LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE UN NOVELISTA

  1. No te cases, no tengas hijos.

    Si ya lo has hecho, considéralo una bendición. Pero defiende como un Quijote la intimidad y el aislamiento de tu trabajo. Tus responsabilidades como madre o padre de familia no habrán desaparecido por ello.

  2. Si aún no te has casado y te enamoras, tienes que ser capaz de mantenerte lejos de él o ella diez horas diarias.

    Para escribir, se entiende.

  3. Paga el alquiler de tu cuarto, casa o departamento por adelantado.

    Cinco o diez años como mínimo. Vende tu automóvil de ser necesario. (Balzac se amarraba a una pata de la cama para no salir de su habitación, que era también su cuarto de trabajo.)

  4. O, mejor aún, sácate la lotería.
  5. De no ser posible, vuelve a nacer.

    Mas hazlo esta vez en el seno de una familia verdaderamente acomodada, sin interés por el dinero y fanática de los libros.

  6. En tus textos, evita los puntos suspensivos como la peste.

    (Otros opinan lo mismo… ¡pero de los signos de exclamación!)

  7. No pienses jamás en publicar.

    Entre proyecto y proyecto, entre novela y novela puedes pecaminar en este punto. Para todos los demás momentos, el editor es solo un pequeño diablo que intenta distraerte -tenaz y concienzudamente- de tu trabajo.

  8. Lee.

    No solo cuanto caiga en tus manos. Busca nuevos rumbos. Un novelista es un aventurero sentado.

  9. Aliméntate bien y haz ejercicio físico.

    Aunque no te sirva para una mejor irrigación cerebral, por lo menos así tendrás más años saludables para seguir escribiendo.

    Aprender a escribir novelas es un proceso como un cuento de nunca acabar.

  10. Como lector y crítico de tus propios textos, conviértete en tu peor enemigo.

    O, aún mejor, busca a quienes estén ansiosos por pisotear y burlarse de tus textos. Los amigos no son capaces de ver ni hacerte notar tus más crasos errores.

  11. Atrévete a trabajar desconectado de la Red.

    Es una maldición para los escritores y escritoras de esta era.

  12. Y escribe, escribe; desespérate, escribe, escribe. Llora (de ser necesario e ineluctable), pero escribe, escribe; cánsate, escribe, escribe; desfallece, pero escribe, escribe.

    No hay quien pueda escribir por ti.

    ¡Eres irremplazable como escritor de tus novelas!

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HjorgeV 29-03-2012

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