RAY BRADBURY: PARA EJERCITAR LOS MÚSCULOS QUE SE USAN POCO

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Se acaba de ir el último integrante del Gran Triunvirato Espacial.

Los otros dos eran -para mí- Asimov y Clark.

Sin ser tan productivo como Asimov (el gran Isaac publicó más de 500 libros y 1500 ensayos), Bradbury dedicó su vida a escribir con entusiasmo cuentos, novelas, guiones cinematográficos, obras de teatro, programas de televisión y hasta musicales.

A partir de los doce años se propuso escribir mil palabras por día.

Lo cumplió.

La vida, o sea, la obra, de Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920-Los Ángeles, anteayer: 05-06-2012) fue una demostración de que, en el arte, incansablemente se trabaja mejor.

Así, aunque parezca una paradoja y un juego de  palabras, uno se cansa menos.

Lo tenía claro, como se puede leer en el prefacio de su libro Zen en el arte de escribir:

«Así que si el arte no nos salva, como desearíamos, de las guerras, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez ni la muerte, puede en cambio revitalizarnos en medio de todo.

Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquiertrabajo bien hecho lo es, por supuesto.

No escribir, para muchos de nosotros, es morir.

Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acuérdense del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertiría él; si no practicaba durante dos, lo advertirían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia.»

Nos dejó en ese libro una serie de consejos para escritores y aprendices.

Bradbury era un entusiasta de su trabajo.

Garra y entusiasmo eran para él los dos elementos más importantes del carácter de todo autor.

«El primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. Sin ese vigor, lo mismo daría que cosechase melocotones o cavara zanjas; dios sabe que viviría más sano.»

Escribía guiado por esa fiebre y esta podía ser fruto de la indignación, por ejemplo, por qué no.

En una ocasión abandonó la consulta de un dentista, indignado por la visión de una fotografía en una revista de actualidades.

Olvidó su cita y se fue a casa a escribir un cuento: la historia de un portorriqueño que le arruina la tarde a un fotógrafo de modas deslizándose en todas las fotos y bajándose los pantalones.

¿Quién escribe hoy por pura indignación?

En otra oportunidad, mucho más joven, la policía lo detuvo en uno de sus paseos nocturnos.

No era la primera vez.

La oscura tranquilidad y el movimiento le abría el camino a nuevas ideas.

Irritado por la tozudez policial escribió «El peatón», la historia futurista de un hombre que es arrestado y estudiado en un laboratorio porque insiste en mirar la realidad no televisada.

(Hoy sería la realidad no digital.)

En Zen en el arte de escribir dejó su fórmula para escribir un relato o una novela.

La transcribo:

«Busque un personaje como usted que quiera algo o no quiera algo con toda el alma. Dele instrucciones de carrera. Suelte el disparo. Luego sígalo tan rápido como pueda. Llevado por su gran amor o su odio, el personaje lo precipitará hasta el final de la historia. La garra y el entusiasmo de esa necesidad -y tanto en el amor como en el odio hay garra-, encenderán el paisaje y elevarán diez grados la temperatura de su máquina de escribir.»

Nos dejó, entre otras genialidades, Crónicas marcianas(1950)y su novela distópica Fahrenheit 451(1953).

La primera versión de esta última llevaba el título de The Fire Man y la escribió en 1950 en el sótano de la Universidad de California.

En una máquina de escribir a monedas.

Sí, han leído bien.

Para poder seguir utilizando la máquina tenía que introducir 10 centavos y empezar otra vez la carrera contra el tiempo.

Se gastó 9,80 dólares en esa primera versión.

Resulta curioso comprobar una serie de detalles al respecto:

  1. Fahrenheit 451fue publicada en 1953 para protestar contra la censura de libros del Macarthismo, las quemas de libros de la Alemania nazi y contra el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki.
  2. Se publicó por primera vez como novela por entregas en una revista que recién acababa de aparecer. ¿Su nombre? Playboy.
  3. No sé si a Bradbury, como escritor de ciencia ficción, se le ocurrió que alguna vez empezarían a desaparecer los libros.

Al final de la novela, el protagonista, quien se niega a incinerarlos oponiéndose a las autoridades, logra escapar y esconderse en un bosque.

Allí se encuentra con unas personas que memorizan libros enteros con la esperanza de poder volver a publicarlos.

¿Llegó a decir Bradbury su opinión sobre el elibro (libro electrónico)?

Lo ignoro. (Aquí cierta información.) Sí imaginó correctamente, en cambio, otras cosas.

Pensaba dedicar esta entrada al escritor italiano Luigi Pintor.

La partida de Ray Bradbury ha cambiado mis planes.

Curiosamente, repasando su libro de consejos para escritores arriba mencionado, he vuelto a pensar en una frase de Pintor:

«Un libro sirve a quien lo escribe, raramente a quien lo lee. Por eso las bibliotecas están llenas de libros inútiles.»

No sé si al gran Ray le habría gustado del todo la frase.

Para terminar, transcribo unas líneas de la poetisa cubana Carilda Oliver (Matanzas, 1924) porque me han hecho pensar en la obra bradburiana (¿o bradburyana, por más que induzca a una pronunciación intonsa?):

«Te levanto la noche de la vida / Deshilvano una luz para tus sienes / Te visito en el agua y no me tienes / Cuando llego ya soy la despedida»

Bradbury recomendaba a los escritores leer poesía todos los días.

Para ejercitar los músculos que se usan poco.

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HjorgeV 07-06-2012

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