FRANZEN, CRUSOE, «MÁS AFUERA» Y LAS BROMAS

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¿Qué haces cuando tu mejor amigo se suicida?

¿Qué, cuando él es un escritor famoso y tú también?

¿Qué haces cuando su suicidio te ha pescado en un largo vacío de años en tu carrera como escritor?

¿Te abandonas al llanto y la pena?

Le sucedió a Jonathan Franzen. Retrocedamos a un 12 de septiembre.

Año 2008.

Hace casi cuatro exactos.

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David Foster Wallace se dirige al patio de su casa y se ahorca.

¿Harto de la broma infinita que para él tal vez era la vida?

Sufría de depresiones y se había hecho famoso por una novela (adivinen el nombre) tan compleja, que la traducción al alemán se publicó póstumamente y recién más de una década después: en el 2009.

Un año después de su muerte.

(Su padre contó que David Foster había dejado de tomar su principal antidepresivo y no pudo sobreponerse al resultado.)

Al traductor alemán le costó seis años de trabajo.

Y no fue capaz de mantener el mismo número de páginas (el sueño de todo traductor, barrunto).

Peor aún.

Las mil páginas del original se le convirtieron en mil quinientas. De un libro, le salió un libro y medio. Un horror. Como querer clonar una rata y terminar creando una del tamaño de una vaca.

(Exactamente 1079 y 1545, respectivamente.)

No es una broma .

Hay que imaginárselo.

(Debo suponer que nadie se atrevía a traducirla en este país que habito. Más concretamente: que nadie quería empezar la traducción por temor a quedarse varado en medio de sus mil páginas, con todas las consecuencias profesionales y económicas amenazantes y posibles.)

Wallace tenía 33 años cuando apareció Infinite jest (en nuestra lengua La broma infinita) en 1996.

Un título tentativo había sido A failed entertainment.

¿Otra posible alusión a la vida, a esta diversión fallida para muchos? Acaso, como Cioran, no se perdonaba simplemente el haber nacido.

Regresemos a Jonathan Franzen (Chicago, 1959).

Me he divertido -me estoy divirtiendo- con Más afuera, el (su) duelo largamente postergado tras la muerte de su amigo Wallace.

(Pulsar aquí para leer el capítulo principal gratis. Está dividido en siete partes.)

Es una lectura para tomarse el paso del tiempo con calma, como se acomete un excelente aguardiente o la lectura de un buen poema.

Cuando Wallace murió, Franzen decidió encerrarse no a llorar, sino a escribir 9 horas diarias sin conexión a la Red.

Mi conocimiento de la obra de Franzen se reduce a las primeras páginas de su tercera y alabada novela Las correcciones (2001, National Book Award).

La empecé y nos divorciamos pronto. Se me atragantó en su versión en alemán. (Aún no he probado con la traducción a nuestra lengua. ¿Me esperará un segundo divorcio?)

De tal manera que Más afuera (Farther away) -una colección de ensayos y textos diversos que incluye el largo capítulo que da título al libro- me ha permitido reconciliarme con Franzen.

(A lo largo del texto, el autor usa el nombre simplificado de Masafuera -como al parecer lo usan los lugareños- para la isla que alguna vez se llamó Más Afuera y que desde 1966 se llama Alexander Selkirk.)

(¿Quién diantres es Selkirk?)

Demos un gran salto de trescientos años y pico al pasado.

Año 1704.

El galeón Cinque Ports, que acompaña al buque St. George, ha llegado al archipiélago Juan Fernández después de recorrer las costas sudamericanas del Océano Pacífico intentando infructuosamente capturar barcos piratas.

El St. George posee patente de corso de la corona británica. Es un corsario.

Pero está regresando a Europa sin haber conseguido ningún botín.

En la isla a la que han llegado, un marinero escocés discute con el capitán del Cinque Ports.

El marinero se llama Alexander Selkirk y considera que las bromas ya han puesto en peligro el casco de la nave.

No es una broma.

Las bromas son moluscos que atacan la madera sumergida para alimentarse de su celulosa. Les fascinan los barcos.

(En inglés reciben el nombre de shipworm: ‘gusano de los barcos’. Los alemanes son más concretos: lo llaman Schiffsbohrwurm, ‘gusano perforador de barcos’.)

Selkirk trata de convencer a los demás marineros de que el barco puede hundirse por la avanzada acción de las bromas.

Pero no consigue convencer a nadie del inminente peligro.

Cuando ve que no le queda otra que darse por vencido, le dice al capitán que se lo ha pensado mejor.

-Yo también -le responde este.

Y lo abandona a su suerte en la isla.

