.

Es duro.

Pero es así.

Un novelista recién se convierte en tal cuando un editor se decide o atreve a publicar su libro.

Pero todo pájaro, nos recuerda Frey, fue alguna vez solo un huevito. Incluso los más grandes.

Quien no esté seguro de querer convertirse en cuerpo y alma en un novelista, recomienda, ni siquiera debe intentarlo.

Un novelista se forja con autodisciplina, perseverancia, constancia y resistencia absolutas.

El talento, repite, puede ser un estorbo.

Porque quien tiene talento se imagina que escribir una novela no puede ser tan difícil.

Y lo es.

Independientemente del tamaño de su talento.

Un novelista debe resignarse a llevar una vida anodina, encerrado en un sótano o una simple habitación.

Dándole al teclado como un obseso y permanentemente temeroso de que sus (futuros o posibles) lectores encuentren aburridos, sosos y superficiales sus personajes y sus historias.

Escribir es un trabajo duro y solitario.

«A veces le brotan a uno las ideas y las palabras como de un manantial. Otras, la cabeza parece haberse convertido en una bola de cemento a la que no es posible exprimirle una sola palabra o idea. De vez en cuando uno relee lo que ha escrito y llega a la conclusión de que podría enseñarle a su perro a escribir mejor.»

Otras veces, nos dice Frey al final de su manual, nuestros textos nos parecen tan brillantes que salimos corriendo a mostrárselos a nuestro agente literario.

Y este nos recomienda dedicarnos a la odontología o la cosmetología.

James N. Frey termina dando consejos sobre cómo superar los típicos bloqueos de un escritor.

Y este bitacorero finaliza este resumen recomendando «Cómo escribir una maldita buena novela» sin vacilación.

Se puede leer como un libro fascinante y divertido, y es una valiosa guía para novelistas.

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HjorgeV 21-03-2012

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3 comments

  1. Hace un tiempo que no podia entrar en este blog, me salía un rótulo diciendo que probase otra vez pero ni por esas, hoy lo he conseguido y he aprovechado para leer los últimos post que tratan como este de consejos para escribir una buena novela. Lamentablemente lo único que he conseguido es quedarme mareado de tantas normas y aunque no me queden perfectas ni medio mal, he decidido seguir escribiendo como Dios me de a entender. De todas formas gracias por el intento, siempre habrá personas más empollonas que aprendan y les pueda ir bien. Un saludo desde Barcelona “La mejor tierra del Mundo”.

    Hola, don Antonio. Siempre un gusto tomarse un cafecito (o leche o una cerveza) (o agua) con usted en esta bitácora. Si usted se quedó mareado leyendo los consejos de James N. Frey, ¿qué me dirá a mí que he tenido que resumirlos (y, encima, escribir el resumen)? Personalmente, me he quedado tan mareado yo también, que estoy pensando en dedicarme a escribir libros contra el mareo. ¿No sería un gran negocio? Podríamos ser socios, mire. Usted recomienda el libro (o sea, los marea) y yo, zas, vengo y les vendo el remedio. ¿Qué le parece? Anímese, que en eso de hacer plata soy un genio. (Solo que sigo sin salir de la botella, diría mi esposa.) Saludos desde Colonia, don Antonio. Reciba un saludo verdaderamente fraterno de este mareado. HjV

  2. He leído las tres partes de este ameno resumen y, personalmente, me han gustado mucho. Ágil y mordaz. ¡Qué lástima que sólo uno de esos calificativos pueda aplicarse a la escritura…!
    Un saludo desde León.

    Hola, Corro F.: Gracias por tu comentario. Sinceramente, no entendí lo de: “¡Qué lástima que sólo uno de esos calificativos pueda aplicarse a la escritura…!” ¿A la de quién? ¿En general? ¿Por qué? Que estés bien. Saludos desde Tigre. HjV

  3. Hola, ¿qué tal? Estos tips me son de gran ayuda, ahora sí tengo una idea más concreta de cómo escribir mi novela. Comento que efectivamente escribir no es nada fácil, mi primera novela fue un desastre, principalmente por culpa mía, termine rompiéndola de coraje porque se parecía a Avatar y me molesté conmigo misma creyendo que esto no debía ser y cómo sería la reacción de los demás. Ahora después de un año he comenzado una nueva pero de nuevo me molesta que se parezca supuestamente por comentarios ajenos a Sucker punch, ahí entendí que por muy original que sea una historia hay veces que es imposible que se parezca mínimo a otra. Así que les sugiero que si les pasa lo mismo no se desanimen, continúen. ¡Ah! y les sugiero no comparar tanto sus historia con otras, pueden inspirarse, eso es bueno. Saludos

    Hola, Nicki Romansky. Me ha gustado una frase de Juan Marsé: “Me gustaría que las novelas me las escribieran otros y yo me limitara a corregirlas una y otra vez”. Gracias por tu comentario. Saludos desde Colonia. HjV

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