Selkirk permaneció allí cuatro años y cuatro meses. Completamente solo. Los animales más grandes -sobre tierra- eran unas cabras asilvestradas.

Se dice que sus aventuras inspiraron a Defoe para su novela titulada:

«La vida e increíbles aventuras de Robinson_Crusoe, de York, marinero, quién vivió ocho y veinte años completamente solo en una isla deshabitada en las costas de América, cerca de la desembocadura del gran río Orinoco; habiendo sido arrastrado a la orilla tras un naufragio, en el cual todos los hombres murieron menos él. Con una explicación de cómo al final fue insólitamente liberado por piratas. Escrito por él mismo.»

Un título que parece todo un capítulo y que hoy no podría ser siquiera tuiteado.

Alambiquemos tres detalles:

1) La desembocadura del Orinoco está en la actual Venezuela.

2) Se trata del mismo lugar en el que Colón pisó por primera vez tierra firme continental en su tercer viaje.

3) Defoe se habría basado -también- en otra historia real para su novela: la del español Pedro_Serrano, único sobreviviente, tras ocho años, de un naufragio en el Caribe.

Regresemos a nuestro túnel del tiempo.

Desembarquemos en plena Primera Guerra Mundial.

Año 1915.

El crucero SMS Dresden, el único navío alemán superviviente de la Batalla de las islas Malvinas, intenta abastecerse en la isla Más a Tierra del archipiélago Juan Fernández. Sus reservas de carbón son mínimas.

Se ha pasado meses escondido en el hermoso fiordo Quintupeu y en otros canales australes de la Patagonia chilena huyendo de la armada británica y desea regresar a Europa.

Cuando fondea en la bahía Cumberland de Más a Tierra esperando ser abastecido, es descubierto por un crucero inglés.

La tripulación alemana hunde su propio barco cuando fracasan los intentos de paz y empieza a ser cañoneado, y huye al interior de la isla.

Hoy el Dresden, hundido a 70m de profundidad y a 500 del embarcadero, es una atracción para los buzos profesionales.

La claridad del agua en ciertas épocas del año permite excelentes inmersiones. Nueve tumbas alemanas son la otra atracción turística más cercana relacionada con el crucero alemán.

Túnel del tiempo. Un salto de cincuenta años hacia adelante.

Año 1966.

El gobierno chileno cambia el nombre de la isla Más a Tierra y la bautiza oficialmente Robinson Crusoe.

Tendría que haberle puesto, en realidad, Alexander Selkirk, porque fue la isla en la que sobrevivió el escocés.

Quizá por ese desaire o asimetría, se decreta también que la isla Más Afuera (la que visita Franzen) pase a recibir el nombre del marinero y corsario escocés.

Otro salto al futuro.

Año 2011.

Jonathan Franzen, tras «cuatro meses centrado en la promoción ininterrumpida de una novela, pasando de un punto a otro de mi agenda sin voluntad alguna», está harto.

Se refiere a su novela Libertad, y empieza a jugar con la idea de irse muy lejos:

«Partes considerables de mi historia personal se morían desde dentro a fuerza de hablar de ellas. Y cada mañana las mismas dosis aceleradoras de nicotina y cafeína; cada tarde el mismo ataque a los mensajes acumulados en mi e-mail; cada noche las mismas copas, esa inyección de placer para adormecer el cerebro. En un momento dado, después de leer sobre Masafuera, empecé a imaginar que huía y me quedaba, como Selkirk, solo en aquella isla donde no vivía nadie ni siquiera a temporadas

Había publicado Libertad, su tercer novela, nueve años después de la anterior.

Después de que su amigo David Foster Wallace se convirtiera en un punto de inflexión tanto en su vida, en general, como en su carrera como novelista, en particular.

Llegado a este punto, Franzen, harto de todo, decide apearse de su mundo.

Contacta a unos botánicos aventureros que están por visitar el archipiélago Juan Fernández y acuerdan que lo llevarán en una pequeña embarcación hasta Más Afuera, hoy Isla Alexander Selkirk.

Antes de partir a Sudamérica se concede «una orgía de consumismo» en una tienda especializada en equipo de supervivencia de peso ultraligero.

Acopia frutos secos, atún y barritas de proteína e incluye un ejemplar del libro de Defoe en su equipaje.

En la isla quiere releer la novela considerada inaugural en la literatura inglesa.

«Robinson Crusoe fue el primer gran documento del individualismo radical, el relato de la supervivencia psíquica y práctica de una persona corriente en un profundo aislamiento.»

Franzen nos recuerda que Ian Watt, en su obra The rise of the novel, llega a la conclusión de que la novela inglesa surgió de las cenizas del aburrimiento.

Y un atroz aburrimiento era lo que sentía él tras esos cuatro meses de promoción ininterrumpida de su novela.

El capítulo (¿memorias reflexivas?) que da nombre a su colección de ensayos y textos diversos tiene un encanto poco común y que debería ser más generalizado en el mundo de la literatura:

Es un texto que provoca leer más y despierta en el lector deseos de bucear en su propio pasado.

Grandes funciones de la literatura, si alguna tiene o debiera tener esta.

Regresemos por última vez al texto de Franzen.

A la isla se lleva una cajita que le entrega la viuda de su amigo muerto.

Así refiere la entrega, su contenido y su simbología:

«El día antes de partir hacia Santiago visité a mi amiga Karen, la viuda del escritor David Foster Wallace. Cuando me disponía a marcharme de su casa, sin venir a cuento me preguntó si quería llevarme parte de las cenizas de David y esparcirlas en Masafuera. Acepté, y ella encontró una antigua caja de cerillas de madera, un pequeño libro con un cajón deslizante, y metió unas pocas cenizas, diciendo que le gustaba la idea de que parte de David fuera a reposar en una isla remota y deshabitada. Sólo más tarde, cuando ya me había ido de su casa, caí en la cuenta de que me había dado las cenizas tanto por mí como por ella o por David. Sabía, porque yo se lo había explicado, que mi actual estado de huida de mí mismo había empezado poco después de la muerte de David, dos años antes. En aquel momento había tomado la decisión de no afrontar el horrible suicidio de alguien a quien quería mucho y, en cambio, refugiarme en la rabia y el trabajo. Sin embargo, ahora que el trabajo había concluido, era difícil pasar por alto la circunstancia de que posiblemente, en una interpretación de su suicidio, David había muerto de aburrimiento y por desesperación ante sus futuras novelas.»

Cuatro últimos detalles para terminar esta broma.

1) La isla Alexander Selkirk, antes Más Afuera, no es una isla desierta como la presenta -por error, pretensión o fabulación- Franzen en su texto.

Existe un asentamiento humano habitado siete meses al año por una cincuentena de pescadores y sus respectivos familiares.

2) La isla fue temporalmente una colonia penal y también destino de presos políticos. El escritor chileno Eugenio González Rojas consiguió que se clausurara como tal tras la publicación de una novela titulada (lo habrán adivinado) Más Afuera.

4) El Cinque Ports, el galeón que abandonó a Selkirk a su suerte en la isla desierta Más a Tierra -hoy Robinson Crusoe- (qué enredo) naufragó poco después, muriendo casi toda su tripulación.

Sí. No hay duda.

Fue por las bromas.

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HjorgeV 22-08-2012

Fuentes:

http://estaticos.elmundo.es/documentos/2012/franzen/masafuera1.pdf

http://www.perlentaucher.de/buch/david-foster-wallace/unendlicher-spass.html

http://de.wikipedia.org/wiki/Robins%C3%B3n_Crusoe_%28Insel%29

http://es.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Canaris

http://es.wikipedia.org/wiki/Isla_Alejandro_Selkirk

http://www.comunajuanfernandez.cl/dresden.htm

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Un comentario sobre “FRANZEN, CRUSOE, «MÁS AFUERA» Y LAS BROMAS

  1. Yo comencé a releer a Defoe a partir del hallazgo que me significó el “Viernes o los limbos del Pacífico” de Michel Tournier, esto hace ya bastantes años. Desde entonces he leído y releído cuantas versiones o deconstrucciones existen bajo la sombra de Crusoe, sobre la huella de Selkirk. Para mi último cumpleaños me han regalado “Freedom”, de Frenzen, lo cual me ha llevado a “Farther Away” (e incluso a su blog, recién mudado a Hamburg, dicho sea de paso). No tengo muchas creencias en el mundo, pero tengo una fe inquebrantable desde niño de que los libros, como diría Edmond Jabès, son los que lo eligen a uno. Sé que así vamos entonces conformándonos y reconfortándonos, entre los actos y los gestos de la escritura y la lectura, de otros y para otros.

    Hola, Fernando. Me imagino conformando una red libresca y no conformándonos con ese otro mundo paralelo solo dedicado a las ambiciones materiales. Tiene su encanto la idea de que los libros son como entes vivos que buscan determinadas mentes para alimentarse y poder continuar. Me dices que estás en Hamburgo, con lo cual, pisamos el mismo mapa. Gracias por tu comentario y saludos desde los arrabales de Colonia. HjV

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